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sábado 20 julio 2019
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Cómo vivir una buena Semana Santa

es.aleteia.org. Se acerca la Semana Santa y no me resisto a comentaros algunos detalles que a mí me ayudan en su vivencia y en su celebración:

  1. Vivir con intensidad toda la semana, desde el Domingo de Ramos hasta la Vigilia Pascual o la misa de Pascua del Domingo de Resurrección. Es una semana que tiene un comienzo y un final y conviene no perderse a mitad de camino y no vivir cada día o cada celebración como un momento estanco, separado de los demás.
  2. Comenzar la semana con fuerza el Domingo de Ramos, como antesala de la Pascua de Resurrección. Es domingo de triunfo. Recordar las palabras del Evangelio de Juan: la gente se agolpaba a recibirlo en Jerusalén porque se habían enterado de que había devuelto la vida a Lázaro. Ese es el triunfo de Jesús y por eso le aclamamos: porque es el Señor de la Vida.
  3. Escuchar con atención y, si es posible, ser uno de los lectores de la Pasión, tanto el Domingo de Ramos como el Viernes Santo. El relato trágico de las últimas horas de Jesús condensa todo el Misterio de la Pasión, de la Muerte y de la Resurrección. Contemplar el texto, empatizar con los personajes, llevarlo a nuestra vida y poner nombres y rostros a los apóstoles, al Jesús sufriente, maltratado y agonizante, a Pilato, a la Magdalena, a los ladrones…
  4. Leer o recibir alguna catequesis que nos ayude a centrar el sentido de cada día antes de acudir a las celebraciones. Profundizar desde otras miradas la importancia y la trascendencia de cada día.
  5. Disfrutar de la preciosa celebración de la Última Cena el Jueves Santo. Estar atentos al rito del Lavatorio y, en lo posible, participar del mismo si se puede. Interiorizar las tres palabras claves de esa “cena”: amor, servicio y Eucaristía. Llamar a personas que comparten la fe con nosotros, en comunidad, felicitándoles este día del amor fraterno. Llamar a algún sacerdote conocido y agradecerle su servicio a la comunidad, su ministerio, su vocación.
  6. Getsemaní. Que no se pase desapercibido lo que sucede esa noche en ese Huerto de los Olivos. Leer y meditar sobre ello.
  7. Hacer algún turno de vela delante del “Monumento” con la reserva del Señor. Hablar con Él. Es un momento de máxima compañía e intimidad, donde la preocupación, el sufrimiento de la vida, el dolor… puede tener un papel especial en la conversación.
  8. En estos días, es conveniente ver alguna película religiosa que nos ayude a pasar un rato en familia viendo y meditando la Pasión del Señor también a través del cine.
  9. Participar en algún Via Crucis y contemplar cada estación con ojos nuevos. Llevar a la vida cada instante, cada gesto, cada momento de ese Camino…
  10. Escuchar el silencio de Dios el Viernes Santo, tras un grito desgarrador. Escuchar su silencio también hoy. Contemplar su muerte también hoy.
  11. Abrazar la cruz con una carga importante de significatividad. Pocos gestos llevan en sí tanta carga simbólica como el abrazo a la Cruz el Viernes Santo. ¡Qué locura! ¿Seguro que estás dispuesto?
  12. Mirar un rato el sagrario vacío de la Iglesia y el altar despojado y pensar que están igual todas las iglesias del mundo. Dios calla.
  13. Estar atento en todos estos días a la riqueza que nos ofrece la liturgia, llena de colores, ritos, símbolos… La liturgia nos lleva magistralmente y nos conduce a la profundidad de lo que se celebra.
  14. Pasar un Sábado Santo tranquilo, en ambiente reposado. Participar de alguna procesión u oración.
  15. Celebrar la Vigilia Pascual la noche del sábado al domingo. Admirar la luz del Cirio que ilumina la noche y escuchar la fuerza del grito que clama Luz de Cristo. Participar con alegría del Pregón, del Gloria, del Aleluya y sentir con cada detalle que el Señor vive, que el Señor triunfa, que la Verdad gana, que la Esperanza permanece. Saborear la Liturgia de la Palabra y ver en tu vida tu propia historia de salvación.
  16. Llenar tus redes sociales de alegría, de aroma pascual, de blancura, de luz. Mandar whatsapps de felicitación y no dejar rincón donde no se perciba el encuentro con el Resucitado.
Graciela Arandia de Hidalgo



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