Search
lunes 6 febrero 2023
  • :
  • :

Estamos frente a dos caminos contrarios entre sí: el de Herodes y el de los reyes magos, nos toca tomar posición Mons. Gualberti

En su homilía de la solemnidad de la Epifanía del Señor, Mons. Sergio Gualberti Arzobispo Emérito de Santa Cruz dijo que esta se desarrolla alrededor de dos palabras contrapuestas: oscuridad y luz. En ese contexto dijo que para reconocer la presencia de Dios no son suficientes nuestras fuerzas, ciencia e intención; hace falta la Palabra de Dios

Rememorando la visita de los reyes magos al recién nacido, indicó que el oro, incienso y la mirra son signos de la entrega total del ser humano a Dios, de esta manera sostuvo que la búsqueda sincera y perseverante de la verdad nos lleva al encuentro con Dios especialmente en estos días en que nuestra sociedad post-moderna, exalta a la ciencia y a la técnica en contraposición o alternativa a Dios.

Por otro lado, indicó que es preocupante el sometimiento de la ciencia a intereses particulares y al servicio de la muerte en vez que a la vida. A pesar de ello, valoró el hecho de que la ciencia iluminada por la fe es un instrumento importante para llegar a Dios y reconocer al Salvador, sin embargo, aseveró que estamos frente a dos caminos contrarios entre sí: el de Herodes y el de los reyes magos, nos toca tomar posición.

 Homilía de Mons. Sergio Gualberti

Arzobispo Emérito de Santa Cruz

Solemnidad de la Epifanía

Santa Cruz de la Sierra, 6 de enero de 2023

La Epifanía se desarrolla alrededor de dos palabras contrapuestas: oscuridad y luz.   

                                                                               

La liturgia de la palabra, de esta solemnidad de la Epifanía, se desarrolla alrededor de dos palabras contrapuestas: oscuridad y luz. Las “Tinieblas que “cubren la tierra” y la “espesa nube que envuelve las naciones”, son las tinieblas del pecado y muerte. (1ª)

La otra palabra es “Luz”; las naciones vendrán hacia tu luz, hacia el resplandor de tu amanecer, “el Señor que resplandece sobre su pueblo” y los magos caminan bajo la “guía de la estrella”. Y San Pablo en su carta a los Efesios, por tres veces habla de la revelación a las naciones y los pueblos del misterio de la salvación. En estas palabras está el sentido de la Epifanía: manifestación y revelación de la Luz de Dios que en el Niño Jesús se presenta como la “verdad” y da a conocer: “el misterio oculto a las anteriores generaciones”.

 En el Evangelio de hoy, todos los personajes buscan la luz, pero cada cual recorre distintas vías; los magos siguen el camino correcto detrás de la estrella; los maestros de la ley y los sacerdotes, en cambio, optan por una senda equivocada al buscar un Mesías poderoso y Herodes escoge el camino del engaño buscando la muerte de Jesús.

Para reconocer la presencia de Dios no son suficientes nuestras fuerzas, ciencia e intención; hace falta la Palabra de Dios.

Los magos, sabios estudiosos de astrología y de ciencias, en la estrella que han visto “surgir en el Oriente“, donde sale el sol, reconocen unarevelación. Los antiguos orientales ponían mucha atención a las estrellas que les señalaban la presencia de la divinidad y que revelaban un bueno o malo influjo sobre el destino humano. Al descubrir esa nueva estrella, los sabios ven una señal del nacimiento de un futuro rey. Esto es lo que preguntan al rey Herodes cuando, llegados a Jerusalén, desaparece la estrella: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto su estrella”.

La estrella es signo de la presencia de Dios que guía al ser humano hacia la luz de la verdad y los Magos representan a las personas que, con sinceridad, buscan conocer a Dios. Este hecho nos enseña que para reconocer la presencia de Dios en el mundo, no son suficientes nuestras fuerzas, la ciencia y la recta intención, sino que hace falta recurrir a la Palabra de Dios.

El oro, incienso y la mirra son signos de la entrega total del ser humano a Dios.

Pero el rey Herodes no puede dar una respuesta a los Magos, por eso consulta a los maestros de la ley, que le contestan con una cita de la Sagrada Escritura; “De ti (Belén) surgirá un jefe que será el pastor de mi pueblo, Israel“. Con esa indicación, los magos salen del palacio de Herodes y de pronto reaparece la estrella y alegres la siguen hasta Belén. Allí encuentran al niño Dios protegido en los brazos de María: se arrodillan, lo adoran y le ofrecen en don el oro, el incienso y la mirra. San Pedro Crisólogo indica que estos dones son signos de la entrega total del ser humano a Dios: “Con el incienso reconocen que Jesús es Dios, con el oro lo aceptan como rey y con la mirra expresan su fe en aquel que moriría”.

