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miércoles 18 septiembre 2019
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Cuaresma, tiempo para cambiar de vida, para dejarse toca el corazón y ser generosos, dice Monseñor Sergio

La primera eucaristía de este miércoles de ceniza ha sido presidida por Monseñor Sergio Gualberti junto a sus Obispos Auxiliares. El prelado invitó a aprovechar este tiempo para acogernos a la misericordia de Dios y cambiar de vida. El Arzobispo también recibió la ceniza en la frente, principal gesto de este miércoles que nos recuerda que somos polvo y al polvo volveremos.

“¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida! Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón”. Vivámoslo con intensidad y generosidad.

A tiempo de invitarnos a poner nuestra mirada en la Pascua, Monseñor Sergio explicó que “con el miércoles de ceniza iniciamos un tiempo litúrgico de la cuaresma, itinerario de preparación a la Pascua, misterio central de nuestra salvación.”

El prelado insistió varias veces en “aprovechar este tiempo para reencontrarnos con el Señor y que seamos capaces de renovar nuestra vida sabiendo que nosotros solos no podemos – por tanto – es necesario- abrir nuestro corazón, permitir que el entre en nuestra vida… para hacernos experimentar el gozo de su presencia” aseveró.

Haciendo notar que el pecado nos aleja de Dios y que por eso es necesario que demos pasos de regreso hacia Él dijo que la cuaresma es la peregrinación interior hacia Dios.

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ.

MIÉRCOLES DE CENIZA, 2016

Con el miércoles de ceniza iniciamos el tiempo litúrgico de la cuaresma, itinerario de preparación a la Pascua, misterio central de nuestra salvación. Es la peregrinación interior hacia Dios, un camino en el que Jesucristo mismo nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza, sosteniéndonos en el camino hacia la alegría intensa de la Resurrección.

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Es tiempo de experiencia personal auténtica y profunda de Dios, fuente de la misericordia. Este año con mayor intensidad y ahínco, Año y Jubileo de la misericordia. Responder a la exhortación de Pablo en la 2ª Lectura: “Les suplicamos en nombre de Dios, déjense reconciliar con Dios”. 2da lectura: “Este es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación”.

No desaprovechar la ocasión, este don que nuestra madre la Iglesia pone a nuestro alcance. De hecho el pecado nos ale ja de Dios, por eso es necesario y urgente dar que demos pasos para volver a la casa del Padre que nos ama y espera, como el padre del hijo pródigo. ” Volver de todo corazón a Dios” ( Joel).

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El camino sincero de conversión exige en primer lugar reconocer que nos hemos equivocado, que por nuestros pecados hemos roto o mermado nuestras relaciones y diálogo con Dios. Nosotros solos no podemos restablecer el contacto con ·Dios, es Él que puede y sobre todo quiere restablecerlas. A nosotros nos toca abrir con sinceridad nuestro corazón para que él entre en nuestra vida y pueda obrar libremente haciéndonos experimentar cuan grande es su amor.

Puede ser que no nos atrevemos a pedir perdón, porque pensamos que somos tan pecadores y tan infieles al Señor, que no podemos ser perdonados. El Señor no nos quiere dignos, nos quiere humildes y sinceros , Señor no soy digno de que entres en mi casa”, que reconozcamos que el perdón es fruto solo de su amor y misericordia. Por eso no nos cansemos de acudir a su misericordia. Dios nunca se cansa de pedir perdón, somos nosotros que nos cansamos” (Papa Francisco).

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La Conversión entonces no es un simple conjunto de prácticas ascéticas y de penitencia, sino una actitud de apertura al Señor, de profunda renovación interior, de centrar nuestra vida en Dios y de una viva participación en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo.

En el Evangelio de hoy Jesús hace unas amonestaciones acerca de la oración, el ayuno y de la limosna, no para renegar de las mismas, sino para que recuperen su espíritu auténtico, renovándolas en sus formas, tiempos y contenidos, como expresión concreta del cambio de nuestra vida.

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Estas propuestas son desarrolladas con más amplitud en las Obras de misericordia materiales y espirituales. En esas hay que poner el acento en la acción santificadora del Señor:

“Dar limosna(en griego: hacer un acto de misericordia “) es decir un corazón para las miserias de los hermanos, abrirnos de nuestro egoísmo, ir al encuentro del necesitado, del que sufre, hacer nuestro su problema. La limosna entonces es caridad, apertura al prójimo, en el amor de donación no sólo de los bienes sino del tiempo y de la propia persona.

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“El ayuno y la mortificación” son signo de nuestra participación en el misterio de Cristo, que ayuna en el desierto, que vence a las tentaciones y entrega su vida para dar vida al mundo. Esto exige anticonformismo con el pensamiento del mundo de hoy que rechaza el sacrificio y la mortificación de sentimientos y pasiones y que prefiere dejarse llevar por sus impulsos.

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“La oración”, es el medio para entrar en diálogo con el Señor, amarlo y dejarnos amar, abrirnos el paso para penetrar en su plan de salvación y descubrir su voluntad para cumplirla. Es importante dar más espacio a la oración personal con el Señor, en el silencio, lejos de superficialidad y bullicio de la sociedad.

Estas prácticas son recomendables y buenas cuando son fruto:

  • de la fe verdadera en Dios,
  • del reconocimiento y arrepenti miento de nuestros pecados,

– del caminar en rectitud;

– del adquirir el «el dominio de sí», precioso «fruto del Espíritu»,

– del tener un corazón de misericordia para con los demás

– del estar atentos a las necesidades de los pobres

– del practicar la justicia ante Dios y la sociedad.

En esta Cuaresma del Jubileo de la Misericordia, en comunión con toda la Iglesia universal, durante el viernes y sábado que anteceden el IV domingo de Cuaresma, celebraremos en todas nuestras parroquias “24 horas para el Señor” . En esos dos días estamos llamados a acudir al sacramento de la Reconciliación, la confesión, a cruzar el umbral de la Puerta Santa, a recibir el cuerpo de Cristo en la Eucaristía, y a elevar el Padre nuestro según las intenciones el Papa Francisco y así podremos gozar de las indulgencias.

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“El perdón de Dios por nuestros pecados no conoce límites. En el sacramento de la Reconciliación Dios perdona los pecados, que realmente quedan cancelados; y sin embargo, la huella negativa y las contradicciones que los pecados dejan en nuestros comporlamientos y en nuestros pensamientos permanece. La misericordia de Dios es incluso más fuerle que esto. Ella se transforma en indulgencia del Padre que a través de la Iglesia alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado” (MV Papa Francisco).

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Reconciliados con Dios descubriremos su «mirada» de amor y misericordia, una mirada que nos escruta en lo más hondo y nos reanima a iniciar con entusiasmo y decisión nuestra peregrinación hacia la Pascua, hacia la Vida que no nos será quitada. “¡Este es el tiempo oporluno para cambiar de vida! Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón”. Vivámoslo con intensidad y generosidad. Amén.

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OFICINA DE PRENSA DE LA ARQUIDIÓCESIS DE SANTA CRUZ

Graciela Arandia de Hidalgo



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