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miércoles 11 diciembre 2019
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Conozcamos la leyenda de la “Mamita de Cotoca”

 

Campanas. La historia de la “Patrona del Oriente” es una de las historias que mas nos ha enriquecido en tradiciones dentro de nuestra cultura, por otro lado nos inspira a mantener viva la fé, impulsándonos a creer en los milagros de Dios.

Cuenta la tradición que los hermanos Barroso, esclavos mulatos de la hacienda Cortez, emprendieron huída hacia los montes de Asusaquí por el camino que lleva de Cotoca al río Grande. El escape respondía a una falsa acusación sobre el asesinato de un capataz y el castigo podría ser enfrentar la muerte. Ocurrió a mediados del siglo XVIII.

Se dice que llovió torrencialmente durante la noche, con viento, truenos y relámpagos, lo que obligó a los fugitivos a buscar leña para procurar una fogata que los ayudara a calentarse. En esa búsqueda tropezaron con un tronco que al ser golpeado con el hacha sonó hueco y ahí, los Barroso descubrieron un rostro moreno que los miraba desde el interior del tronco.

Era la imagen de la advocación a la Inmaculada Concepción de María, a quienes los mulatos rezaron y pidieron un milagro. Más tarde, decidieron regresar con ella a la hacienda y contarle a su madre, Elvira Barroso, lo sucedido. La sorpresa para ellos fue que su petición a los cielos había sido concedida, debido a que en su ausencia el culpable del crimen había confesado y pagaba por sus cargos.

Este relato, con pequeñas variaciones entre lo escrito por un historiador y otro, corresponde a la aparición de la Virgen de Cotoca y al milagro que rodea ese momento. Hernando Sanabria lo plasmó en su libro Tradiciones, Leyendas y Casos de Santa Cruz de la Sierra y Aquiles Gómez lo dejó escrito, aunque no publicado. Son las narraciones que más se acercan a lo que realmente pueda haber sucedido.

Sobreponiendo relatos, la leyenda narra que la imagen traída de Asusaquí fue guardada por los Barroso en la choza donde vivían. Allí llegaron sus primeros devotos para ver y pedir favores a la Virgen aparecida, instalada en un improvisado altar.

A la muerte de Elvira Barroso, sus deudos decidieron entregar la imagen al rico ganadero Redentor Roca y fue él quien se encargó de construir el primer velatorio, un santuario de adobe y techo de palma de motacú.

Años más tarde, los herederos de Roca levantaron un templo más grande. Este crecimiento se reflejó, también, en la fe de sus deudos y en el multiplicado número de feligreses que fueron llegando hasta su altar.

Rodeado de un sentido místico, la tradición refiere que la romería al Santuario, que se realiza cada 8 y 15 de diciembre, inició poco después de encontrar la imagen. Sin fecha específica, se dice que fue trasladada a Santa Cruz, pero desapareció durante la noche.

Al ser buscada se dio con ella en su altar de Cotoca. Se describe que tenía los pies llenos de tierra y se asegura que volvió porque allí pertenece. Ese es el motivo para que sus fieles hagan una caminata de más de 17 kilómetros, en petición o agradecimiento.

Fuente: Datos extraídos de página “El Deber”

Gabriel Bernal



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