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miércoles 18 septiembre 2019
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Homilía. Los seguidores de Jesús deben buscar la sabiduría y no la riqueza

la meta a alcanzar en nuestra vida no es la reputación y la posición social, tampoco los bienes y riquezas, sino “la sabiduría”, es decir, nuestra realización en todas sus dimensiones y capacidades”.

En su homilía dominical desde la Catedral de Santa Cruz, Monseñor Sergio invitó a discernir sobre cuáles son los verdaderos valores, las actitudes y conductas propias de los seguidores de Jesús señalando que la meta que debemos perseguir en nuestra vida no es la reputación y la posición social, tampoco los bienes y las riquezas, sino “la sabiduría”, es decir, nuestra realización en todas sus dimensiones y capacidades”

Monseñor Sergio destacó la oración del rey Salomón que pedía sabiduría, sin embargo aclaró que tenemos que ser conscientes que “la sabiduría no es en primer lugar fruto del esfuerzo humano, sino que sólo puede ser recibida como un don de Dios. Gracias al Espíritu Santo que gratuitamente nos comunica la Sabiduría divina…”

“Dios en su gran bondad nos hace partícipes de su Sabiduría, en él encontramos la “verdad” que conduce a la vida plena, a la salvación” indicó a tiempo de señalar que la desición de ser discpipulos de Cristo supone sabiduría, voluntad, radicalidad y perseverancia…” aseveró.

Fiel a su estilo de terminar su homilía con un salmo, invitó a pedir a Dios “que nos conceda la sabiduría de ser sus fieles discípulos misioneros, dispuestos a seguirlo con alegría y generosidad: “Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría. ¡Vuélvete Señor!”.

El prelado celebró la canonización de la Madre Teresa de Calcuta y se alegró también con la presencia de los jóvenes que  participaron del encuentro nacional de estudiantes católicos de Bolivia.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

 

HOMILÍA COMPLETA DE S.E. MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ

Domingo 4 de septiembre. Basílica Menor de San Lorenzo Mártir.

Hermanas y hermanos, en esta Eucaristía tenemos varios motivos para dar gracias a Dios: primero, hace tan solo pocos minutos en Roma el Papa Francisco ha canonizato a la Madre Teresa de Calcuta, por lo tanto desde ahora tenemos la alegría de venerarla como Santa, la podemos invocar como intercesora ante el Señor e imitar el gran ejemplo que nos ha dejado.

MadreTeresa de Calcuta, porque así la seguiremos llamando, una mujer frágil, sencilla y humilde, que en su vida ha servido a Dios atendiendo con ternura de madre a los más pobres, abandonados, desechados y descartados de la sociedad en el silencio, la oración y el escondimiento, lejos de los ojos del mundo, irradiando el corazón de miles y miles de personas en todo el mundo con su ejemplo de caridad y esperanza.

Un segundo motivo de alegría es la presencia en medio de nosotros de un gran número de estudiantes católicos, venidos de todos los rincones de Bolivia, para participar en su III Encuentro Nacional. Desde el viernes en un clima de mucha fraternidad, han reflexionado, compartido y celebrado el misterio de la misericordia de Dios, y sobre todo han tenido la oportunidad de tocar con manos la acción amorosa de Dios en sus vidas, recibiendo el don del perdón y de la reconciliación. Les acompañamos con nuestro cariño y les animanos para que, al regreso a sus casas, sean discípulos misioneros alegres del Señor que, con su testimonio, cautivan y motivan a otros jóvenes a seguir a Jesús, el verdadero tesoro y el amigo sincero que da sentido a la vida y la llena con su amor.

Otro motivo de alegría es la celebración de la fiesta del Divino Niño y muchos devotos están peregrinando hoy a su santuario. Los acompañamos con nuestra oración para que puedan encontrarse con el Señor y disfrutar de la gracia abundante de su misericordia.

Y la palabra de Dios que acabamos de escuchar, justamente nos impulsa a discernir cuál es el camino verdadero que lleva a los valores auténticos de la vida y cuales tienen que ser las actitudes y conductas propias de los seguidores de Jesús.

La primera lectura del libro de la Sabiduría, es un fragmento de una solemne oración de Salomón, el ideal del sabio y perfecto rey, al momento de iniciar su reinado. El texto nos indica que la meta a alcanzar en nuestra vida no es la reputación y la posición social, tampoco los bienes y riquezas, sino “la sabiduría”, es decir, nuestra realización en todas sus dimensiones y capacidades.

Salomón, bien consciente de sus límites como criatura y de la radical debilidad humana, con sus tensiones y desórdenes, está convencido de que la sabiduría no es en primer lugar fruto del esfuerzo humano, sino que sólo puede ser recibida como un don de Dios. Gracias al Espíritu Santo que gratuitamente nos comunica la Sabiduría divina, nosotros podemos abrirnos a nuevos horizontes de luz y de verdad: “¿Quién conocería tu voluntad, si tú mismo no le hubieras dado la Sabiduría y enviado desde lo alto tu santo espíritu?”.

Dios en su gran bondad nos hace partícipes de su Sabiduría, en él encontramos la “verdad” que conduce a la vida plena, a la salvación. La verdad que viene de Dios coincide con su voluntad y con lo que verdaderamente vale en nuestra existencia: “Así se enderezaron los caminos de los que habitan sobre la tierra, así aprendieron los hombres lo que te agrada y se salvaron por la Sabiduría”.

Concretamente podemos alcanzar la manifestación suprema de sabiduría cuando, a la luz de la fe en Cristo, tomamos conciencia del valor que posee cada ser humano como hijo de Dios y defendemos su libertad, sus derechos y dignidad, ya que lo que está en juego es la vida y el destino de un hermano, como lo hizo San Pablo con el esclavo Onésimo.

Conscientes de la sacralidad de toda persona, los Obispos de Bolivia hemos elevado nuestra voz para denunciar con indignación ante la opinión pública un hecho violento, inhumano y delictivo cometido en Carmen Pampa por cuatro sujetos que secuestraron y abusaron de una religiosa misionera de 81 años. “Es un crimen vil y brutal porque ha sido perpetrado en contra de una mujer anciana y porque ha querido mellar la dignidad humana y espiritual de la Hermana

 Como Iglesia, nos solidarizamos con la Religiosa y nos unimos a las voces del Pueblo Boliviano, que claman justicia, pidiendo que se esclarezcan estos hechos, se identifique a los responsables y se respete la ley. También llamamos a los autores de este hecho cruel, a asumir las consecuencias morales y penales de sus actos entregándose a la justicia”.

Por cierto, esta hermana, como fiel discípula ha sido asociada a los sufrimientos de Jesús cargando con su cruz. Esta es la condición que Jesús, en el Evangelio de hoy, pone a la multitud que lo seguía: dejarlo todo y cargar con la cruz para siguirle a Él.

Cargar con la propia cruz, no significa buscar sufrimientos. Cristo tampoco se puso a buscar su cruz; se la pusieron a espaldas, transformándola pero con su amor obediente de instrumento de suplicio en signo de redención y de gloria.

Jesús no vino a aumentar las cruces humanas, sino más bien a darles un sentido.

Desde esta visión, queda evidente que la decisión por ser discípulos de Cristo y por el Reino de Dios, supone sabiduría, o sea inteligencia y voluntad, radicalidad y perseverancia. “Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre…. y hasta su propia vida. No puede ser mi discípulo”. Sería totalmente equivocado pensar que el amor por Cristo está en competencia con los diferentes amores humanos: por los padres, el cónyuge, los hijos, los hermanos. Cristo no es un «rival en el amor» de nadie y no tiene celos de nadie.

Si Jesús pide todo es porque él fue el primero en darlo todo por nosotros: «Cristo nos amó; y se entregó por nosotros» dice San Pablo ( Cf. Ef 5, 2). Jesús lo ha dado todo por el Reino, por el designio de salvación del Padre. Por eso, su amor no excluye menos aún desprecia a los demás amores sino que los ordena. En Jesús todo amor genuino encuentra su fundamento, su apoyo y la gracia necesaria para ser vivido hasta el final.

Seguir a Jesús libera y tiene fuerza transformadora, nos hace más que hombres libres, nos hace hermanos, como el esclavo Onésimo hecho hermano de su amo Filemón. Seguir a Jesús, crea vínculos nuevos y lazos de comunión, nos hace ser parte de una nueva y gran familia, la comunidad cristiana. Con las palabras de salmo, pidamos hoy a Dios que nos conceda la sabiduría de ser sus fieles discípulos misioneros, dispuestos a seguirlo con alegría y generosidad: “Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría. ¡Vuélvete Señor!” Amén   

Graciela Arandia de Hidalgo



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