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martes 20 agosto 2019
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El Papa en el Ángelus: seamos capaces de tener compasión

“La misericordia hacia una vida humana en estado de necesidad es el verdadero rostro del amor”. Por eso, como Dios, “seamos capaces de tener compasión”. Es la clave del buen cristiano, según el Papa Francisco, pues, “si no sientes compasión frente a una persona necesitada, si tu corazón no se conmueve, significa que algo anda mal”
 

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

La calurosa jornada romana no impidió a muchísimos fieles rezar junto con el Pontífice en la Plaza de San Pedro a la Madre de Dios. La famosa parábola del “buen samaritano” que presenta el Evangelio del día, fue el tema de la catequesis del Papa, y la pregunta planteada a Jesús por parte de un doctor de la ley, su punto de partida.

«¿Quién es mi prójimo?»

El doctor de la ley pregunta a Jesús sobre lo que es necesario para heredar la vida eterna, y Jesús “le invita a encontrar la respuesta en las Escrituras”: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo».

El Papa notó que sin embargo, había diferentes interpretaciones de quién debía ser entendido como “prójimo”. De hecho, ese hombre todavía pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?” Jesús responde con la parábola del Buen Samaritano:

«El protagonista de la breve narración – recordó Francisco – es un samaritano, que a lo largo del camino encuentra a un hombre, robado y golpeado por ladrones, y cuida de él. Sabemos que los judíos trataban a los samaritanos con desprecio, considerándolos extraños al pueblo elegido. No es, pues, una coincidencia que Jesús escogiera precisamente a un samaritano como personaje positivo de la parábola».

También quien no conoce a Dios puede actuar según su voluntad

Escogiendo a un extranjero, explicó el Santo Padre, Jesús quiere superar el prejuicio, demostrando que “incluso uno que no conoce al verdadero Dios y no frecuenta su templo, es capaz de comportarse según su voluntad, sintiendo compasión por el hermano necesitado y socorriéndolo con todos los medios a su alcance”.

El Papa recordó luego que por ese mismo camino, antes que el samaritano, habían pasado un sacerdote y un levita sin detenerse, probablemente para “no contaminarse con su sangre”. La reacción de estas personas, “dedicadas a la adoración de Dios”, fue de anteponer “una regla humana ligada al culto”, a saber, el no contaminarse con la sangre, al “gran mandamiento de Dios”, que, sobre todo, “quiere la misericordia”: 

«Jesús, pues, propone como modelo al samaritano, precisamente uno que no tenía fe. También nosotros pensamos en tanta gente que conocemos, quizás agnóstica, que hace el bien. Jesús escoge como modelo uno que no era un hombre de fe. Y este hombre, que ama a su hermano como a sí mismo, muestra que ama a Dios con todo su corazón y con todas sus fuerzas – ¡el Dios que no conocía! – y al mismo tiempo expresa la verdadera religiosidad y la plena humanidad».

Jesús invierte nuestra lógica

Graciela Arandia de Hidalgo



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