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jueves 19 septiembre 2019
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Cuaresma. Confiar plenamente en la bondad y el amor de Dios, dice Monseñor Sergio

Este segundo domingo de Cuaresma desde la Catedral Metropolitana de Santa Cruz, Monseñor Sergio Gualberti habló de la Transfiguración del Señor en el monte Tabor y del ejemplo luminoso de fe de Abraham. Pidió tener más fe y confiar en Dios “abrir nuestra mente y corazón a su Hijo Jesús, conformar nuestra vida a su vida” señaló.

Recordando la escena de la transfiguración destacó que a nosotros nos pasa a como Pedro “no descubrimos la presencia de Dios en los hechos de nuestra vida “porque miramos con los ojos del mundo y no con los ojos de la fe”. Así mismo recordó el momento en que se escucha la voz de Dios diciendo “este es mi hijo amado, escúchenlo”, aseguró que “La voz de Dios “escúchenlo” vuelve a resonar para nosotros hoy, voz que nos manda abrir nuestra mente y corazón a su Hijo Jesús, conformar nuestra vida a su vida, prestarle libre y gozosamente la obediencia de la fe y dar nuestra disponibilidad a recorrer el camino de la cruz que lleva a la vida y a la gloria definitivas”.

Para Monseñor Sergio “Esa experiencia de los discípulos nos enseña también que no son las manifestaciones misteriosas y espectaculares por si solas que nos sostienen en el itinerario de nuestra vida cristiana, sino la escucha de la Palabra de Dios y la fe en Jesucristo”.

También precisó que al terminar ese momento maravilloso –de la transfiguración-  “los discípulos no pueden quedarse en el monte, tienen que bajar y meterse en camino con Jesús hacia Jerusalén, hacia la cruz. También nosotros, si hemos experimentado al presencia del Señor que ha transformado y renovado nuestra vida, no es para que guardemos esa experiencia para nosotros, sino para testimoniarla en nuestra vida de cada día, con las personas que están a nuestro alrededor y con todos los que nos encontramos”

Más adelante refirió el ejemplo luminoso que nos da Abrahán, un hombre de fe que cree en Dios y que acoge su  mandato de salir de su tierra, cambiar rumbo de su vida y cumplir una nueva misión. En ese sentido el Arzobispo de Santa Cruz afirmó que también nosotros “debemos ser personas de fe que confían plenamente en la bondad y el amor de Dios que llega al acto supremo de entregar a su Hijo por todos nosotros”. No dudemos ni tengamos miedo en poner nuestra existencia en manos de un Dios que nos ama tanto, confiemos en Él que siempre nos sostiene en cada momento de nuestra vida, en el camino de la cruz junto a Jesús y que aviva nuestra esperanza de compartir la gloria de la resurrección”.

El Prelado también pidió atención de las autoridades a las muertes por accidentes laborales, en relación a la muerte de dos hermanos en una alcantarilla hace escasos días.

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ.

DOMINGO 25 DE FEBRERO DE 2018

II DOMINGO DE CUARESMA

Hermanas y hermanos, después de  diez días de camino cuaresmal, hoy el evangelio nos presenta el momento decisivo de la Transfiguración del Señor en el monte Tabor. Jesús está por iniciar su último viaje a Jerusalén, donde le esperan la pasión, muerte y resurrección que Él había preanunciado a sus apóstoles unos días antes.

Jesús sube a la montaña, su lugar preferido para orar, dialogar y encontrarse tú a tú con el Padre y compenetrarse de su voluntad acerca del paso que está por cumplir. Lleva consigo a Pedro, Juan y Santiago, los apóstoles más cercanos y testigos de los momentos más importantes de su ministerio como en la oración del Getsemaní la noche de su pasión.

Allí se transfiguró en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes”. La luz, el rostro luminoso y las vestiduras blancas son la contraseña de que Jesús pertenece al mundo divino y los signos de la victoria sobre la muerte y de la gloria de la resurrección.

De pronto se aparecen Moisés y Elías en dialogo con Jesús, representando  respectivamente la ley y los profetas de la Antigua Alianza. Su presencia está a indicar que Jesús es ahora el nuevo Moisés y Elías, aquél que va a liberar del mal y de la muerte a la humanidad y a instaurar la Nueva y definitiva Alianza de vida  y de amor.

Pedro, asombrado ante esa manifestación divina, como para anticipar la gloria de Jesús sin pasar por la cruz, exclama: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.

A pesar de que Pedro tiene el privilegio de esa visión, sin embargo no la comprende en todo su alcance: “Pedro no sabía que decir”. Su mirada no logra ir más allá de las apariencias humanas de Jesús, todavía no ha logrado abrirse a su dimensión divina. También a nosotros nos pasa como a Pedro, no descubrimos la presencia de Dios en los hechos de nuestra vida, porque miramos con los ojos del mundo y no con los ojos de la fe.

