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lunes 1 junio 2020
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Estamos llamados a no dividirnos, y a dejar a un lado los intereses políticos, económicos y unirnos para “Preservar la Vida”, dice Arzobispo

Campanas. Como País, estamos llamados a no dividirnos y a dejar a un lado los intereses políticos, económicos y otros, para unirnos todos en un solo objetivo prioritario: preservar la vida de toda persona, dijo el Arzobispo de Santa Cruz, en su exhortación, durante la Jornada mundial de oración, ayuno y obras de caridad, querida por el Papa Francisco. Él nos ha pedido a los católicos de todo el mundo, unirnos espiritualmente a los creyentes de todas las religiones para implorar a Dios nuestro creador que libere a la humanidad de las consecuencias sanitarias, económicas y humanitarias de la pandemia del coronavirus.

También el Arzobispo dijo, que preservar la vida , es un compromiso que debe partir del propio hogar y de lo que está a nuestro alcance, convencidos que solo unidos podemos vencer al mal y construir con esperanza nuevos horizontes más humanos y fraterno.

Mons. Sergio aseguró que la Virgen María nos anima a reafirmar nuestra confianza en su Hijo que siempre está a nuestro lado y nos ayuda para superar nuestros miedos y tristezas, para no dejarnos paralizar por el cansancio y la indiferencia, para ser solidarios con los hermanos más necesitados y para darnos la fuerza de seguir luchando en aplacar la pandemia.

Mons. Sergio Gualberti, convocó el 12 de mayo a todas los Sacerdotes, Vida consagrada y a los Movimientos Apostólicos de la Arquidiócesis de Santa Cruz, para acoger el llamado del Papa Francisco, y unirse espiritualmente a una Jornada mundial de oración, ayuno y obras de caridad, para orar por los enfermos de Covid-19, por todos aquellos que se dedican a su cuidado y los que de alguna manera están “sufriendo y luchando contra esta pandemia”. Es así que en todas las Parroquias de nuestra Iglesia local, hoy se ha rezado el santo rosario, en la puerta del templo parroquial, con la exposición del Santísimo.

La Jornada Mundial de oración se realizó en el atrio de la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral, hoy jueves 14 de mayo a las 16:30 horas y fue presidida por el Arzobispo, Mons. Sergio Gualberti, acompañaron los Obispos Auxiliares: Mons. Braulio Sáez, Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Mons. René Leigue, P. Hugo Ara, Vicario de Comunicación y el P. Mario Ortuño.

Esta Jornada de oración, ayuno y obras de caridad, estuvo dividida en dos partes; se inició con el rezo del Santo rosario, con los misterios luminosos, en los cuales se pidió la intercesión de nuestra Madre Santísima por: nuestros hermanos enfermos y afectados por el Covid – 19, por nuestras familias en cuarentena y en especial por las que sufren por un familiar contagiado, también se pidió por las Autoridades y responsables del bien común, por los médicos, enfermeras, personal sanitario y las personas que luchan en favor de la vida, el último misterio se ofreció por todas las comunidades y personas que dan testimonio de solidaridad en todo el mundo. La segunda parte estuvo marcada por la exposición y .la bendición del Santísimo Sacramento, signo de la cercanía de Cristo Vivo en este tiempo de sufrimiento e incertidumbre.

Exhortación del Arzobispo de Santa Cruz

Estamos aquí reunidos en esta celebración de la Jornada mundial de oración, ayuno y obras de caridad querida por el Papa Francisco. Él nos ha pedido a los católicos de todo el mundo, unirnos espiritualmente a los creyentes de todas las religiones para implorar a Dios nuestro creador que libere a la humanidad de las consecuencias sanitarias, económicas y humanitarias de la pandemia del coronavirus.

Es un acto de coparticipación a los sufrimientos y angustias causadas por esta tempestad que ha caído sobre todo el planeta, en el espíritu del diálogo entre religiones iniciado por el Papa San Juan Pablo II con las jornadas de Asís.

Es un gesto de nueva esperanza ante este mal que golpea a las relaciones sociales, debilita a las instituciones, y amenaza con hundir a familias y pueblos en la incertidumbre ante el futuro. A esta enfermedad que no conoce fronteras y siembra muerte entre todos los pueblos, que impone el distanciamiento social, la cuarentena y el encapsulamiento, el Papa Francisco quiere responder con nuevas relaciones entre los pueblos y con Dios, contraponiendo un movimiento unificador entre culturas y religiones, movimiento no solo de oración sino también de caridad y solidaridad.

El Papa nos indica también una perspectiva para hacer que este tiempo de prueba se vuelva un tiempo de opción y elección. No es el tiempo del juicio de Dios, sino de nuestro juicio, el tiempo de elegir lo que cuenta dejando lo que es pasajero, de separar lo que es necesario y lo que no lo es, de buscar lo que nos une y no lo que divide. En nuestro País, este sueño del Papa, se vuelve un llamado a no dividirnos y a dejar a un lado los intereses políticos, económicos y otros, para unirnos todos en un solo objetivo prioritario: preservar la vida de toda persona

Es un compromiso que debe partir del propio hogar y de lo que está a nuestro alcance, convencidos que solo unidos podemos vencer al mal y construir con esperanza nuevos horizontes más humanos y fraternos.

En esta tarea, necesitamos de la asistencia y ayuda del Señor, aquí presente esta tarde en el Santísimo Sacramento. La Virgen  María nos ha tendido la mano, con su amor y mirada de Madre, hemos podido contemplar y meditar los misterios luminosos de su Hijo, desde el inicio de su vida pública hasta la institución de la Eucaristía.

Ella nos ha animado a reafirmar nuestra confianza en su Hijo que siempre está a nuestro lado y nos ayuda para superar nuestros miedos y tristezas, para no dejarnos paralizar por el cansancio y la indiferencia, para ser solidarios con los hermanos más necesitados y para darnos la fuerza de seguir luchando en aplacar la pandemia. La Virgen María también ha intercedido ante su Hijo a fin de que nos libere de todo mal y pecado, y nos fortalezca en los peligros que amenazan nuestra fe y vida cristiana,

Queridos hermanos y hermanas, con ánimo agradecido renovemos sin dudas ni temores nuestra fe en el Señor que por amor se ha quedado entre nosotros en el Sacramento del Altar. Él es el camino que nos conduce al Padre, la vida que vence la muerte y la verdad que hace arder nuestros corazones y que nos abre a los horizontes de esperanza y paz de su Resurrección. Amén

Fotografías: Javier Vargas – Diakonía

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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