Search
jueves 26 noviembre 2020
  • :
  • :

Hno. Héctor Pinto: “Acompañamiento en el Duelo”

Campanas. El Hno. Héctor Pinto, de la Congregación de los Misioneros de la Sagrada Familia, fue el disertante en la Convivencia virtual “Familias IAM”, realizada por la Comisión de Misiones de la Arquidiócesis de Santa Cruz de la Sierra, con el tema: Acompañamiento en el duelo”. La misma se llevó a cabo el sábado 24 de octubre a las 19:30 horas por la modalidad de Zoom.

El hermano Héctor Pinto Gonzáles, Coordinó la Pastoral Familiar en la Arquidiócesis de Santa Cruz, entre los años 2014 – 2017. Actualmente  es miembro de la  Comisión de Familia y Amigos de los MSF en Chile y ante el Gobierno General MSF en Roma; el año 2019 fue tutor Jefe del curso Programa de Formación para Monitores de Novios, impartido vía e-learning por el Centro de Familia de la Universidad Católica de Chile.

En la sociedad occidental en la que vivimos, donde priman los valores relacionados con lo material, lo bello y lo joven, para muchas personas la muerte es un fenómeno tabú del que prefieren no hablar, como si nombrarla produjera un efecto mágico de mal fario (Mala suerte)

Sin embargo, hablar de la muerte no significa morirse, es hablar de una etapa más de la vida, la etapa final, que al igual que las otras requiere nuestra atención.

 La pérdida de un ser querido es sin duda una de las experiencias más estresantes y con mayor carga emocional a la que nos tenemos que enfrentar a lo largo de nuestra vida, el dolor que nos provoca esta pérdida es lo que conocemos como “duelo”. El duelo es algo habitual en nuestra vida cotidiana.

A continuación compartimos el tema impartido por el Hno. Héctor

“Acompañamiento en el Duelo”

En la sociedad occidental en la que vivimos, donde priman los valores relacionados con lo material, lo bello y lo joven, para muchas personas la muerte es un fenómeno tabú del que prefieren no hablar, como si nombrarla produjera un efecto mágico de mal fario (Mala suerte)

Sin embargo, hablar de la muerte no significa morirse, es hablar de una etapa más de la vida, la etapa final, que al igual que las otras requiere nuestra atención.

Los avances científicos han permitido que esta etapa final se retrase en el tiempo, que haya aumentado la esperanza de vida y que como consecuencia se esté produciendo un envejecimiento creciente de la población.

Este envejecimiento ha hecho aumentar los casos de personas que sufren procesos de demencia, personas que tienen que hacer frente a una progresiva pérdida de sus capacidades y que con el tiempo dependen de otras personas. En esta situación de dependencia, se enfrentan a pérdidas relacionales significativas antes de la propia desaparición física, antes de la muerte.

La pérdida de un ser querido es sin duda una de las experiencias más estresantes y con mayor carga emocional a la que nos tenemos que enfrentar a lo largo de nuestra vida, el dolor que nos provoca esta pérdida es lo que conocemos como “duelo”. El duelo es algo habitual en nuestra vida cotidiana.

PÉRDIDAS

  1. PÉRDIDAS PARCIALES
  • Físicas
  •  Materiales
  •  Afectivas
  •  Psicológicas
  •  Relacionadas con el ciclo vital
  1. PÉRDIDAS INCIERTAS, AMBIGUAS, INCOMPLETAS
  • Ausencia física pero no sicológica  (“Marcharse sin decir adiós”)
  •  Ausencia sicológica pero no física  (“Decir adiós sin marcharse”)
  1. PÉRDIDAS CIERTAS (VIDA)

 Duelo anticipado (de una persona significativa)

CONCEPTO DE DUELO

Bereavement – es la sensación de haber sido robado, de ser despojado de algo importante. Equivale a quedarse abrazando un espacio vacío.