De pronto una nube los envuelve a todos, signo de la presencia misteriosa de Dios y se oye una voz: “Este es mi hijo muy querido, escúchenlo”.Este es mi Hijo”, es el el mensaje central de la Transfiguración. Dios mismo nos dice que Jesús es su Hijo y de esta manera confirma que el camino hacia la pasión y muerte, no representa el fracaso de su proyecto ni es una sumisión pasiva a los azares de la historia, sino que en la cruz y resurrección se revela la verdadera identidad de Jesús, el Hijo muy amado que vive una relación única de amor y comunión plena con el Padre.

En ese preciso momento desaparecen Moisés y Elías y Jesús queda “solo”; ha llegado la hora de cumplir su misión enfrentando él solo su pasión y muerte. Ahora la voz se dirige a los tres discípulos: ”Escúchenlo”.  Es Dios que les pide escuchar a su Hijo y a su palabra, es decir que den una adhesión y entrega total a su persona y su misión.

Ahora que han vivido por adelantado la experiencia de la glorificación de Jesús y escuchado la voz del Padre, están en condición de conocer la verdadera identidad de Jesús y de comprender el sentido de la cruz que le espera: “Les enseñaba que el hijo del hombre debía sufrir mucho…ser condenado a muerte y resucitar el tercer día”.

La voz de Dios “escúchenlo” vuelve a resonar para nosotros hoy, voz que nos manda abrir nuestra mente y corazón a su Hijo Jesús, conformar nuestra vida a su vida, prestarle libre y gozosamente la obediencia de la fe y dar nuestra disponibilidad a recorrer el camino de la cruz que lleva a la vida y a la gloria definitivas.

Esa experiencia de los discípulos nos enseña también que no son las manifestaciones misteriosas y espectaculares por si solas que nos sostienen en el itinerario de nuestra vida cristiana, sino la escucha de la Palabra de Dios y la fe en Jesucristo.

Ese momento maravilloso termina y los discípulos no pueden quedarse en el monte, tienen que bajar y meterse en camino con Jesús hacia Jerusalén, hacia la cruz. También nosotros, si hemos experimentado al presencia del Señor que ha transformado y renovado nuestra vida, no es para que guardemos esa experiencia para nosotros, sino para testimoniarla en nuestra vida de cada día, con las personas que están a nuestro alrededor y con todos los que nos encontramos.

Es el ejemplo luminoso que nos da Abrahán, un hombre de fe que cree en Dios y que acoge su  mandato de salir de su tierra, cambiar rumbo de su vida y cumplir una nueva misión. Abrahán, hombre justo confía tanto en Dios que está dispuesto a ofrecerle en sacrificio el bien más querido: su hijo único, su esperanza y razón de ser. Pero el Dios de la vida, no quiere sacrificios humanos sino un gesto concreto de fe de parte de Abrahán. Por eso lo recompensa no sólo devolviéndole Isaac, sino constituyéndolo padre del pueblo de Israel y bendición para todos los pueblos.

Siguiendo estos ejemplos, también nosotros debemos ser personas de fe que confían plenamente en la bondad y el amor de Dios que llega al acto supremo de entregar a su Hijo por todos nosotros”. No dudemos ni tengamos miedo en poner nuestra existencia en manos de un Dios que nos ama tanto, confiemos en Él que siempre nos sostiene en cada momento de nuestra vida, en el camino de la cruz junto a Jesús y que aviva nuestra esperanza de compartir la gloria de la resurrección.

Es lo que pide también San Pablo a los cristianos de Roma al animarlos a poner toda su confianza en el Señor: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? No nos concederá con su Hijo toda clase de favores?”.

Antes de terminar unas palabras respecto a la desgracia laboral que ha cobrado la vida de dos hermanos, dejando niños huérfanos y sumiendo en el dolor y luto a sus familias. Nos unimos en la oración por los dos hermanos para que el Señor los acoja en su paz y por sus familiares para que los alivie y conforte en estos duros momentos.  En nuestro país hay demasiadas víctimas por la falta de seguridad en el trabajo, personas que salen a ganarse el pan de cada día y encuentren la muerte. Es urgente que se pongan en vigencia normativas y estrictos controles a fin de que infortunios como este no vuelvan a repetirse.

Confiados en Dios y en su palabra sigamos confiadamente a Jesús en el camino a la Pascua, como lo hemos cantado en el estribillo del salmo: “Caminaré en presencia del Señor”. Amén.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz

Graciela Arandia de Hidalgo



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