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jueves 1 octubre 2020
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Historia de una Vocación Misionera, Sor Raquel Dorado MdB

Campanas. Sor Raquel  de las Misioneras de las Bienaventuranzas, viene de una familia de tres hermanos y ocho hermosos sobrinos, de los cuales está  muy orgullosa. Nació en Santa Cruz – Bolivia, en una familia sencilla, humilde, piadosa, donde gracias al testimonio de sus padres aprendió el valor de la solidaridad, el amor a Dios y el respeto a las cosas sagradas; un amor grande a la virgen María, y el cuidado por la naturaleza.

¿ Cómo has descubierto el llamado del Señor a la vida religiosa?

El don de la llamada viene de Dios, pero creo Dios utilizó a mi familia como instrumento. A ellos les debo mi vocación, gracias al ejemplo de vida de mi padre, un testimonio de gran solidaridad, de gestos de servicios sencillos y profundos, desde el vaso de agua para aquella persona que tocaba a la puerta de casa, hasta donar de lo mejor que tenía para el que lo necesitaba. Yo quería ser como él. Antes de prepararme a la primera comunión me hice parte del grupo de los monaguillos de mi capilla “San Juan Macias”. Un día, de rodillas, tocando las campanillas en el momento de la consagración, nació en mí este deseo: “Quiero ser sólo para Dios”. Después de algunos años llegaron las hermanas, Dominicas en ese tiempo, y empecé a conocerlas. A mis diecisiete años, después de haber sido acompañada por dos años por la Madre Micaela, decidí ingresar a la comunidad. Era un momento de decisión entre tomar los estudios universitarios o renunciar a ellos y empezar mi nueva vida religiosa. Dios me dio la fuerza para hacerlo, no fue nada fácil porque siempre hay obstáculos y momentos difíciles, pero creo que Dios me dio la fuerza y a través del apoyo de mi familia he logrado responder a ese llamado.

¿Qué significa para ti ser una Misionera de las Bienaventuranzas?

Significa ser dichosa, pero no sólo por la terminología, sino porque verdaderamente me siento dichosa, feliz de ser elegida, de haber sido preservada para el Señor. Ser Misionera de las Bienaventuranzas es ser dichosa en un proyecto innovador que irradia nuevas luces de esperanza y de fuerza para la sociedad. Es una fuerza que traduzco en juventud, alegría y donación.

¿Cómo se expresa tu vocación misionera en el servicio concreto que realizas?

En estos momentos mi servicio se realiza en el campo de la educación. Estoy muy feliz de trabajar en este espacio porque es un modo de transmitir a los niños, adolescentes y jóvenes, todo lo que he aprendido y recibido en mi formación integral dentro de la comunidad. Me siento bienaventurada de poder donar lo que he recibido gratuitamente.

¿En este tiempo de crisis causado por la pandemia, cómo estás viviendo tu ser consagrada al servicio de los demás?

Estamos poniendo en práctica un artículo importante de nuestras Constituciones que se refiere a nuestra identidad y al servicio de nuestra comunidad: no sólo debemos preocupamos de las necesidades materiales de las personas, sino también y sobre todo de lo espiritual. Estamos llamadas a ser signos de esperanza y de trascendencia. En estos momentos de desesperación, las personas buscan ser escuchadas y acompañadas. Recibimos muchas llamadas de personas que nos piden oración, que buscan fortaleza y fuerza en la oración y la escucha. Este momento de crisis ha desvelado nuestra fragilidad en el campo espiritual y vemos la necesidad que tenemos de Dios en la búsqueda de un lugar seguro donde aferrarnos. Estamos también ayudando con los alimentos para las familias, pero eso es sólo una mínima parte, considero que lo más importante de nuestro servicio está en el apoyo espiritual.

¿Quieres donar algunas palabras?

Quiero saludar con las palabras de Jesús resucitado que dice: “La paz sea con ustedes”, hace poco hemos vivido el tiempo pascual donde celebramos la victoria de Jesús sobre la muerte con la cual nos ha dado nueva vida, esa nueva vida quiero traducirla para todos en una vida de esperanza en la cual, debemos estar unidos a Jesús en la oración. El otro pasaje bíblico que rescato es el de la pesca milagrosa cuando Jesús pregunta a sus discípulos: “¿Muchachos, tiene algo de comer?”. Aquí vemos a Jesús cercano a las personas, Jesús amigo, Jesús que no te reprocha ni te condena, sino que va a tu encuentro. No perdamos la esperanza, Jesús ha resucitado, Jesús ha vencido, Jesús está con nosotros.

www.facebook.com/Misionerasdelasbienaventuranzas

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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