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martes 9 agosto 2022
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En las Iglesias de Santa Cruz, se tocaron las campanas para que resuene en todas las conciencias las voces de los “niños y niñas no nacidos”

Campanas. Hoy domingo 7 de noviembre en todas las Iglesias de la Arquidiócesis de Santa Cruz se tocaron las campanas para sensibilizar sobre este grave problema, pero también para que resuene en todas las conciencias las voces de los “niños y niñas no nacidos”.

Reflexión del Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti

Este momento de oración y el toque de campanas:

  • x la defensa de toda vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, por tanto en contra de los feminicidios, homicidios, pero también de la muerte a la que se da o quiere dar un sustento legal, como el aborto (interrupción de la gestación-eufemismo mentirosos), la pena de muerte y la eutanasia.
  • Toque de campanas para sensibilizar sobre este grave problema, pero también para que resuene en todas las conciencias las voces de los “niños y niñas no nacidos”.

La ocasión para este momento, es el caso muy delicado de dos víctimas inocentes: una niña de once años, víctima de un violador desalmado, que ha aprovechado su cercanía cotidiana para cumplir tal abominable delito y pecado en contra de Dios. La otra, el bebé que llevaba en su vientre la joven madre, a causa del embarazo.

Al tener conocimiento de este caso, la Iglesia Católica cumpliendo con el mandato del Señor y con plena capacidad jurídica en Bolivia para cumplir con sus fines religiosos y de servicio social, se comprometió a defender a las dos vidas, se ofreció acogida y amparo, acompañamiento médico, psicológico y espiritual. En los pocos días en que estuvo en el centro de acogida, que es parte del sistema estatal de protección social y administrado por la iglesia Católica, la niña recuperó serenidad, se integró bien con las otras niñas en su misma situación y las dos criaturas gozaban de buena salud.

Pero, la mano negra de grupos abortistas, de Instituciones del Estado, que por ley están llamadas a defender la vida, y también de personal sanitario que ha traicionado su juramento hipocrático, ha optado por promover la muerte del bebé. El aborto, según la ley es un delito, aunque en casos similares no es punible, pero no cesa de ser delito. Además, este es un acto de discriminación entre dos personas inocentes.

¿En base a qué motivo se ha decidido optar por la vida de una sola víctima y por qué se ha provocado una inducción innecesaria del bebé poniendo además en riesgo la vida de la joven madre, sometida a un largo y doloroso trabajo de parto, en vez que luchar para salvar a las dos vidas?

Y si el motivo que aducen es que la vida de la joven madre estaba en peligro ¿por qué este procedimiento se ha realizado en un hospital de segundo nivel, en vez que en un nosocomio de 3era categoría y con buena sala de neonatología? Otra pregunta: ¿porque, para inocular la vacuna anti COVID a adolescentes hasta los 16 años, se exige la firma de la madre o del padre, y en cambio, en ese caso, han impedido a la mamá que acompañe a la niña de 11 años en casi todo el largo y trágico trance y mantenida aislada sin que su consentimiento sea informado. No lo hicieron, porque solo querían cumplir con su nefasto plan de descartar al bebé.

A pesar de este lúgubre, la criaturita nació viva y luchó por algunas horas, el tiempo suficiente para cumplir con la misión que Dios le había confiado: sacudir nuestras conciencias aletargadas e indiferentes, gritar al mundo entero el derecho a la vida de parte de todos, sin discriminación alguna, llamarnos a luchar en contra de toda ley de muerte, e implementar medidas de prevención de los abusos, violaciones y asesinatos de las mujeres, niñas y niños, efectos de la falta de valores humanos y cristianos, del alcoholismo y de una cultura machista.

Tengamos la plena certeza: un día Dios nos pedirá cuenta a todos indistintamente de nuestro obrar, si hemos defendido toda vida humana o si hemos sido pregoneros y verdugos de muerte: “La verdad brotará de la tierra y la justicia mirará desde el cielo” Salmo 85, 11. A cada uno de nosotros la respuesta, en consciencia y delante de Dios, a quien no podemos engañar. Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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