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lunes 13 julio 2020
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Es un pecado grave delante del Señor la marginación y el rechazo a las personas que han contraído la enfermedad

Campanas/Iglesia Viva/ Padre Waldo Riveros, sacerdote diocesano y exorcista, comparte una reflexión tras los suicidios suscitados a causa de la pandemia de COVID-19 en Bolivia. Así mismo advierte que “es antiético, inhumano y un pecado grave delante del Señor, la marginación y el rechazo a las personas que han contraído la enfermedad y han sido diagnosticadas como positivos”.

En Bolivia se registraron dos casos: un paciente de la tercera edad con COVID- 19,  decidió quitarse la vida la madrugada del 13 de junio, al lanzarse del primer piso de un hospital en la ciudad de Santa Cruz, y el otro paciente de 55 años de edad, positivo de Covid-19, se quitó la vida este martes, 23 de julio, al lanzarse del tercer piso de un Hospital en Cochabamba.

El ser humano en este tiempo, es más frágil

Padre Waldo explica que “hay algunas palabras que crean miedo en la sociedad y en las personas, la palabra sida, cáncer, coronavirus, estas enfermo, estoy desahuciado, para muchas personas el simple hecho de terminar una relación emocional, sentimental puede causar un desequilibrio” asegura.

El padre también nos habla de la fragilidad del ser humano en este tiempo, “el ser humano en este tiempo, es mucho más frágil, pero por eso mismo, el ser humano puede reaccionar de dos maneras distintas: La primera, una persona que se puede dejar llevar por sus emociones y no encontrar sentido a la vida, incluso puede caer en depresión profunda, que puede llevar al suicidio.

La otra reacción, por esta misma fragilidad que tiene de defenderse, de salvar la vida, de enfrentarse y de superar ese problema que está atravesando”.

El suicidio nunca es una salida

 “El suicidio nunca es salida, porque todos vamos a morir”, afirma el sacerdote, dejando claro que la vida de fe, es aquello que puede ayudar a prevenir los suicidios: “El suicidio es tirar la toalla, demostrar la impotencia y la falta de fe que se tiene, en uno mismo, en los demás y en el ser superior, que es Dios”, señala.

A su vez, el suicidio, “viene acompañado, motivado, promocionado por ideas, sentimientos negativos de sin sentido de la vida. Estas ideas y sentimientos, muchas veces en la totalidad de las veces, es influenciado por un espíritu maligno, se suicidan personas que no tienen una relación cercana con Dios, que  no cultivan la fe y han tenido  antecedentes de depresión, ansiedad.

¿Cómo prevenimos estas situaciones?, llevando una vida de fe, acercándonos al Señor, todos vamos a morir, lo importante no es la muerte, lo importante es, ¿qué me espera después de la muerte?, y esa pregunta, pertenece al ámbito de la fe”.

Es un pecado grave delante del Señor la marginación a los enfermos

El sacerdote, remarca que la marginación a los enfermos es un pecado grave delante del Señor: Es antiético, inhumano y un pecado grave delante del Señor, la marginación y el rechazo a las personas que han contraído la enfermedad y han sido diagnosticadas como positivos.

Ninguna persona quiere enfermarse, pero puede ser que en un descuido haya contraído la enfermedad. Pero no se debe marginar, ni rechazar, ni hacer sentir mal a la persona que se haya enfermado. Al contrario necesita más que nunca de nuestro apoyo, de nuestra comprensión y de nuestro calor humano.

Hay que tomar previsiones, sí. Pero impedir que los enfermos tengan donde recuperarse, expulsar o dar muerte civil a las personas que se han enfermado, es altamente reprochable por la conciencia humana y también delante del Señor.

Cuidado, responsabilidad y confianza

P. Waldo, comparte algunas palabras para superar este tiempo de pandemia:

Cuidado, el cuidado de la persona y de su propio cuerpo, el cuidado de las personas más débiles, de los niños y los ancianos. No es solamente lavarse las manos, hay que favorecer que la persona no sienta estrés, favorecer un ambiente de cordialidad, hacer que la persona se sienta acompañada.

Responsabilidad, significa responder ante los actos, las personas no tienen que exponerse, solo si es necesario. Escuchar los consejos de las autoridades, tomarlos en cuenta y no exponerse.

Confianza, el Evangelio nos dice que, ni un pájaro cae a la tierra sin el consentimiento de Dios y que están contados todos nuestros cabellos. Nuestra vida está en las manos de Dios y si esta en las manos de un Dios amoroso, él nos va a proteger y cuidar. Si es que nosotros también nos protegemos y cuidamos, el Dios en el que creemos, es un Dios de la libertad y respeta la libertad humana, para bien y para mal.  

Confianza en Dios, sabemos que el rige el destino de las personas, plantas, animales y virus, estamos en buenas manos.

Hay que cuidarse, hay que cuidar a los demás, hay que confiar en Dios, no es etapa para el pánico, ni desaliento, ni sinsentido y hay que cuidarse y hay que hacerlo con mucha responsabilidad.

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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