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miércoles 18 septiembre 2019
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Canta Canta Pueblo de Dios, pidió el Cardenal Julio en su última intervención en la Celebración de Corpus Christi el año pasado

Amadísimos hermanos y hermanas ¿Por qué no empezamos este nuevo sermón cantando? “Canta, canta Pueblo de Dios”?, así realizó su última intervención el Cardenal Julio Terrazas,  en la celebración de Corpus Christi 2015  con un estadio abarrotado de files que en coro cantaron con nuestro querido Pastor boliviano que  hace 5 meses  partió a la casa del Padre.

MENSAJE DE CARDENAL TERRAZAS ARZOBISPO DE SANTA CRUZ

EN OCASIÓN DE LA FESTIVIDAD DE CORPUS CHRISTI 2015.

Amadísimos hermanos y hermanas:

¿Por qué no empezamos este nuevo sermón cantando “Canta, canta Pueblo de Dios”? (Los fieles presentes en el stadium interpretaron la primera estrofa del tema luego Cardenal Terrazas retomó la palabra)

¡Muy bien! Yo creo que todo este tiempo lo hemos vivido como una invitación a crecer en la alegría, en la solidaridad, han habido muchos acontecimientos de la Iglesia que nos han convocado, que nos han llamado, que nos han traído, por eso es que cantamos al Señor, pero no se olviden, los estoy haciendo repetir: “Canten, canten Pueblo de Dios”. “Bailen, Bailen”, lo dicen otros. Ya no soy yo el que los invita, pero si alguno quisiera expresarse también así, expresar su amor a Dios y al prójimo con esa alegría que nos invita el Papa Francisco, hacer de la buena noticia, hacer de la persona de Cristo, no un mensaje de amargados sino de gente que se siente feliz, que siente que el Señor lo llama, no para estar mirando un partido de futbol solamente, sino para salir a las calles, a las casas, a las escuelas, a las universidades, a los hospitales, para llevar la única esperanza que no defrauda, la única esperanza que desbarata las baratas esperanzas que se siembran constantemente.

Bien mis hermanos, hoy es Cristo el que nos llama, hoy es Cristo que vuelve a recordarnos que el camina con nosotros y que su palabra tiene que hacerse eficaz y se hace signo real y presente en la Eucaristía. Ese es el orgullo de nuestra Iglesia, tener a su Señor tan cerca, tenerlo tan a la mano y tenerlo siempre diciéndonos palabras que alientan.

Perdonen si un minuto paso delante de ustedes como un profesor, como un maestro, creo que pasado mañana es su fiesta ¿No es cierto? A ver si me merezco que me metan también en ese grupo, porque el maestro es el que recuerda (aplausos). El maestro es el que recuerda, el maestro es el que enseña, el maestro es el que da su vida, el maestro es el que sabe que su existencia no tiene sentido si no es capaz de convertirla inteligenciad e sus alumnos, no en un receptáculo de mentiras y medias verdades sino una fuente de vida, para que esa vida a través de la profesión pueda llegar a todos los rincones del país, Por esa sencillez de nuestros maestros de todo el país, pero especialmente de todo los que viven y comparten con nosotros las alegrías y tristezas de esta tierra.

Cuando nos hacen cardenales (va la segunda lección) cuando los crean cardenales, el Santo Padre nos recuerda en una de las oraciones, Cardenal no es el que lleva unos vestidos que llaman la atención, yo me he puesto la sotana roja, primero porque es fiesta, segundo porque la Bolivia se nos puede acabar y no voy a tener el gusto como el P. Miguel un alba de colores, por eso me he puesto, además que la fiesta es fiesta y hay que realizarla, pero el papa nos recuerda a los cardenales: El rojo significa entregar la sangre, morir por Cristo y por la Iglesia, entregar su vida para que ella tenga vida, entregar la existencia para que la existencia sea considerada en toda su dignidad, no como un gesto de limosneros que piden un pedazo de pan material, sino como el gesto de aquel que ha comprendido que Dios nos quiere dar alimento hasta la vida eterna.

Felices ustedes si por mi nombre también los sacrifican, también les quieren privar de libertad, también los quieren arrinconar para que no hablen, también se hace toda una persecución clandestina a fin de que Cristo no siga presente en nuestra sociedad, a fin de que Cristo no esté listo a responder a aquellos que esperan en el Señor y esperan en la vida.

Mis queridos hermanos (aquí va la tercera lección que quiero compartir) Ustedes saben que yo he estado por ahí en un hospital, me he dado cuenta que es verdad porque me arrastra la sotana, lo que quiere decir que algunos kilos de menos tengo, gracias a Dios no tengo que hacer tanta gimnasia para disminuir, pero yo vengo a decirles que ustedes son parte extraordinaria de este restablecimiento, Dios el Padre que cuida a sus hijos, la Iglesia que cuidad de sus hermanos y el que les habla ha sido padre, hermano y maestro para todos y todas ustedes (aplausos)

Lo que pasa es que a mí me siguen sacando sangre, a Ustedes no, por ejemplo ahora después de esta hermosa celebración tendré que ir a buscar algún técnico especializado, que saque la sangre para conocer cómo va la vida, qué hermoso, ojalá pudiéramos aprovechar el dolor, el sufrimiento la enfermedad que muchas veces nos azota, solapadamente o abiertamente, ojalá que podamos descubrir siempre a ese Dios que nos quiere llenos de vida y vida abundante para seguir dándola y ofreciéndola constantemente a todo nuestro pueblo.

Agradezco que me hayan permitido jugar esta tarde aquí, en las bases como se dice, antes estaba allá donde está el Arzobispo, pero muchas veces no veía todo, ahora he visto y he podido admirar el amor la entrega el entusiasmo. Un pueblo que tiene entusiasmo, es un pueblo que no tme a la muerte ni a ningún sepulcro que puedan inventar los soberbios de este mundo.

Gracias Señor Arzobispo, Mons. Braulio, P. Ezequiel el Vicario General, no sé si lo conocen, pero si me hubieran llevado allá (señala a la testera) el P. Ezequiel estaría aquí predicándoles desde este momento.

Bendito sea Dios que nos ha reunido, Bendito sea el Señor que sigue entregando su cuerpo y su alma para que nuestro cuerpo y nuestra alma no sean templos del mal y prostituidos a cualquier precio sino sean el espacio en el que Dios Padre respira, el Dios Hijo entrega su vida y el Espíritu va conformándonos a imagen y semejanza de su padre.

Gracias hermanos y hermanas y continuemos con la celebración.

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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