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viernes 18 octubre 2019
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En la recta final del Año de la Misericordia, una síntesis de la Bula y una llamada a dejarse tocar el corazón

Aleteia. “Bula” es una palabra que tiene su origen en el vocablo latino bulla. Se trata, de acuerdo a su aplicación, del nombre con el que se identifica a una documentación de índole pontificia que expide la Cancillería Apostólica y se legitima mediante la impresión de un sello de plomo o bien del sello papal. Estos documentos tratan sobre múltiples temáticas relevantes de los quehaceres clericales, aunque también se abordan allí asuntos civiles.

La bula, por lo tanto, es un instrumento que se fundamenta en el poder del Papa. Puede incluir ordenanzas, condenaciones, decretos de indulgencias o la concesión de diversos tipos de beneficios, por ejemplo.

Los sellos de plomo en cuyos puntos centrales se observa la imagen de una cruz, las figuras de san Pedro y san Pablo y la firma del Papa junto al año de publicación y fecha del pontificado forman parte de la estructura formal de las bulas, las cuales se envían al obispo de la diócesis.

Este será el responsable de distribuir la bula, que se redacta en latín, para que llegue a las parroquias.

A lo largo de la historia existieron diferentes tipos de bula, como la bula de la Santa Cruzada (con indulgencias para quienes combatían a los infieles), la bula de difuntos (con indulgencias para un individuo fallecido), la bula de lacticinios (una autorización para que los eclesiásticos usen lacticinios en los tiempos en que les estaba vedado) y la bula de carne (que dispensaba de comer de vigilia).

No obstante, tampoco hay que pasar por alto otro tipo de bulas tales como la conocida como bula de oro. Esta fue realizada en el año 1356 por el emperador Carlos IV de Alemania y consiguió el respaldo del resto de príncipes del Imperio. En la misma lo que se establecía y dictaminaba eran cuestiones tan relevantes para dichas figuras como el método de elección del emperador, el número de personas que debían participar en dicho proceso o las ceremonias que traería consigo esa citada elección.

De la misma forma, el término bula ha dado lugar al desarrollo y creación de un amplio número de locuciones adverbiales que se utilizan con más o menos frecuencia en el ámbito coloquial. Así, por ejemplo, nos encontramos con la expresión “no poder con la bula”. La misma se utiliza para dejar patente que una persona en cuestión no se encuentra con fuerzas para hacer nada en ese momento.

Y todo ello sin olvidar tampoco la existencia de la locución “tener bula para algo”. En este caso la misma se emplea para determinar que alguien cuenta con una serie de ventajas, facilidades y beneficios a la hora de conseguir algo difícil frente a otras personas que no cuentan con ninguna de esas mencionadas cuestiones a su favor para alcanzar el mismo objetivo.

Cabe resaltar que el origen etimológico de bula refiere a toda clase de objeto o elemento de apariencia redonda y carácter artificial. La noción solía emplearse en otros tiempos para nombrar a una medalla que portaban los hijos de las familias nobles romanas hasta el momento en que comenzaban a vestir la toga.

Además de todo lo expuesto hay que subrayar finalmente que en este año el famoso grupo de rock Status Quo ha estado llevando a cabo el rodaje de su película titulada “Bula Quo” donde los citados artistas se interpretan a ellos mismos.

La Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia titulada Vultus Misericordiae se compone de 25 números.

El papa Francisco describe los rasgos más sobresalientes de la misericordia situando el tema, ante todo, bajo la luz del rostro de Cristo. La misericordia no es una palabra abstracta, sino un rostro para reconocer, contemplar y servir.

La Bula se desarrolla en clave trinitaria (números 6-9) y se extiende en la descripción de la Iglesia como un signo creíble de la misericordia: “La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia” (n. 10).

Francisco indica las etapas principales del Jubileo.

La apertura coincide con el quincuagéismo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II:” La Iglesia siente la necesidad de mantener vivo este evento. Para ella iniciaba un nuevo periodo de su historia.

