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lunes 8 agosto 2022
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Arzobispo: “Que el Espíritu nos dé la fortaleza para ser Cristianos verdaderos y sinceros con nosotros mismos y con Dios”

Campanas. Este domingo 26 de junio en su primera misa dominical como Arzobispo Metropolitano de Santa Cruz de la Sierra, Mons. René Leigue Cesarí, pidió que el Espíritu nos dé la fortaleza para ser Cristianos verdaderos y sinceros con nosotros mismos y con Dios. VIDEO.

Así mimo nos exhortó a ser tolerantes con nuestro  prójimo, no podemos responder al mal con el mal, dijo.

Es la palabra del Señor, la que nos indica que hay que hacer, escuchémosle

Tengamos en cuenta esa enseñanza del Señor y pongámoslo en práctica, cuántas veces el Señor no habla, hay que comportarse de tal manera, hay que hacer el bien y nosotros a veces reaccionamos de otra manera, por eso es que decimos, es esta la palabra del Señor, es él, el que nos habla, es él, el que nos indica que hay que hacer, escuchémosle.

  El que sigue al Señor está comprometido a ser coherente entre la fe y la vida.

El Señor también en el Evangelio nos dice, aquel que le sigue, o aquel que tiene esa decisión de seguirle, pues hay que seguir adelante, no hay que mirar atrás, porque el que sigue al Señor sabe que se va comprometer a algo serio, y sabe que está comprometido a ser coherente entre la fe y la vida.

Dice el Señor: “el que me sigue no tiene que mirar atrás, porque el que mira atrás va cambiar su compromiso, y no es digno del Reino de Dios”

 No podemos ser esas personas que aquí dentro del templo seamos personas de fe y saliendo de aquí nos transformemos. El Señor dice no, quiero coherencia y aquel que me sigue no tiene que mirar atrás, porque el que mira atrás va tener otra manera de pensar y va cambiar su compromiso, y esa persona que mira atrás y cambia su compromiso, no es digno del Reino de Dios.

En esa libertad que el Señor nos ha creado, es para amar al prójimo, ama a tu prójimo y ámalo como es.

Entonces en esa libertad es que nos llama el Señor y esa libertad que el Señor nos da también con la cual nos ha creado, como dice la lectura también, es para amar al prójimo, en esa libertad que tú tienes, ama a tu prójimo y ámalo como es. No solamente tienes que amarlo y tenerlo en cuenta de acuerdo con lo que tu ves, a tu conveniencia. Como es de mi grupo entonces lo tengo en cuenta…”, “Como habla lo que yo quiero escuchar, es parte de mi grupo…”, y aquellos que no hablan lo mismo, aquellos que no son del grupo ¿qué son? ¿No son hermanos? ¿No son hermanas? Entonces Dios también nos llama a eso, siéntete libre para hacer realmente lo que te corresponde como persona, pero todos merecemos respeto en esa libertad que el Señor nos ha creado, no para hacer lo que nos parece, no para hacer lo que nos conviene solamente.

San Pablo dice en esta comunidad y nos dice también a nosotros: “Yo les exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios y así no serán arrastrados por los deseos de la carne”. Déjese guiar por el Espíritu de Dios, déjese conducir por el Espíritu de Dios, porque la carne desea contra el Espíritu y ambos nos son compatibles. Eso es la carne, solamente mirarnos a nosotros mismos y es ir contra aquel que no piense igual que yo, porque me estoy mirando a mí mismo.

Cuando nos dejamos guiar por el Espíritu, San Pablo también dice, si nos dejamos guiar por el Espíritu, entonces los frutos del Espíritu es el amor, es la comprensión, es la solidaridad, es el respeto al otro, ahí se manifiesta y por eso dice “Es en esa libertad que hay que amar al prójimo como a ti mismo…”. Si de verdad dejamos actuar al Espíritu y hacemos que dé frutos y frutos verdaderos en nosotros, entonces seguro que miramos a la otra persona no con esa ansia a lo mejor de siempre tener ese deseo de hacerle el mal. Siempre miraremos sus necesidades y haremos que, así como tiene sentimientos la otra persona, también yo los tengo, así como a mí no me gusta que me digan algo negativo, también al otro es lo mismo… Entonces el Señor, desde San Pablo nos pide eso: “Déjese guiar por el Espíritu”.

Que el Señor nos acompañe y que de verdad podamos hoy reflexionar talvez sobre la propuesta que nos da el Señor: “El que me sigue va adelante y no tiene que mirar atrás porque de lo contrario no es digno del Reino de Dios”.

GALERÍA FOTOGRÁFICA

Fotografías: Valeria Ángel Marín – Diakonía

Homilía de Mons. René Leigue, Arzobispo de Santa Cruz

26/06/2022

Te Seguiré a donde vayas, hemos escuchado esta frase en el Evangelio, tengan buen día especialmente a los hermanos que nos siguen por los medios de comunicación, especialmente a los enfermos, las personas que no pueden salir de casa, para ellos el saludo y seguro que están atentos para escuchar lo que el Señor les dice.

Creo que el Señor cuando nos dice algo, es porque él siente, que es algo que nos tiene que llamar la atención a todos nosotros, hemos escuchado el Evangelio, Jesús  camino a Jerusalén y en ese camino a Jerusalén manda a sus discípulos para que le preparen la bienvenida, pero en Samaria  encontraron que no podían hospedar a Jesús, pero como cualquier reacción de cualquier persona, al no haber un  espacio para Jesús, imagínense era Jesús que quería alojarse en algún lugar. Pero que hacen los discípulos, esa reacción, ¡quieres que hagamos caer fuego sobre ellos!, creo que esta es la reacción de nosotros también, frente a algunas cosas que no nos cae bien, reaccionamos también de esa manera, queremos a veces pagar mal por mal, si hicieron esto, que también sufran los mismo.

 Y cuántas veces escuchamos también esto, cuando hay problemas, dificultades y como no también cuando hay alguna muerte de un familiar, la reacción de familiar es lo mismo, que paguen igual, que hagan lo mismo con ellos, son reacciones humanas. ¿Pero que hizo Jesús aquí con sus discípulos? Jesús los reprendió diciendo, no se solucionan los problemas haciendo lo mismo, o respondiendo de la misma manera, cargando con lo que quieren hacer contigo.

 Esa frase de Jesús con que la reprendió a sus discípulos, nos hace ver también a nosotros que tenemos que ser tolerantes, no podemos nosotros responder de la misma manera, con aquellos que reaccionan así tan fuerte, donde no se ve el respeto a la persona como tal. Y en nuestra realidad vivimos muchas de estas situaciones.

Cuando hablamos de la palabra del Señor, hablamos de que es él, el que nos está indicando qué tenemos que hacer, de qué manera manejar la situación, de qué manera afrontar una realidad negativa, y cuanto más, si somos nosotros discípulos, si quieren ser mis discípulos, o son mis discípulos, entonces compórtense como tal. Nosotros somos los discípulos del Señor, y a nosotros nos está diciendo el Señor, hay muchas cosas que ustedes están viviendo, hay mucha tención en ustedes y a veces la impotencia nos hace reaccionar de alguna manera para decir; hay que hacer lo mismo, si ellos se han comportado así, hay que castigarlos igual, el Señor nos  dice no, hay que mostrarle la otra parte, de  que si ellos se comportan así hay que decirle que no es la manera de hacerlo.

Tengamos en cuenta esa enseñanza del Señor y pongámoslo en práctica, cuántas veces el Señor no habla, hay que comportarse de tal manera, hay que hacer el bien y nosotros a veces reaccionamos de otra manera, por eso es que decimos, es esta la palabra del Señor, es él, el que nos habla, es él, el que nos indica que hay que hacer, escuchémosle.

El Señor también en el Evangelio nos dice, aquel que le sigue, o aquel que tiene esa decisión de seguirle, pues hay que seguir adelante, no hay que mirar atrás, porque el que sigue al Señor sabe que se va comprometer a algo serio, y sabe que está comprometido a ser coherente entre la fe y la vida.

Dice el Señor: el que me sigue no tiene que mirar atrás, porque el que mira atrás va cambiar su compromiso, y no es digno del Reino de Dios.

 No podemos ser esas personas que aquí dentro del templo seamos personas de fe y saliendo de aquí nos transformemos. El Señor dice no, quiero coherencia y aquel que me sigue no tiene que mirar atrás, porque el que mira atrás va tener otra manera de pensar y va cambiar su compromiso, y esa persona que mira atrás y cambia su compromiso, no es digno del Reino de Dios.

