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domingo 22 septiembre 2019
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El Papa en la audiencia expresa su cercanía y oración a los hermanos de Ecuador

Zenit. El Santo Padre prosiguió con las catequesis sobre la misericordia: “La sinceridad de nuestro arrepentimiento suscita en Dios su perdón incondicional”.

El papa Francisco realizó hoy la habitual catequesis de los miércoles en la plaza de San Pedro. En este día de primavera en Italia, el Papa ingresó en el jeep descubierto, pasó recorriendo los pasillos de la plaza en medio de los fieles que le saludaban calurosamente, cantando, gritando y agitando pañuelos. El sucesor de Pedro se detuvo varias veces para saludar y bendecir a niños y enfermos.

En sus palabras en español el Papa recordó a los ecuatorianos que han sufrido el terremoto que ha dejado un saldo de  de varios centenares de muertos y miles de heridos, y les indicó su oración y cercanía.  “Y en esta lengua que nos une, a España y Latinoamérica, a Hispanoamerica, quiero decir también a nuestros hermanos de Ecuador, nuestra cercanía y nuestra oración en teste momento de dolor”.

El Papa resumiendo la catequesis se refirió al pasaje del Evangelio de Lucas leído que “refleja con claridad un aspecto fundamental de la misericordia: la sinceridad de nuestro arrepentimiento suscita en Dios su perdón incondicional”.

El Santo Padre explicó que mientras Jesús, invitado por Simón el fariseo, está sentado a la mesa, una mujer considerada por todos pecadora entra, se pone a sus pies, los baña con sus lágrimas y los seca con sus cabellos; luego los besa y los unge con el aceite perfumado que ha traído consigo.

“La actitud de la mujer –indicó el Pontífice– contrasta con la del fariseo. El celoso servidor de la ley, que juzga a los demás por las apariencias, desconfía de Jesús porque se deja tocar por los pecadores, y se contamina. La mujer, en cambio, expresa con sus gestos la sinceridad de su arrepentimiento y, con amor y veneración, se abandona confiadamente en Jesús”.

Entretanto, explicó Francisco, Cristo no hace componendas con el pecado, que es oposición radical al amor de Dios. “Pero no rechaza a los pecadores, sino que los recibe: Jesús, el Santo de Dios, se deja tocar por ellos, sin miedo de ser contaminado, los perdona y los libera del aislamiento al que estaban condenados por el juicio despiadado de quienes se creían perfectos, abriéndoles un futuro”.

Al concluir en español el resumen de la catequesis saludó “cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y América latina. Queridos hermanos, en Cristo, que perdona los pecados, brilla en él la fuerza de la misericordia de Dios, capaz de transformar los corazones. Abrámonos al amor del Señor, y dejémonos renovar por Él”.

La audiencia concluyó con el canto del Padre Nuestro en latín y bendijo los objetos religiosos que los peregrinos expusieron.

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Graciela Arandia de Hidalgo



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