Características del proceso de Duelo

  •  El duelo es un proceso.
  • Se puede dividir en varias etapas.
  • Es único e irrepetible, dinámico y cambiante, un evento variable de persona a persona, entre familias, culturas, sociedades.
  • Es marcado también por la aparición de problemas de salud.

Sólo una buena comprensión del proceso de duelo permitirá elaborar estrategias adecuadas para enfrentar el dolor que se siente por la pérdida de un ser querido.

Cuatro fases del proceso de duelo

Primera fase:              CHOQUE

Segunda fase:             ANHELO Y BÚSQUEDA

Tercera fase:              DESORGANIZACIÓN Y  DESESPERANZA

Cuarta fase:                REORGANIZACIÓN

 Primera fase: CHOQUE

La primera reacción siempre manifiesta un cierto grado de sorpresa (incluso en las muertes esperadas), de choque, de negación e incredulidad. Cuando  llega la noticia, el superviviente simplemente no puede, o mejor dicho, no quiere creerlo.

Escuchamos frases como:

  • “No puede ser”,
  • “Es imposible”,
  • “No puedo creerlo”,
  • “No es verdad”,
  • “Parece un sueño, una pesadilla”,

 El superviviente sabe intelectualmente que la persona ha muerto, pero sentimentalmente, en su corazón, no acepta la dura noticia de haber perdido definitivamente a quien amaba.

Durante esta primera fase, la persona en duelo puede seguir su vida relativamente normal en forma automática, sin embargo, lo hace con muchas tensiones y con un desequilibrio emocional muy variable. Algunos autores hablan incluso de la anestesia de las emociones

Segunda fase: ANHELO Y BÚSQUEDA

Existe la sensación caracterizada por una gran inquietud, pensamientos obsesivos con la persona fallecida e incluso la impresión de  la presencia concreta del desaparecido/a.

Esta fase del proceso es muy interesante puesto que, por una parte, ya se asumió la pérdida pero, por la otra, la persona sigue incrédula. Esta doble dinámica, acompañada de la frustración de la búsqueda, se transforma en una fuente de cólera, de rabia, de enojo.  

Después de haber finalmente aceptado la realidad de la muerte, el superviviente experimenta la sensación de anhelo, de búsqueda de la persona perdida. Volver a los lugares que los dolientes frecuentaban con el difunto e incluso llegan a llamarle en voz alta.

Tercera fase:  DESORGANIZACIÓN

La desorganización a veces es enorme. En el caso de un viudo, por ejemplo, a veces debe transformarse en cocinero, ama de casa, y si tiene hijos pequeños, debe ser padre y madre a la vez.

Durante esta fase, generalmente, la persona aún no es capaz de abrirse a nuevas relaciones, no se siente motivada o le cuesta. Esta desorganización marca el período de tiempo en que el vacío y la sensación de ausencia se muestran cruelmente.

Esta fase puede durar desde unos meses hasta 2 o 3 años. El doliente se siente sin fuerzas, débil e incapaz de enfrentar nuevas situaciones y decisiones. El superviviente siente que todo está destruido, todos los lazos están rotos

Cuarta fase:  REORGANIZACIÓN

 Se toma conciencia de la pérdida, se acepta el vacío y es posible enfrentar la dura realidad. La reorganización y el regreso a la vida más o menos normal dependerá de muchos factores y de la manera de vivir todas las fases del proceso de duelo.

La nueva vida nunca será como antes, pero con el tiempo, se va abriendo paso la esperanza.

Las características de esta cuarta fase son: la reconstrucción de la forma de ser, la toma del control de la propia vida, el abandono de roles anteriores y la búsqueda de un significado de la muerte.

En esta etapa es bueno tener la calidez, la ayuda y el afecto de los que le rodean, buscar otras relaciones, trabajos u hobbies que den un sentido a la vida. Así será posible recuperar la autoestima.

 OBSERVACIONES

  1. Hay que tener en cuenta que no todas las personas pasan por estas fases en el mismo orden. Los que acompañan a las personas en duelo, deben saber que no se puede tomar estas fases literalmente aplicándolas, como una especie de fórmula mágica.
  2. Existe una creencia común de que el duelo deberá estar resuelto al año de la pérdida. Mientras que algunos individuos ya pueden estar normalmente funcionando en el primer aniversario de la muerte, muchos otros no lo están.