¡Qué paradoja! Jesús, rehusado por su propio pueblo es reconocido y honrado por sabios paganos. Este hecho abre los horizontes de la salvación a todos los pueblos y naciones de la tierra sin distinción alguna: “Las naciones vendrán hacia tu luz”.

La búsqueda sincera y perseverante de la verdad lleva al encuentro con Dios.

Al momento de regresar a sus países de origen, los sabios reciben en sueño la advertencia de no regresar donde Herodes y de emprender otro camino. Este nuevo camino es señal de que la búsqueda sincera y perseverante de la verdad lleva al encuentro con Dios y cambia los planes y el rumbo de nuestra vida.

Por el contrario, el palacio del rey Herodes, es la imagen patente de las tinieblas y la mentira en las que está envuelta la vida de los que adoran a los ídolos del mundo, los que transcurren su vida siguiendo sus caprichos y sin ideales evangélicos. La persona de Herodes representa a quienes, en su afán de autonomía de Dios, se endiosan a sí mismos, a sus instituciones y a sus programas, y se elevan a dueño de su destino y del destino de los demás, poniendo sus propias reglas y descartando la norma ética objetiva, universal y válida para todos, inscrita por el Señor en todo corazón humano.

Nuestra sociedad post-moderna, exalta a la ciencia y a la técnica en contraposición o alternativa a Dios.

A lo largo de la historia la humanidad ha tomado como ídolos tantas cosas creadas y tantas personas, que luego han demostrado su inconsistencia. Lo mismo está pasando en nuestra sociedad post-moderna: se exalta a la ciencia y a la técnica en contraposición o alternativa a Dios, Se repone en ellas una esperanza incondicional y se les reconoce poderes de omnipotencia y salvación.

Es preocupante el sometimiento de la ciencia a intereses particulares y al servicio de la muerte en vez que a la vida.

Por cierto, la ciencia y la técnica han logrado resultados muy positivos en mejorar la calidad de vida de la humanidad, sin embargo, quedan claros sus limitaciones: pensemos al persistir de la pobreza, a la injusta distribución de los bienes, a las pandemias, a las enfermedades incurables y a tantas otras plagas que afectan a la población mundial. Lo más preocupante es el sometimiento de la ciencia a intereses particulares y al servicio de la muerte en vez que de la vida, de la economía y las ganancias por encima del bien de las personas y del medio ambiente. En la actualidad, toda la humanidad estamos sufriendo las consecuencias: el calentamiento global de la atmósfera, el efecto invernadero, y el multiplicarse de desastres naturales extremos, con la secuela de destrucción, dolor y muerte.

Esta situación es resultado de una ciencia que desconoce que es fruto de la inteligencia humana, don de Dios y que por lo tanto, en su servicio, tiene que tomar en cuenta al designio y a la ley que Él ha implantado en toda conciencia y anteponiendo a la persona humana creada a imagen de Dios, por encima de cualquier otra criatura, interés e ideología.

La ciencia iluminada por la fe es un instrumento importante para llegar a Dios y reconocer al Salvador.

La ciencia iluminada por la fe, así como la entendieron y vivieron los Magos, es un instrumento importante para llegar a Dios y para reconocer al Salvador en ese niño pobre en el pesebre de Belén y que él es la luz que quita las tinieblas de la soberbia y de la autosuficiencia de nuestra mente y abre nuestros ojos a la esperanza de alcanzar la dicha de la realización de nuestra existencia como criaturas.

Estamos frente a dos caminos contrarios entre sí: el de Herodes y el de los reyes magos, nos toca tomar posición

Hermanos y hermanas, esta solemnidad de la Epifanía, pone ante nosotros dos caminos contrarios entre sí: el de Herodes y el de los reyes magos, a nosotros nos toca tomar posición, no podemos quedarnos neutrales.

Si optamos por el camino de Herodes optamos por las tinieblas y el pecado, por una vida en contra o sin Dios, por una ciencia sin referencias morales, y por una convivencia basada en la lógica del más fuerte, la violencia y la muerte.

Si optamos por los magos es optar por seguir la estrella, la luz que nos lleva a la dicha y a la vida en Jesús nuestro salvador. Es un camino que pide dedicación, tiempo y la superación de tantos obstáculos, pero al final encontraremos la estrella de la vida, el amor y la dicha, como los tres sabios que: “Al ver la estrella, se llenaron de alegría”. Amén

Fotografías: Jesús Reiner Choque

Corresponsal Diócesis Oriente



Nuestro sitio web utiliza cookies para que usted tenga una mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando estará dando su consentimiento y la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies