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sábado 16 noviembre 2019
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Discurso del Nuncio Apostólico en Bolivia durante la C Asamblea General de la CEB

Iglesia Viva. Mons. Giambatista Diquattro, Nuncio Apostólico en Bolivia, pronuncio algunas palabras de bienvenida en la Inauguración de la Centésima Asamblea General de la CEB. En su discurso destaco importantes temas que se viven en la Iglesia de Bolivia.

Discurso del Nuncio Apostólico en Bolivia, Mons. Giambatista Diquattro, en ocasión de la C Asamblea General de la CEB

Excmo. Mons. Oscar Omar Aparicio Céspedes, Presidente de la Conferencia Episcopal,
Excmos. Señores Arzobispos y Obispos,
Reverendos Hermanos en el Sacerdocio,
Hermanos y Hermanas en Cristo:

Al agradecer la invitación que el Excmo. Presidente me ha hecho llegar con ocasión de la señalada centésima Asamblea General de la CEB, correspondo con mi presencia apreciando, en este gesto, una especial expresión de comunión con el Santo Padre Francisco.

La agenda de la Asamblea evoca en muchos puntos un camino que la Iglesia en Bolivia está realizando en comunión con el Obispo de Roma, mientras están bien presentes y marcado en nuestro corazón su testimonio, palabras y Magisterio en ocasión de su reciente e histórico Viaje Apostólico a Bolivia, durante el cual ha compartido la misma fe en el Señor Jesús.

El Santo Padre ha vivido con nosotros una etapa central en el desarrollo y en la culminación del Quinto Congreso Eucarístico Nacional, cuya celebración será motivo de consideración y de discernimiento en este encuentro, en vista de una actuación de las sugerencias presentadas y para fortalecer el camino de la evangelización, que encuentra su origen y culmen en Jesús-Eucaristía.

La Eucaristía resalta la importancia del Sacerdocio en la Iglesia y con mucha alegría la Iglesia en Bolivia sabe que cuenta con eclesiásticos que con gran desprendimiento viven su vocación por Cristo y por la Iglesia. Es motivo de satisfacción notar cómo la Iglesia en Bolivia ha acogido las indicaciones para la adopción de nuevos criterios en la formación de jóvenes aspirantes al ministerio sacerdotal.

Me refiero expresamente a las importantes reuniones de S.E. Mons. Jorge Carlos Patrón Wong con los rectores de seminarios y con los obispos en esta misma sede.

La visita del Excmo. Arzobispo Secretario de la Congregación del Clero ha sido providencial en un momento de nuevas oportunidades para desarrollar con la coherente acción de todo el Episcopado, una pastoral aún más intensa en favor del fortalecimiento de las vocaciones.

También me alegra notar cómo la Iglesia siga celebrando el Año de la Vida Consagrada con numerosas y loables iniciativas destinadas a fortalecer la identidad misionera de los consagrados y de las consagradas en la vida del Santo Pueblo de Dios, y particularmente en Bolivia, donde su número es superior al de otras personas que consagran toda su vida al Evangelio.

Al final de esta Asamblea de la Conferencia Episcopal, ustedes se reunirán para tomar decisiones concretas en favor de la pastoral familiar, considerando en particular la manera de aplicar las más recientes disposiciones canónicas que el Papa Francisco ha promulgado para favorecer una más eficaz pastoral familiar, en sintonía con los tiempos modernos.

Espero que el fruto de muchas actividades e iniciativas de este intenso año pastoral puedan desembocar en el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. El Santo Padre Francisco nos ha pedido que la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios.

La iniciativa “24 horas para el Señor”, a celebrarse durante el viernes y sábado que anteceden el IV domingo de Cuaresma, y que el Papa pide incrementar en las Diócesis, puede ser una iniciativa de extraordinario vigor espiritual. De hecho, la ayuda de los sacerdotes se busca para que muchas personas se acerquen al sacramento de la Reconciliación, vuelvan al Señor, vivan un momento de intensa oración y redescubran el sentido de su vida, poniendo en el centro el sacramento de la Reconciliación, mediante el cual experimenten en carne propia la grandeza de la misericordia.

Al encomendar esta centésima Asamblea a la intercesión materna de la Virgen María, deseo que los frutos que se obtengan de ella sean para Bolivia fuente de verdadera paz interior. Muchas gracias.

Graciela Arandia de Hidalgo



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