El Señor es exigente con nosotros, el Señor quiere que, si le seguimos vamos adelante, dificultades no van a faltar, eso mismo nos dice; Quien me sigue tendrá dificultades, pero sean perseverantes, hay que ir adelante porque yo estoy con ustedes. En ese seguimiento el Señor, Él  nos quiere que lo sigamos, pero no que los sigamos obligados o que hagamos las cosas por tradición que eso también es otra cosa que nos impide ser esa persona decidida a seguir al Señor, Él quiere que lo hagamos en libertad, Él nos ha creado libres y esa libertad Él quiere que lo sigamos y de esa libertad nos habla aquí San Pablo, le dice a la comunidad de Galacia que ellos se sientan libres para hacer las cosas, manténganse libres ustedes han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esa libertad no sea un pretexto para satisfacer sus necesidades”.

Cuantas veces nosotros hablamos de libertad, pero cuando hablamos de libertad queremos hacer lo que nos parece y esa no es la libertad que el Señor quiere. Cuando hablamos de esa libertad y yo soy libre para decir las cosas y a mí nadie me va a decir lo contrario porque yo quiero hacer lo que yo quiero”, cuántas veces escuchamos esas frases. Aquí San Pablo dice ¡no!, la libertad no va por ahí. Ser libre es tomar en cuenta también al otro, no puedo yo invadir la libertad del otro, yo tengo mi espacio, soy libre puedo decir las cosas, pero no puedo entrar en el espacio del otro.

Entonces en esa libertad es que nos llama el Señor y esa libertad que el Señor nos da también con la cual nos ha creado, como dice la lectura también, es para amar al prójimo, en esa libertad que tú tienes, ama a tu prójimo y ámalo como es. No solamente tienes que amarlo y tenerlo en cuenta de acuerdo con lo que tu ves, a tu conveniencia. Como es de mi grupo entonces lo tengo en cuenta…”, “Como habla lo que yo quiero escuchar, es parte de mi grupo…”, y aquellos que no hablan lo mismo, aquellos que no son del grupo ¿qué son? ¿No son hermanos? ¿No son hermanas? Entonces Dios también nos llama a eso, siéntete libre para hacer realmente lo que te corresponde como persona, pero todos merecemos respeto en esa libertad que el Señor nos ha creado, no para hacer lo que nos parece, no para hacer lo que nos conviene solamente.

San Pablo dice en esta comunidad y nos dice también a nosotros: “Yo les exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios y así no serán arrastrados por los deseos de la carne”. Déjese guiar por el Espíritu de Dios, déjese conducir por el Espíritu de Dios, porque la carne desea contra el Espíritu y ambos nos son compatibles. Eso es la carne, solamente mirarnos a nosotros mismos y es ir contra aquel que no piense igual que yo, porque me estoy mirando a mi mismo.

Cuando nos dejamos guiar por el Espíritu, San Pablo también dice, si nos dejamos guiar por el Espíritu, entonces los frutos del Espíritu es el amor, es la comprensión, es la solidaridad, es el respeto al otro, ahí se manifiesta y por eso dice “Es en esa libertad que hay que amar al prójimo como a ti mismo…”. Si de verdad dejamos actuar al Espíritu y hacemos que dé frutos y frutos verdaderos en nosotros, entonces seguro que miramos a la otra persona no con esa ansia a lo mejor de siempre tener ese deseo de hacerle el mal. Siempre miraremos sus necesidades y haremos que, así como tiene sentimientos la otra persona, también yo los tengo, así como a mí no me gusta que me digan algo negativo, también al otro es lo mismo… Entonces el Señor, desde San Pablo nos pide eso: “Déjese guiar por el Espíritu”.

Que el Señor nos acompañe y que de verdad podamos hoy reflexionar talvez sobre la propuesta que nos da el Señor: “El que me sigue va adelante y no tiene que mirar atrás porque de lo contrario no es digno del Reino de Dios”.

Que el Señor nos acompañe y que el Espíritu nos dé esa fortaleza para ser esos Cristianos verdaderos y sinceros con nosotros mismos y con Dios.

Que así sea

 

 

 

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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