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miércoles 18 septiembre 2019
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¿Cómo elige Dios a una persona?

« ¿Quieres el mejor consejo de tu vida? Te sorprenderá  Aleteia/De las cosas que más valoro en esta vida hay una sin la cual no podría vivir: la dulce presencia de Dios. Es tan real que casi puedes palparla. Sabes que es Él. Te entra de pronto como una alegría que no se entiende. Un gozo que se desborda, un anhelo de correr a abrazar al pobre, perdonar, ser misericordioso.

Ocurre con más frecuencia cuando inicias tu búsqueda de Dios. Es como si te alentara a continuar, a no rendirte a mitad del camino.

Suelo decir que primero se vive de la gracia y después, de la fe.

Él te enamora, te llena con un amor que no es tuyo. Y sólo quieres pasar momentos a solas con Dios. La misa se vuelve indispensable.  Necesitas la comunión diaria, las horas de adoración eucarísticas ante el sagrario. Haces obras de misericordia. Es como si de pronto descubrieras un mundo luminoso, y quieres compartirlo con todos.

A veces siento una santa envidia por estas personas. Me escriben y me cuentan ilusionados sus vivencias.  He conocido a cientos que han pasado por estos momentos, cuando Dios los envuelve en su Amor.

Al tiempo, después que Dios te ha preparado, te suelta. Como un padre que ayuda a su hijo a dar los primeros pasos y de pronto lo deja andar por su cuenta. El padre a cierta distancia observa. Así hace Dios. Es su pedagogía. Siempre está pendiente de nosotros, sus hijos.

Un sacerdote amigo me dijo recientemente:

“Dios primero elige, después prepara”. 

“¿A quiénes escoge?” le pregunté.

“Eso es un misterio.  Moisés tenía dificultades para hablar. Muchos santos en sus inicios no lo fueron. Y algunos no querían cumplir la voluntad de Dios, como Jonás. Mira los pastorcillos de Fátima, eran unos niños sencillos. Él siempre da los medios y la fortaleza que necesitamos para la misión que encomienda”.

Conozco varias personas a las que Dios ha llamado y han respondido: “Aquí estoy, envíame”.  Han dado el paso más importante, están dispuestos, aunque  no saben con certeza qué quiere Dios de ellos, se preparan con la comunión diaria, la confesión frecuente... Viven experiencias asombrosas, una aventura espiritual que nunca soñaron.

¿Cómo elige Dios?  No me atrevo a asegurarlo…  Pero creo que tengo una respuesta. Ocurre cuando Dios envía a Samuel a buscar un sustituto para el rey Saúl.

“Yavé dijo a Samuel: “No mires su apariencia ni su gran estatura, porque lo he descartado. Pues la mirada de Dios no es la del hombre; el hombre mira las apariencias, pero Yavé mira el corazón”. (1 Samuel, 16,7)

Todo está en un corazón dispuesto, humilde, alegre y sencillo, que Dios siempre ve con agrado.

 

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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