Los Padres reunidos en el Concilio habían percibido intensamente, como un verdadero soplo del Espíritu, la exigencia de hablar de Dios a los hombres de su tiempo en un modo más comprensible. Derrumbadas las murallas que por mucho tiempo habían recluido la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo” (n. 4).

La conclusión tendrá lugar “en la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, el 20 de noviembre de 2016. En ese día, cerrando la Puerta Santa, tendremos ante todo sentimientos de gratitud y de reconocimiento hacia la Santísima Trinidad por habernos concedido un tiempo extraordinario de gracia.

Encomendaremos la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos a la Señoría de Cristo, esperando que difunda su misericordia como el rocío de la mañana para una fecunda historia, todavía por construir con el compromiso de todos en el próximo futuro” (n. 5).

Una peculiaridad de este Año Santo es que se celebra no sólo en Roma, sino también en todas las demás diócesis del mundo. El Papa abrió la Puerta Santa en San Pedro el 8 de diciembre, y el domingo siguiente en todas las iglesias del mundo.

Otra de las novedades es que el Papa da la posibilidad de abrir la Puerta Santa también en los santuarios, meta de muchos peregrinos.

El papa Francisco, recupera la enseñanza de San Juan XXIII, que hablaba de la “medicina de la Misericordia” y de Pablo VI que identificó la espiritualidad del Vaticano II con la del samaritano.

La Bula también explica algunos aspectos sobresalientes del Jubileo: primero el lema “Misericordiosos como el Padre”, a continuación el sentido de la peregrinación y sobre todo la necesidad del perdón.

El tema particular que interesa al Papa se encuentra en el n. 15: las obras de misericordia espirituales y corporales deben redescubrirse “para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina”.

Otra indicación atañe a la Cuaresma con el envío de los “Misioneros de la Misericordia” (n. 18). Nueva y original iniciativa con la que el Papa quiere resaltar de forma aún más concreta su cuidado pastoral. El Papa trata en los nn. 20-21 el tema de la relación entre la justicia y la misericordia, demostrando que no se detiene en una visión legalista, sino que apunta a un camino que desemboca en el amor misericordioso.

El n. 19 es un firme llamamiento contra la violencia organizada y contra las personas ”promotoras o cómplices” de la corrupción. Son palabras muy fuertes con las que el Papa denuncia esta “llaga putrefacta” e insiste para que en este Año Santo haya una verdadera conversión: “¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida!”.

“Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón. Delante de tantos crímenes cometidos, escuchad el llanto de todas las personas depredadas por vosotros de la vida, de la familia, de los afectos y de la dignidad. Seguir como estáis es sólo fuente de arrogancia, de ilusión y de tristeza. La verdadera vida es algo bien distinto de lo que ahora pensáis. El Papa os tiende la mano. Está dispuesto a escucharos. Basta solamente que acojáis la llamada a la conversión y os sometáis a la justicia mientras la Iglesia os ofrece misericordia” (n. 19).

La referencia a la Indulgencia como tema tradicional del Jubileo se expresa en el n. 22.

Un último aspecto original es el de la misericordia como tema común a judíos y musulmanes: “Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con estas religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas; nos haga más abiertos al diálogo para conocerlas y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación“ (n. 23).

El deseo del Papa es que este Año, vivido también en la compartición de la misericordia de Dios, pueda convertirse en una oportunidad para “vivir en la vida de cada día la misericordia que desde siempre el Padre dispensa hacia nosotros. En este Jubileo dejémonos sorprender por Dios. Él nunca se cansa de destrabar la puerta de su corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida…” […]

En este Año Jubilar la Iglesia se convierta en el eco de la Palabra de Dios que resuena fuerte y decidida como palabra y gesto de perdón, de soporte, de ayuda, de amor. Nunca se canse de ofrecer misericordia y sea siempre paciente en el confortar y perdonar.

La Iglesia se haga voz de cada hombre y mujer y repita con confianza y sin descanso: “Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor; que son eternos”.

Graciela Arandia de Hidalgo



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