Manifestaciones del Duelo

Cada persona es única, con su propia historia, su educación, su personalidad, sus experiencias. Por lo tanto, es difícil prever con exactitud cómo reaccionará ante la pérdida de un ser querido. Sin embargo, siguiendo el pensamiento de Worden, podemos ver que las manifestaciones del duelo se expresan principalmente a nivel de:

Sentimientos, de sensaciones físicas, de cogniciones, y conductas.

Sentimientos

Las manifestaciones emocionales, los sentimientos que aparecen y expresan las personas que sufren la pérdida de un ser querido son fáciles de percibir.

– Tristeza,

– Enojo,

– Culpa y autorreproche,

– Soledad, 

– Fatiga

– Ansiedad,

– Shock, 

– Impotencia,

– Anhelo,

– Emancipación,

– Alivio,

– Insensibilidad, etc.

Sensaciones Físicas

Durante el proceso de duelo es importante preocuparse también de la salud física de los supervivientes, los que tienden a experimentar una serie de síntomas que normalmente son típicos de algunas enfermedades; sin embargo, se ignora que todas estas sensaciones físicas forman parte del proceso del duelo.

Las sensaciones físicas más frecuentes son:

Vacío en el estómago, opresión en el pecho y/o la garganta,  hipersensibilidad al ruido,  falta de aire,  debilidad física, f alta de energía,  sequedad de boca

Estas sensaciones no siempre se toman en cuenta adecuadamente, pero tienen un rol importante en el proceso del duelo.

Cogniciones

El duelo es una experiencia de “sufrimiento total”, ya que podemos observar manifestaciones de duelo en todos los niveles de respuesta: a nivel emocional (tristeza, melancolía, rabia, culpa, etc.), cognitivo (falta de concentración, preocupación, pensamientos recurrentes, etc.), conductual (aislamiento, llanto, desinterés por las actividades cotidianas, etc.), físico (cansancio, falta de energía, dolores musculares, etc.), social (dificultad para retomar las relaciones sociales) y espiritual (cuestionamiento existencial y de valores)

Es sabido que existen muchas manifestaciones cognitivas del duelo. Algunas son normales, sobre todo al comienzo del proceso, otras deben ser tratadas con mucho cuidado para que no se transformen en una ansiedad profunda o en una depresión.

Podemos encontrar entre estas manifestaciones:

– Incredulidad

– confusión

– Preocupación

– Alucinaciones

Conductas

Existe una serie de conductas “típicas” de las personas que viven el duelo; estas conductas, normalmente, con el tiempo suelen desaparecer en forma natural.

Algunas de ellas son:

– Dificultades para dormir

– Trastornos alimentarios

– Conducta distraída

– Aislamiento social

– Sueños

– Evitar todo recuerdo del fallecido

– Visitar lugares o llevar consigo objetos que recuerdan al fallecido

– Búsqueda y llamada en voz alta

– Hiperactividad

– Llanto, etc

3.-Tipos de duelo

DUELO SANO

  • Duelo normal
  • Duelo anticipado

DUELO COMPLICADO

  • Retardado
  • Crónico
  • Emergente
  • Ambiguo
  • Patológico

DUELO COMPLICADO

Retardado. Por no asumir la realidad o por preocupaciones urgentes, no se afronta la situación y se demora el proceso de sanación y, por consiguiente, perdura el sufrimiento y la falta de elaboración positiva. En cualquier momento, el sufrimiento sumergido aflorará.

Crónico. La reacción luctuosa (de llanto, dolor) acompañará toda la vida. No cede por sufrir más. Habrá incapacidad de reincorporarse a la vida normal.

Emergente. El sufrimiento retardado o crónico, aparentemente sedado, reaparece con diversa intensidad según etapas, fechas, circunstancias.

