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domingo 21 julio 2019
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Dios no vive en soledad sino en íntima comunión y comunicación de amor entre las tres Personas divinas, dice Monseñor Sergio

Este domingo la Iglesia ha celebrado la Solemnidad de la Santísima Trinidad y en nuestra Iglesia en Bolivia también se ha celebrado la Jornada de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) “un humilde pero significativo ejemplo de Iglesia comunión y comunidad al servicio del reino de Dios” señaló Monseñor Sergio Gualberti durante su homilía en la Catedral Metropolitana.

El Prelado aseguró que los cristianos “no solo hemos recibido la gracia de haber sido creados a imagen de la Trinidad, sino que también hemos sido “bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. El bautismo nos ha hecho hijos de Dios y miembros del nuevo Pueblo de Dios, llamados a vivir en comunión y comunidad de amor.

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPIO DE SANTA CRUZ

DOMINGO 16 DE JUNIO DE 2019

BASÍLICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR

Desde niños hemos aprendido en nuestras familias católicas las primeras oraciones y la Señal de Cruz acompañada con las palabras en las que fuimos bautismales: “En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, señal que repetimos a menudo en nuestra vida y no solo en las celebraciones litúrgicas. Con ella hacemos nuestra profesión de fe en el Padre, la primera Persona divina y en la obra admirable de la creación; en el Hijo, la segunda Persona divina y en el Misterio de la Redención de los hombres; y en el Espíritu Santo, la tercera Persona divina, fuente y principio de nuestra santificación.

Sin embargo, si alguien nos preguntara quien es Dios, apenas podríamos balbucear algunas palabras. La celebración de esta solemnidad de la Santísima Trinidad, es la oportunidad de conocer más en profundidad el misterio más importante de nuestra fe cristiana, el misterio de la comunión plena de un solo Dios en tres personas iguales y distintas. Y nosotros vamos a acercarnos a este misterio a la luz de la palabra de Dios y con humildad y maravilla. Humildad, porque la sola razón humana no puede entender este misterio y maravilla porque es admirable que Dios haya querido compartir con nosotros su propia vida íntima.

Por la Biblia, sabemos que Dios desde los inicios de la historia de la humanidad, se ha hecho conocer como aquel que creó el mundo, los seres vivientes y la humanidad. En particular, se manifestó a Israel, el pueblo elegido con quien estrechó su alianza, como el Dios providente, el Dios liberador y el Dios de la vida y de la historia, transmitiendo su ley y su palabra, a través de los profetas. Y, en la plenitud de los tiempos, Dios nos reveló el misterio de su ser a través de su Hijo y el Espíritu Santo, como dice la oración colecta de esta Eucaristía: ”Padre, que revelaste a los hombres tu misterio admirable al enviar al mundo la Palabra de Verdad y el Espíritu Santificador”. Jesucristo, la Palabra de Verdad, ha sido enviado para hacernos conocer que Dios es Padre y que Él es su Hijo único y que se ha hecho uno de nosotros para liberarnos de la esclavitud del pecado, elevarnos a la condición de hijos de Dios y congregarnos en el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia.

Saber qué podemos relacionarnos con Dios como Padre bueno que nos ama, que es providente, misericordioso y siempre dispuesto a perdonarnos, es la verdad y la gracia inestimable que nos libera de todo miedo y temor, y nos colma de confianza, alegría y paz.

Y desde su venida entre nosotros, Jesucristo se ha vuelto el único camino para llegar al Padre:Yo soy el camino”, el hermano que nos ama, el amigo cercano y fiel que, a través de su Espíritu, comparte nuestra vida y está a nuestro lado hasta el  final de la historia.  Al contar con su presencia, podemos caminar confiadamente hacia la casa del Padre entre los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de cada día: “No los dejaré huérfanos… El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que yo les he dicho”.

Es el Espíritu del Señor que nos hace partícipes del misterio de Dios que es amor, para que podamos conocerlo y amarlo personalmente lo que es más precioso que “saber cosas de Dios”. Por el mismo Espíritu del Señor conocemos que Dios no vive en una espléndida soledad y que es íntima comunión y comunicación de amor de las tres Personas divinas, fuente inagotable de amor que se entrega y se comunica con nosotros sus creaturas.

Ante este don maravilloso de Dios puede surgir en nosotros una pregunta: ¿Por qué Dios habrá querido revelarnos el misterio de su vida divina? En primer lugar porque nosotros tengamos conciencia de que su amor pleno y verdadero se irradia sobre nosotros sus hijos haciéndonos hermanos entre todos. Y en segundo lugar, para que nos conozcamos mejor a nosotros mismos, a nuestro propio ser: quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos, ya que nosotros hemos sido creados a imagen y semejanza de la Trinidad, de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Pero no solo hemos recibido la gracia de haber sido creados a imagen de la Trinidad, sino que también hemos sido “bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. El bautismo nos ha hecho hijos de Dios y miembros del nuevo Pueblo de Dios, llamados a vivir en comunión y comunidad de amor.

La prueba de que nosotros hemos sido creados y bautizados para vivir en comunión con Dios y con los demás, para amar y ser amados, es que somos felices y que nuestra vida se llena de sentido solamente cuando experimentamos y vivimos el amor verdadero.

Por eso, en nuestra vida cristiana estamos llamados a caminar juntos como hijos hacia el Padre guiados por el Espíritu del Señor, como dice San Pablo: “Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios” (Rom. 8,14). Dejarnos guiar por el Espíritu de Dios en todo momento y todos los ámbitos de la actividad humana, no por miedo, ni por interés, ni bajo una ley sin alma, sino como hijos en fidelidad al Amor que nos ha amado primera y gratuitamente.

Dejarnos guiar por el Espíritu de Dios, conlleva servir a la verdad y sacralidad de la vida, a las relaciones fraternas, a los derechos humanos y a la “dignidad infinita” de cada persona, a la justicia y a la equidad, y a la liberación integral del hombre. En pocas palabras, es hacer vida en nuestro trajín de cada día, las peticiones del Padre Nuestro: “Venga a nosotros tu Reino y hágase tu voluntad”.

Dejarnos guiar por el Espíritu de Dios que construye la  Iglesia – comunión, nos compromete a cada cristiano y a  todo el pueblo de Dios a trabajar por la unidad en la diversidad, donde todos estamos llamados a vivir en armonía poniendo cada cual sus dones, carismas y ministerios al servicio de la comunidad.

Por eso, en esta Solemnidad de la Santísima Trinidad, nuestra Iglesia en Bolivia celebra la Jornada de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) un humilde pero significativo ejemplo de Iglesia comunión y comunidad al servicio del reino de Dios. Al respecto, los Obispos en la Conferencia General de Aparecida, las han reconocido como “célula inicial de Iglesia y foco de fe y evangelización que recogen la experiencia de las primeras comunidades cristianas… y que despliegan su compromiso evangelizador y misionero entre los más sencillos y alejados, y son expresión visible de la opción preferencial por los pobres. Son fuente y semilla de variados servicios y ministerios a favor de la vida en la sociedad y en la Iglesia”.

Damos gracias a Dios por el compromiso de las CEBs en nuestra Iglesia y oramos para que sigan creciendo como signos visibles y alegres del misterio de amor de Dios Trinidad. “Señor, nuestro Dios, que admirable es tu Nombre en toda la tierra”. Amén.

Oficina de prensa del Arzobispado de Santa Cruz

Erwin Bazán Gutiérrez



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