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viernes 26 febrero 2021
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El Papa: oración por los enfermos y por quienes cuidan de ellos en la pandemia

Campanas/vaticannews.va/El Pontífice expresa su pensamiento a través de twitter en la Jornada Mundial del Enfermo, que cae en la memoria de la Santísima Virgen María de Lourdes. Invita a prestar especial atención a los que sufren, especialmente a los pobres, y a rezar por los que se gastan en la asistencia, especialmente en esta emergencia sanitaria debida a Covid-19. La hermana Maria Chiara Ferrari, franciscana alcantarina, volvió a ser médico en Piacenza durante la pandemia. “El servicio que el sufrimiento ofrece a nuestras vidas es que te devuelve a lo esencial”.

Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

Es a la Virgen de Lourdes a la que el Papa Francisco dirige su mirada para pedir “salud del alma y del cuerpo” para los que también sufren la pandemia y para dar “fuerza” a los que los cuidan. También en un tuit, el Papa expresa a continuación su cercanía a los enfermos, especialmente a los más pobres.

El Papa Francisco subraya así los temas fuertes del Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo, centrados en el cuidado y la cercanía. Recordando que la pandemia “sacó a la luz tantas insuficiencias en los sistemas sanitarios y deficiencias en la atención a los enfermos”, el Papa destacó “la dedicación y la generosidad de los trabajadores sanitarios, voluntarios, trabajadores y trabajadoras, sacerdotes, religiosos y religiosas, que con profesionalidad, abnegación, sentido de la responsabilidad y amor al prójimo han ayudado, atendido, consolado y servido a tantos enfermos y a sus familias”. Los definió como “una hueste silenciosa de hombres y mujeres que eligieron mirar esos rostros, asumiendo las heridas de los pacientes que sentían cercanos en virtud de su común pertenencia a la familia humana”.

Dos meses en urgencias

La hermana Maria Chiara Ferrari, de 37 años, franciscana alcantarina que vive en el monasterio de Maglie, cerca de Lecce, Italia, también ha visto muchas caras. Los demás no pudieron reconocerla con el traje anti-Covid, pero ella tiene marcados en su mente a todos los enfermos a los que ha tratado de atender en la más absoluta emergencia. Como otras religiosas, no dudó en ponerse la túnica de médico, que había dejado de lado durante algunos años, para dar lo que podía al servicio de las Urgencias del hospital de Piacenza. Médico y religiosa juntos: un todo que no se puede separar, dos partes de un todo que se fortalecen porque experimentar el dolor de un paciente que inevitablemente te deja refuerza tu llamada a vivir tu servicio entre tus hermanos de una manera más verdadera y sentida.

El Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Enfermo se centra en el tema de la relación en la base del cuidado de los enfermos. Es imposible no pensar en esta pandemia que ha complicado precisamente la relación…

R. – Precisamente en este momento en que la relación ha sido tan difícil, quizás todos nos hemos dado cuenta de lo importante y básica que es. También diría que, paradójicamente, hemos experimentado que es lo único que queda. De los enfermos sabemos que quizás lo más desgarrador fue la gran soledad a la que también se vieron obligados, y sin embargo la relación fue capaz de traspasar todos los límites. Se han utilizado tanto los medios de comunicación que a menudo consideramos herramientas que restan tanto a la relación cara a cara o a la cercanía física pero que por otro lado dicen exquisitamente que podemos renunciar a todo menos a comunicarnos entre nosotros, que esto ha sido capaz de traspasar las fronteras del distanciamiento, las fronteras de los muros de un hospital que eran inaccesibles para los familiares. Al mismo tiempo, creo que muchos enfermos y personal sanitario, especialmente durante la primera emergencia sanitaria, han tocado con sus propias manos, en la impotencia de la propia medicina, la importancia de las relaciones, es decir, de “estar ahí” para el otro.

Pensemos en un médico o en una enfermera cubiertos por el traje anti-Covid que se convierten en presencias familiares incluso sólo a través de los ojos que se buscan en un momento de tan grave dificultad. El Papa Francisco habla de un precioso “bálsamo” en un momento de enfermedad y alejamiento de la propia realidad….

R. – Exactamente, creo que nos hemos dado cuenta de que todo habla de nosotros porque realmente estamos hechos para esto, hemos nacido para esto, somos constitutivamente relacionales. Esto es lo que nos ha dicho la pandemia, y tal vez no lo hayamos asumido, no hayamos utilizado los métodos que siempre hemos considerado viables, pero, en mi opinión, este tiempo nos ha dicho que el deseo de llegar a los demás, de comunicarse, es vital incluso cuando se pasa por el sufrimiento. La pandemia fue un poderoso recordatorio de esto.

¿Hay algún pasaje del Mensaje del Papa que te haya impactado de manera particular y que sientes como propio?

R. – Sí, cuando el Papa habla de los trabajadores que han elegido la cara. Esta frase es muy hermosa. En los primeros meses de la pandemia hubo una creatividad muy bonita por parte de todos porque de alguna manera todos elegimos la cara. Si tuvieras que elegir una profesión, a veces ante el fracaso, ante la inutilidad no la elegirías. Pero cuando hay una cara al otro lado, todos, cada uno en su ámbito, son capaces de algo más. Y este creo que es el gran secreto, sobre todo para nosotros los cristianos que nos alcanzamos por un rostro y que seguimos un rostro, pero también para toda la humanidad porque dice la verdad que todo hombre tiene en su corazón. Cuando al otro lado, en una situación de dolor, de tragedia, se vislumbra el rostro, éste tiene la capacidad de transformar el mayor sufrimiento. Lo que es una maldición – como me dijo un sacerdote antes de irse – puede convertirse en una vocación, en una llamada. Y creo que de esta manera todo dolor se abre.

El Papa habla de la cercanía, del consuelo de los que viven con la enfermedad. ¿Buscar este rostro le empujó a dejar su vida cotidiana como franciscano para volver a las salas de un hospital?

R. – Ciertamente sí, no dejé mi vida religiosa, sino que la viví plenamente en una gran normalidad. Mucha gente se preguntaba entonces qué podía hacer y yo soy médico, tengo una competencia y lo que podía hacer era ponerla a disposición. Así como había muchas de mis hermanas que también tenían el mismo deseo de irse, enfermeras y médicos y lo que podían hacer, por ejemplo en ese momento de sus vidas, era cuidar a muchas de nuestras hermanas mayores que en cambio no tenían la asistencia adecuada porque todo estaba cerrado, no había personal. Así, al igual que los pasteleros cocinaron para los enfermos y los médicos, todos fuimos hombres y mujeres hasta el final, comprendiendo que el dolor es un servicio para cada uno de nosotros, nos dice que el verdadero sentido de nuestra vida es pasarla más allá de la forma y la situación. Esta creencia se aplica a todos y que hacemos con lo que somos y podemos.

Graciela Arandia de Hidalgo



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