Ambiguo. En la pérdida ambigua no sólo información sobre el paradero de la persona, sino que tampoco existe un reconocimiento oficial de la muerte.

Patológico. La muerte desencadena mecanismos tales de defensa que altera emocionalmente a la persona, que necesitará apoyo profesional y espiritual. Se caracteriza por agotamiento nervioso, síntomas hipocondríacos, identificación con el fallecido.

FACTORES DE RIESGO

  • Identidad y rol de la persona perdida
  • Personalidad del superviviente
  • Naturaleza del apego
  • Circunstancias de la muerte
  • Antecedentes históricos
  •  

III.-Elaboración del Duelo

Elaborar el duelo supone no sólo integrar la pérdida, asumir la desaparición del ser querido, aceptar que murió, sino también integrar la propia mortalidad, cuya conciencia se hace más patente con ocasión de la muerte de una persona querida.

Fernando Pardo, dice: El duelo es ese tiempo en el que el ser humano vive el dolor por la pérdida de alguien querido. Es el precio que pagamos por haber amado y no poder seguir haciéndolo de la misma manera. En nuestra cultura se suele vivir la muerte con nuestros rituales propios de despedida y rodeados del cariño de familiares y seres queridos. Hay una manera, podríamos decir, “habitual” de vivir el duelo, pero también hay formas no tan habituales, sobre todo, cuando la experiencia ha sido traumática o cuando la muerte del ser querido ha llegado en circunstancias especiales como la de la pandemia del COVID-19 en la que no hemos podido despedir a los nuestros como nos hubiera gustado (Fernando Prado Ayuso, CUANDO PERDEMOS A UN SER QUERIDO, Vivir y acompañar el duelo)

A continiación se recomiendan algunas tareas y estrategias pueden ayudarnos a elaborar el duelo, sabiendo que no hay “receta preparadas” cuya aplicación automáticamente resolverá el duelo.

La elaboración sana del duelo depende de muchos factores.

  • El modo como tiene lugar la pérdida, del significado de la misma,
  • de los sentimientos que produce en los supervivientes,
  • de los recursos personales con los que éstos cuentan,
  • del apoyo social que se recibe y la calidad de las relaciones de ayuda,
  • de los recursos espirituales,
  • de las experiencias previas y
  • del entrenamiento en el arte de perder y separarse, etc.

Estar en duelo  y  hacer el duelo

Estar en duelo es propiamente un estado sufriente pasivo, víctima del sufrimiento.

En cambio, hacer el duelo es el proceso activo de recuperación integral de la persona en todas sus dimensiones, en una sana elaboración del sufrimiento, poniendo mucha voluntad, con opciones y acciones positivas.

Tareas el duelo

PRIMERA TAREA:

Aceptar la realidad de la pérdida

  • Comprender que la persona se ha ido y no volverá más; ya no la veremos, no escucharemos su voz, no compartiremos con ella (al menos en esta vida).
  • Esta tarea suele ser muy difícil sobre todo en el caso de la muerte repentina, lo cual no implica que otros casos de pérdida sean fáciles de aceptar para los dolientes. En esta tarea suele estar presente: la incredulidad, la negación, el rechazo.
  • Completar esta tarea lleva tiempo y ciertos rituales pueden ayudar a las personas a encaminarse hacia la aceptación.  Rituales  más allá de las celebraciones religiosas, pudiendo ser rituales públicos  que ayudan a las personas a confirmar la realidad de la defunción,  permitiendo así mismo la posibilidad de percibirse en estado de duelo y expresar sus emociones.
  • Los rituales privados dependen de la imaginación y creatividad de cada persona, pudiendo escribir sus pensamientos al fallecido, plantar un árbol en un lugar significativo, ampliar una fotografía del fallecido.

SEGUNDA TAREA:

Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida   

Se trata principalmente de  elaborar el dolor y todos los sentimientos y emociones que surgen a raíz de la pérdida, tales como: la ira, la culpa, la soledad, etc.

Es importante entender que debemos trabajarnos nosotros mismos, pues el sufrimiento está en nosotros. Debemos trabajar nuestros recursos positivos para sanar el sufrimiento.

TERCERA TAREA:

Adaptarse a un medio en  el que el fallecido está ausente

El abatimiento que acompañan una pérdida significativa son reacciones normales, pero el retirarse del mundo porque se está herido, no ayuda en nada. El doliente debe continuar con su vida.

Las adaptaciones se distinguen en tres tipos:

Adaptaciones externas. El  doliente no es consciente de los roles y  funciones que cumplía el ser querido fallecido. En el caso de la pérdida del esposo,  hemos perdido al compañero, el proveedor, el jardinero; dependiendo de los roles que desempeñaba la persona.

Adaptaciones interna. En este tipo de adaptaciones hay que descubrir cómo influye la muerte en la imagen que la persona tiene de sí misma. Se trata de redefinirse como persona preguntándose: ¿quién soy yo, ahora?. El duelo, por tanto, no sólo significa la pérdida de un ser querido, sino también la sensación de perder algo de uno mismo.

Adaptaciones espirituales. Cómo influye la  experiencia de la muerte  en nuestras creencias y en la jerarquía de los valores que tiene la persona. Cuántas personas creyentes se revelan contra Dios,  la Iglesia, la sociedad en general. Por tanto el reajuste de las creencias, tradiciones y valores, es importante para seguir una vida normal.

CUARTA  TAREA:

 Recolocar emocionalmente al fallecido y  continuar viviendo

La pregunta es ¿cómo reubicar emocionalmente al difunto y continuar viviendo?

Este es el objetivo de esta última tarea, encontrar un lugar para el difunto que permita al doliente estar vinculada a él pero de un modo que le permita seguir con su vida.

Completar el duelo y, eventualmente crear vínculos nuevos, no significa olvidarse de la persona fallecida, sino buscar su restablecimiento. Después de haber trabajado esta última tarea, el doliente deberá ser capaz de recordar al fallecido ya no como presente; deberá  saber evocarlo con cariño y nostalgia pero sin que los recuerdos obstaculicen el crecimiento personal.

META

La cicatrización sana y normal de la herida abierta por la pérdida de un ser querido y, por lo tanto, la evitación a que el duelo se complique, transformándose en algo patológico.

Rechazar todos los prejuicios que acompañan el misterio de la muerte y el duelo, tales como:

  • No hay que llorar ni mostrar sus emociones (sobre todo los hombres).
  • El duelo afecta sólo a las personas psicológicamente débiles.
  • Es cuestión de fuerza de carácter.
  • No hay que hablar demasiado de la persona fallecida.
  • El duelo dura un año, no más.
  • Es mejor hacer el duelo solo.
  • No es bueno volver a los recuerdos tan dolorosos.
  • Los niños no entienden “estas cosas”.
  • Con el tiempo todo pasa, hay que esperar, etc.
  • Consuela con frases hechas: era mejor, te quedan más hijos, Dios lo quería en el cielo, el tiempo todo lo cura, no era para este mundo, etc.

IV.-Acompañamiento en el proceso de duelo

Acompañamiento,  es la acción de acompañar (de compañía), y que quiere decir:

Estar o ir en compañía de otra u otras personas

(Dic. Real Academia Española, 2003)

Objetivo del Acompañamiento

Hacer de la muerte y del duelo una experiencia que humanice y no una experiencia únicamente de vacío y de pérdida.

Aprender de la pérdida y salir enriquecido; encontrar el sentido en el dolor y la muerte.

El valor sanador de los ritos y de la fe

El acompañamiento en la casa, la celebración religiosa, son elementos que pueden realmente expresar el acompañamiento en los sentimientos y en vacío que produce la pérdida. Los rituales permiten curar las heridas y ayudan en la transición entre un ayer y un mañana.

 

Graciela Arandia de Hidalgo



Nuestro sitio web utiliza cookies para que usted tenga una mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando estará dando su consentimiento y la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies