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domingo 5 febrero 2023
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Frente a tantos problemas que hemos vivido, Iglesia pide que, de aquí en adelante busquemos la unidad y la paz verdadera, como Dios espera de nosotros

Campanas. Este segundo domingo de adviento desde la Catedral, el arzobispo de Santa Cruz, Mons. René Leigue Cesarí pidió que, Frente a tantos problemas que hemos vivido, de aquí en adelante busquemos la unidad y la paz verdadera, como Dios espera de nosotros.

Estamos llamados a la conversión, Juan Bautista nos dice: “Conviértanse”, preparen el camino del Señor, allanen sus caminos, enderecen sus senderos. A Juan lo que le interesa es que, cuando se presente Jesús encuentre paz, encuentre unidad, encuentre la persona donde él pueda quedarse y volver a nacer ahí.

En este tiempo nos estamos preparando para encontrarnos con el Señor, pero ¿Cómo nos preparamos? ¿Cómo quisiéramos que venga él a nuestra vida? ¿De qué manera queremos tener el encuentro con él? Cada uno a lo mejor lo piensa y Dios lo que quiere es encontrarnos limpios de toda mancha de maldad, que no haya rencor en nuestros corazones, que no haya odio, que no haya esas ansias de venganza, que no haya eso de mirarnos mal entre nosotros, que lindo sería si nosotros de verdad sacáramos todas las cosas malas, negativas de nuestro corazón y lo dejamos a un lado, esa es la verdadera conversión, y a eso nos invita Juan, “Conviértanse”.

Hoy los sacerdotes, laicos, todos estamos llamados a la conversión, cada día hay que dar ese paso importante para seguir al Señor.

Todos estamos llamados a la conversión, no hay nadie que tenga ese espacio, o no hay nadie que diga, yo no necesito convertirme. El Papa siempre nos llama a esto, empezando por él, él dice yo soy una persona más que necesito convertirme y él llama a la conversión, si el Papa lo dice, que necesita cada día encontrarse y dar ese paso de la conversión, porque no, todos nosotros estamos llamados.

Juan nos dice: No mostremos una vestimenta elegante por fuera y por dentro estamos mal

Juan tenía su manera de vivir, la lectura nos dice: Juan tenía una túnica de pelo de camello y un cinturón de cuero y se alimentaba de langosta y miel silvestre. Juan eso quiere mostrarnos, no era elegante por fuera, pero él sentía la necesidad de la conversión y eso es lo que proclamaba, a él venían muchas personas, él tenía encuentro con todos, tenía encuentros con los fariseos, los saduceos, autoridades religiosas y civiles, todos venían a él y a todos él les invitaba a la conversión. Y esta palabra fuerte que el usaba “Raza de víboras conviértanse” una palabra fuerte para decir “Ya, es hora de la conversión”

Preparémonos a la navidad, donde ese encuentro con el Señor sea sincero, y digamos: Noche de paz, noche de amor, noche de unidad que verdaderamente lo sintamos así. Les invito a todos a que puedan mirar esa actitud, ese encuentro con el Señor.

El Señor quiere unidad, quiere paz, nos quiere a cada uno de nosotros, no quiere que entre sus hijos e hijas estemos divididos, peleados y mirándonos mal. Pidámosle al Espíritu que venga también con todos sus dones como nuestra primera lectura para que verdaderamente podamos entender a Dios y podamos entendernos entre nosotros.

Homilía de Mons. René Leigue Cesarí

Arzobispo de Santa Cruz de la Sierra

Basílica Menor de San Lorenzo

04-12-2022

 Hoy segundo domingo de adviento, tiempo de preparación, tiempo de reconciliación para encontrarnos con el Señor, o para dejar que el Señor venga a nosotros y nazca en nuestra vida.

Hemos escuchado en la segunda lectura, si ustedes están atentos a las lecturas en este tiempo hay un personaje que prevalece y que nos habla así fuerte como debe ser, es la figura de Juna Bautista, Juan Bautista aparece en este tiempo, llamando a la conversión, una persona valiente, un verdadero profeta, porque el profeta es aquél que anuncia “La Buena Noticia” y denuncia lo que no está bien, y Juan Bautista era esa persona, valiente, no tenía miedo a decir la cosas como son. Así como era Juan Bautista molestaba a muchos, pero el simplemente lo que decía y lo que quería era la conversión de todos, porque el Reino de los cielos está cerca, a eso llamaba Juan el Bautista, a la conversión, allanen el camino del Señor, enderecen sus senderos, este tiempo es un tiempo adecuado para eso no, es por eso que Juan  Bautista sale como un personaje en este tiempo, porque él nos llama a la conversión, y de hecho tendría que ser así, para encontrarse con el Señor, para preparar el camino del Señor, Juan Bautista es el que nos llama a esto.

Nosotros estamos llamados, Juan Bautista nos dice: “Conviértanse”, preparen el camino del Señor, allanen sus caminos, enderecen sus senderos, a Juan lo que le interesa es que, cuando se presente Jesús encuentre paz, encuentre unidad, encuentre la persona donde él pueda quedarse y volver a nacer ahí. “Conviértanse”, esta frase sigue siendo actual, llamar a la conversión, o que nosotros nos convirtamos, porque eso no pasa de moda, a lo mejor nosotros aquí los presentes necesitamos un momento de una verdadera conversión, de allanar los caminos del Señor, es decir que nosotros realmente respondamos a esa invitación de Juan, la conversión.

 En este tiempo nos estamos preparando para encontrarnos con el Señor, pero ¿Cómo nos preparamos? ¿Cómo quisiéramos que venga él a nuestra vida? ¿De qué manera queremos tener el encuentro con él? Cada uno a lo mejor lo piensa y Dios lo que quiere es encontrarnos limpios de toda mancha de maldad, que no haya rencor en nuestros corazones, que no haya odio, que no haya esas ansias de venganza, que no haya eso de mirarnos mal entre nosotros, que lindo sería si nosotros de verdad sacáramos todas las cosas malas, negativas de nuestro corazón y lo dejamos a un lado, esa es la verdadera conversión, y a eso nos invita Juan, “Conviértanse”.

Todos estamos llamados a la conversión, no hay nadie que tenga ese espacio, o no hay nadie que diga, yo no necesito convertirme. El Papa siempre nos llama a esto, empezando por él, él dice yo soy una persona más que necesito convertirme y él llama a la conversión, si el Papa lo dice, que necesita cada día encontrarse y dar ese paso de la conversión, porque no, todos nosotros estamos llamados. Hoy los sacerdotes, laicos, todos estamos llamados a la conversión, cada día hay que dar ese paso importante para seguir al Señor.

Juan tenía su manera de vivir, la lectura nos dice: Juan tenía una túnica de pelo de camello y un cinturón de cuero y se alimentaba de langosta y miel silvestre, y en su manera él también llamaba a la conversión, entonces de alguna manera él también mostraba cómo hay que hacerlo. No mostrar una vestimenta elegante por fuera y por dentro estar mal.

Creo que es el mensaje que nos da Juan, porque nosotros a veces camuflamos nuestras cosas malas que tenemos, por eso estamos bien, bonito delante de los demás, amables, pero por dentro a veces estamos tramando cosas malas, cosas negativas.

Juan eso quiere mostrarnos, no era elegante por fuera, pero él sentía la necesidad de la conversión y eso es lo que proclamaba, a él venían muchas personas, él tenía encuentro con todos, tenía encuentros con los fariseos, los saduceos, autoridades religiosas y civiles, todos venían a él y a todos él les invitaba a la conversión. Y esta palabra fuerte que el usaba “Raza de víboras conviértanse” una palabra fuerte para decir “Ya, es hora de la conversión”

Hoy en día necesitamos esto, después de pasar un momento muy difícil, muy duro, muy complicado, ahora que estamos volviendo nuevamente a esa tranquilidad a esa paz que necesitamos, por qué no sentarnos y mirar ¿qué hemos hecho?

Para empezar una vida nueva, creo que de todos los problemas que pasamos siempre tenemos que aprender algo, y ese algo es que en algún momento se exagera en las cosas y no es dable que después que pase ese momento tan intenso, fuerte, complicado, sigue lo mismo. Y de hecho no se puede hablar cabalmente sin es que uno no está en el lugar o uno no pide esos momentos tensos y es ahí donde falta ese cambio en nuestras vidas, por eso es que algunos no lo sienten así, pasa un momento tan difícil, tan complicado pero siguen las mismas o peor todavía, no se puede solamente escuchar si no está uno en el lugar, y uno que está en el lugar, lo vive, lo ve y de esa manera tiene fundamento para hablar. Si es solamente lo que le dicen, es solamente lo que escucha siempre va a actuar equivocado. No hay esa sensibilidad para después de momentos complicados que uno vive decir ¡basta con esto! Las consecuencias de una cosa que hemos vivido son estas.

De aquí en adelante buscaremos siempre mejorar, buscaremos la unidad, buscaremos la paz, en la paz verdadera, sincera, como Dios espera de cada uno de nosotros.

Preparémonos a la navidad, donde ese encuentro con el Señor sea sincero, y digamos: Noche de paz, noche de amor, noche de unidad que verdaderamente lo sintamos así. Les invito a todos a que puedan mirar esa actitud, ese encuentro con el Señor, ese encuentro con cada uno de nosotros también, entre nosotros, ¿cómo estamos? Y de acuerdo a eso, demos ese paso que el Señor quiere para nosotros, Juan nos invita, Juan como les decía es un hombre sincero, ¿con cuanta autoridad no ha tenido problemas? Con todas, por que él no se guardaba cosas, nosotros estamos llamados como cristianos que somos, como personas sensibles a las cosas que pasan a los problemas que vivimos.

En verdad les invito a que escuchemos al Señor, a que lo escuchemos a Juan, a que demos ese paso importante para nuestras vidas, después de ese momento tormentoso, muy complicado, ¿Por qué no volver a la calma? ¿Por qué no volver la mente a ese encuentro con el otro? ¿Por qué no verlo como amigo y no como enemigo? ¿Por qué no verlo como parte de nuestra realidad, parte de una persona humana? Esta es la conversión, les invito a todos de que de verdad podamos dar ese paso de conversión, la conversión en la cual acojamos a los demás y no mirando mal.

El Señor quiere unidad, quiere paz, nos quiere a cada uno de nosotros, no quiere que entre sus hijos e hijas estemos divididos, peleados y mirándonos mal. Pidámosle al Espíritu que venga también con todos sus dones como nuestra primera lectura para que verdaderamente podamos entender a Dios y podamos entendernos entre nosotros.

Que así sea.

Graciela Arandia de Hidalgo



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