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jueves 27 junio 2019
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Hay familias que valoran más estar juntos que los regalos

El Deber. Adornos sobrios, una cena sencilla; regalos para los niños si hay plata. Así pasarán la Nochebuena las familias que no se afligen por comprar cosas para tener una Navidad feliz. Desde hace un mes, Juan Carlos Condori, un albañil de 42 años, está esperando una plata que le deben. Si le pagan, comprará algunos regalos sencillos para sus hijas, de 11 y 6 años. El pollo que él mismo cocinará y los cohetes y luces que reventarán será la forma en que vivirán la Navidad. Aún no tienen arbolito, pero todos esos detalles son secundarios. “Lo importante es que los tres vamos a estar juntos en nuestra casa”, dice Juan Carlos, que vive en el barrio Leónidas II, zona El Palmar.

Precisamente, en la eucaristía que celebró ayer monseñor Eugenio Scarpellini, en la ciudad de El Alto, expresó su preocupación por la situación actual de la sociedad, dijo que el problema de fondo está en el corazón de cada uno. En esta Navidad llamó a los fieles a no preocuparse por los adornos ni regalos, sino a sembrar esperanza en quienes los rodean. “Es necesario devolver a la Navidad su verdadero sentido: una Navidad preocupada solo de las cosa exteriores, de los adornos, de los regalos, de las fiestas, es como un pesebre sin el Niño Jesús; es un pesebre vacío y frío”.

Juan Carlos Condori se queda callado cuando su hermana, que está de visita, relata que él cría a sus hijas solo, desde su separación hace cinco años y que incluso las llevaba a las construcciones donde él trabajaba, porque no tenía quién las cuidara.

“Que mis hijos sean unidos”
En dos cuartos hechos de ladrillo y techo de calamina, y otra pieza de madera con techo de hoja de palma vive Mónica Marupa, con sus cinco hijos. Al frente hay dos casas con chacos en sus patios traseros y más atrás se puede ver que allí termina el barrio El Mirador y comienza un monte tupido.

En casa de doña Mónica pareciera no haber ambiente navideño, porque no se ven adornos ni tiene arbolito, pero para ella la Navidad es otra cosa. “Es el nacimiento de Jesús, yo les enseño eso a mis hijos y les pido que se acuerden que siempre deben estar unidos”, afirma la mujer, que trabaja en un bazar mientras su esposo está en Beni, en la cosecha de la castaña.

Navidad en la calle
Unos trozos de madera y algunos adornos forman el arbolito navideño de los niños que trabajan en la calle, en el segundo anillo de la avenida Paraguá. ¿Cómo pasarán ellos la Navidad? Como siempre, algunos quedándose en la calle y otros yendo a sus casas.

John (15) y Josué (20) limpian vidrios de vehículos, pero le gustaría trabajar en soldadura o como ayudante de albañil, respectivamente. Ambos tienen casa en barrios alejados, pero no saben si irán con sus familias para Navidad, si se quedarán en algún alojamiento o en la calle.

Graciela Arandia de Hidalgo



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