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sábado 20 julio 2019
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Cómo alejar a los hijos de la influencia de Satanás

La primera estrategia es acercar a nuestros niños a Dios. Desde que el ser humano nace, la envidia de Satanás hace que él inicie sus más arteros ataques, y trata en lo posible de hacer que nos alejemos de Dios, por ello es importante estar alertas y acercar a los niños a Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: El mal designa la persona de Satanás, que se opone a Dios y que es «el seductor del mundo entero» (Ap 12, 9). (CCEC n.º 597).

“…el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El “diablo” [“dia-bolos”] es aquél que “se atraviesa” en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo (CEC n.º 2581).

“Homicida desde el principio, mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8, 44), “Satanás, el seductor del mundo entero” (Ap 12, 9), es aquél por medio del cual el pecado y la muerte entraron en el mundo y, por cuya definitiva derrota, toda la creación entera será “liberada del pecado y de la muerte” (MR, Plegaria Eucarística IV). “Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Engendrado de Dios le guarda y el Maligno no llega a tocarle. Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno” (1 Jn 5, 18-19):

El Señor que ha borrado vuestro pecado y perdonado vuestras faltas también os protege y os gua rda contra las astucias del Diablo que os combate para que el enemigo, que tiene la costumbre de engendrar la falta, no os sorprenda. Quien confía en Dios, no tema al Demonio. “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rm 8, 31) (S. Ambrosio, sacr. 5, 30) (CEC n.º 2852).

Este tipo de afirmaciones del Catecismo nos hacen saber que, desde que nacen, nuestros niños nacen en una zona de guerra entre el bien y el mal, pero no tiene por qué ser víctimas. No si sus padres se mantienen firmes en Cristo (2 Timoteo 2,4) y son ejemplo para ellos siguiendo sus mandatos.

Nuestra primera arma contra toda acechanza es la oración. “Sea nuestra ocupación un continuo llanto y una continua oración: estas son las armas celestiales con que perseveran y se defienden nuestras almas. Ayudémonos unos a otros con oraciones, y consolémonos con recíproca caridad en nuestros trabajos. Aquel que por la misericordia del Señor mereciere ir primero, conserve siempre en la presencia de Dios su caridad, para con sus hermanos, para implorar la clemencia divina a favor de los fieles que dejó en el mundo”. (S. Cipriano, carta 56 a Comelio, sent. 7, Tric. T. 1, p. 296.).

Segunda estrategia: Inculcarles principios, valores y autoestima. Es bueno orar por los hijos e inculcarles el hábito de la la oración, además orar por su protección espiritual, para que desarrollen hambre por las cosas de Dios y su Palabra, y se abone el terreno en sus corazones para recibirle. Una vez que lo hagan, la Biblia dice que tendrán el poder del Señor resucitado que reside dentro porque Dios mismo morará en ellos (Jn 14,23).

Satanás con sus acechanzas busca enturbiar sus corazones, minar su confianza y autoestima para que vivan como víctimas y no como vencedores. Para ello se vale de toda clase de fuentes externa, que van desde el entorno hostil; compañeros; la cultura y los medios de comunicación, de modo tal que se sientan miserables, indignos y sin amor.

Satanás busca minar la autoestima, de modo tal que para el niño su propia mente funcione contra él permitiéndole pensamientos negativos como: “No soy lo suficientemente bueno…; “no soy lo suficientemente bonito, popular, fuerte, etc., de manera tal que estos pensamientos negativos y autocríticos le hagan daño y le conduzcan incluso a la depresión, pensamientos suicidas, fatalismo, y la ira. Vivir en la esclavitud de la mentira a pesar de que fuimos creados para ser libres, para la paz y la alegría (Gálatas 5,1; Efesios 4:29).

Tercera estrategia: ayudarles a discernir lo importante para que así eviten dejarse seducir por las mundanas seducciones y placeres.

