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domingo 20 septiembre 2020
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Arzobispo rezó el rosario en el Plan Tres Mil y expresó su solidaridad y cercanía con los hermanos que sufren a causa de la pandemia

Campanas. Hoy fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti, llegó hasta el Templo Chiquitano, “San Oscar Arnulfo Romero y Santa Mónica “, del Plan 3000, plaza del Mechero para rezar el Santo Rosario y expresar su cercanía y solidaridad con todos los hermanos y hermanas que viven en esta populosa zona y sufren a causa de la pandemia del Covid – 19. Elevaron sus fervientes oraciones a la Virgen María, nuestra Madre para que sane las heridas y traiga alivio y consuelo a nuestro pueblo agobiado por el dolor y el sufrimiento causado por la pandemia del coronavirus.

El rezo del Santo Rosario fue presidido por Mons. Sergio Gualberti,y acompañaron; Mons. René Leigue, Obispo Auxiliar y los Sacerdotes: el P. Pedro Bonanoni, Párroco de esta comunidad, el P. Iver Ochoa, Vicario Parroquial, el P. Hugo Ara, Vicario de Comunicación, el P. Mario Ortuño, Capellán de Palmasola y el Padre Roberto Battel, Párroco de la Parroquia Nuestra Señora de los Ángeles del Quior.

En este rosario también oraron por las intenciones del Papa Francisco para que el Señor resucitado le conceda la gracia y la fortaleza de seguir guiando a la Iglesia por el sendero de la fe y especialmente nos anime en la esperanza en este tiempo de pandemia.

Al concluir el Santo rosario, Monseñor Sergio Gualberti rezó la oración que el papa Francisco hizo el sábado 30 de mayo en el rezo mundial del Rosario, para pedir a la Virgen por el fin de la pandemia de coronavirus y rezar por los enfermos, los fallecidos y sus familiares, así como por todos los profesionales y voluntarios que luchan contra la enfermedad.

Una oración que llegó muy profundamente en mi vida dijo el Arzobispo, es también una meditación que nos llama a la conversión y nos llama al compromiso personal de todos nosotros, compromiso de nuestra Iglesia y compromiso de nuestra sociedad.

Bajo tu Amparo nos acogemos Santa Madre de Dios no desprecias nuestra súplicas en las necesidades, más bien líbranos de todo peligro ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios».
En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.

Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos. Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.

Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.

Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.

Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.

Oh María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.
Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

Graciela Arandia de Hidalgo



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