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martes 11 agosto 2020
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En este tiempo de pandemia, María nos colma de esperanza y nos anima a no caer en la desesperación y el miedo, afirma Mons. Sergio

Campanas. En este tiempo de pandemia, María nos colma de esperanza y nos anima a no caer en la desesperación y el miedo, afirmó Mons. Sergio Gualberti en la misa celebrada en Honor a la Virgen del Carmen.

Celebramos a la Virgen del Carmen, la fiesta de la Patrona de Bolivia y de las Fuerzas Armadas de la Nación, mucha devoción en toda la Iglesia y en nuestro país.

Hoy jueves 16 de julio  en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir a las 08:00 horas, se celebró una Eucaristía en Memoria de Mons. Eugenio Scarpellini y por la festividad de la Virgen del Carmen, la misma fue presidida por Mons. Sergio Gualberti y concelebrada por Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Obispo Auxiliar, el Rector de la Catedral y Vicario de Comunicación, P. Hugo Ara, P. Mario Ortuño, Capellán de Palmasola y el P. Alessandro Manenti, Párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima.

 

El Arzobispo afirmó que María es la primera criatura que ha corrido hacia el cielo, hacia la montaña de Dios, hacia la meta definitiva, que ha cruzado el umbral de la patria celeste, que ve cara a cara el rostro del Padre y ve el rostro resplandeciente de su hijo Jesús resucitado “vestida de sol con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas” (Ap).

Por eso María, madre nuestra, es el signo y  esperanza para todos nosotros, anticipo del destino glorioso reservado a todos los creyentes, porque María es “figura y primicia de la Iglesia”, dijo el prelado.

Así mismo Mons. Aseguró,  que allí donde ella está estaremos también nosotros, gracias a Cristo resucitado. En este tiempo de pandemia esta verdad nos colma de esperanza, en particular a los que sufren la enfermedad, a los que han perdido un ser querido y a todos nos anima a no caer en la desesperación y el miedo.

Nuestra casa es el cielo, ella nos espera allí donde Jesús ha ido a prepararnos un lugar, tener nuestra mirada más arriba y no solo en las cosas terrenales, dijo Monseñor.

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz

16 de julio de 2020

Virgen del Carmen o del Monte Carmelo: montaña admirada por el pueblo de Israel por su hermosura, como celebra la Biblia, tomada como signo de la belleza de la fe en él Dios vivo. En ese monte Elías, arriesgando su vida, restauró la fe en el único y verdadero Dios, destruyendo los altares de los ídolos, los Baales. 

La belleza es expresión de la sabiduría de Dios, que da orden y armonía al caos inicial: el refrán de la Biblia al final de cada jornada de la creación, es: “Y vio Dios que estaba bien”; todo lo que iba creando era bueno y bello.

María es la expresión más sublime y más alta de la belleza y sabiduría de Dios en los seres creados, María es la única criatura humana la sin mancha alguna, sin pecado, la Inmaculada desde su Concepción por la gracia de Dios.

Ella que en toda su vida no conoció pecado, tampoco conoció la muerte, sino que fue llevada al cielo, la Asunta por Dios. Él “no quiso que María que por obra del Espíritu Santo concibió en su seno al autor de la vida, conociera la corrupción del sepulcro“.

María es la primera criatura que ha corrido hacia el cielo, hacia la montaña de Dios, hacia la meta definitiva, que ha cruzado el umbral de la patria celeste, que ve cara a cara el rostro del Padre y ve el rostro resplandeciente de su hijo Jesús resucitado “vestida de sol con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas” (Ap).

Por eso María, madre nuestra, es el signo y  esperanza para todos nosotros, anticipo del destino glorioso reservado a todos los creyentes, porque María es “figura y primicia de la Iglesia.

Allí donde ella está estaremos también nosotros, gracias a Cristo resucitado. En este tiempo de pandemia esta verdad nos colma de esperanza, en particular a los que sufren la enfermedad, a los que han perdido un ser querido y a todos nos anima a no caer en la desesperación y el miedo.

Nuestra casa es el cielo, ella nos espera allí donde Jesús ha ido a prepararnos un lugar, tener nuestra mirada más arriba y no solo en las cosas terrenales.

Por eso tenemos la firme esperanza que María también ha acogido en sus brazos amorosos y  de Madre a tantas víctimas de la pandemia, con ellos a Mons. Eugenio Scarpellini, Obispo de El Alto, que nos ha dejado ayer. Una figura eminente de Pastor que ha entregado su vida por El Señor y un misionero generoso e incansable del Evangelio, por 32 años en nuestro país, quiso ser ciudadano boliviano.

Personalmente pierdo a un gran amigo, un hermano, la Iglesia en Bolivia pierde un Pastor entregado, y Bolivia pierde un hombre muy cercano a los pobres y últimos, cuyo corazón latía por la vida, la democracia, la justicia y la paz.

Perdemos acá pero encontramos un protector más en el cielo, un pastor que desde niño amaba a la Virgen María, en el santuario de su pueblo natal la Virgen del Olmo. Él se dejó llevar por la Virgen María y como Obispo de El Alto en la advocación de la Virgen de Copacabana. Hagamos lo mismo, caminemos agarrados de la mano de la Virgen María, ella nos lleva a su Hijo Jesús y hacer lo que Él nos diga, a creer en él y en Dios Padre, el Dios de la vida que nos libera del miedo a la  muerte, del desconcierto y de la desesperación y de toda clase de esclavitudes.

Que la Virgen del Carmen nos acompañe en esta desafiante peregrinación cristiana, sabiendo que no estamos solos, ella está con nosotros y nos indica el camino a recorrer: “Hagan lo que él les diga“.

Graciela Arandia de Hidalgo



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