Se sabe que Satanás quiso desde un principio engañar al hombre y prometerle ser como Dios, es decir, que el hombre fuese dueño absoluto de su vida sin depender para nada de Dios, su creador. Estas tácticas no han cambiado. Satanás vive haciéndose sentir es susurrándoles sin descanso: ofreciéndoles miles de tentaciones, una de ellas es la atracción por lo esotérico.

Actualmente pululan series de televisión con contenidos esotéricos, llenos de contenidos violentos, de venganza, disfrazados de bondad u ocultos bajo medias verdades, es por ello que, desde un principio se debe ayudarles a tener una base firme en la fe.

El Catecismo de la Iglesia, al hablar sobre nuestro combate contra Satanás y sus mentiras nos dice:

Al pedir ser liberados del Maligno, oramos igualmente para ser liberados de todos los males, presentes, pasados y futuros de los que él es autor o instigador. En esta última petición, la Iglesia presenta al Padre todas las desdichas del mundo. Con la liberación de todos los males que abruman a la humanidad, implora el don precioso de la paz y la gracia de la espera perseverante en el retorno de Cristo. Orando así, anticipa en la humildad de la fe la recapitulación de todos y de todo en Aquél que “tiene las llaves de la Muerte y del Hades” (Ap 1,18), “el Dueño de todo, Aquél que es, que era y que ha de venir” (Ap 1,8; cf Ap 1, 4):

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo (MR, Embolismo). CEC n.º 2854.

Cuarta y más importante estrategia: Consagración de los hijos a María, la Madre de Jesús.

“La Consagración a la Madre de Dios”, dice el Papa Pío XII, “es un don total de sí mismo, para toda la vida y por toda la eternidad; y es un regalo que no es una mera formalidad o sentimentalismo, sino eficaz, que comprende la completa la intensidad de la vida cristiana -vida mariana”. Esta consagración, explicó el Papa, “tiende esencialmente a la unión con Jesús, bajo la guía de María”.

El Magisterio de la Iglesia refuerza esta posición del Papa Pío XII cuando nos dice: La victoria sobre el “príncipe de este mundo” (Jn 14, 30) se adquirió de una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte para darnos su Vida. Es el juicio de este mundo, y el príncipe de este mundo está “echado abajo” (Jn 12, 31; Ap 12, 11). “El se lanza en persecución de la Mujer” (cf Ap 12, 13-16), pero no consigue alcanzarla: la nueva Eva, “llena de gracia” del Espíritu Santo es preservada del pecado y de la corrupción de la muerte (Concepción inmaculada y Asunción de la santísima Madre de Dios, María, siempre virgen). “Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos” (Ap 12, 17). Por eso, el Espíritu y la Iglesia oran: “Ven, Señor Jesús” (Ap 22, 17. 20) ya que su Venida nos librará del Maligno (CEC n.º 2853).

¿Cómo consagrar los hijos a la Virgen? He aquí una forma sencilla de hacerlo, es preferible hacerlos yendo con ellos a la Iglesia y rezar juntos esta oración, auque también puede hacerse frente a una imagen bendecida de la Virgen, luego de haber rezado un rosario:

Consagración de un niño a María

Santa María, Madre de Dios y Madre de todos los fieles, pongo mi pequeño niño bajo su protección maternal. A ti te consagro totalmente a mi hijo, en cuerpo y el alma. Tómalo bajo tu cuidado y sostenle siempre. Protégelo en su infancia y mantenlo sano en cuerpo y alma. Guarda de su juventud y manten su corazón puro, sus pensamientos siempre en lo sagrado y dirigidas a Dios y las cosas de Dios. Protégele siempre a lo largo de su vida en sus alegrías y penas, en sus éxitos y fracasos, en sus relaciones con los demás. Siempre y en todas las cosas una verdadera Madre para él, María, y presérvale. Te lo encomiendo totalmente a ti. Recordada Madre María, que a través de este acto de consagración él se haga de una manera especial tu hijo, tanto como mío; guardarlo y mantenlo como tu Hijo verdadero. Amén.




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