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miércoles 27 septiembre 2023
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Arzobispo: “Perdona y serás perdonado, aquel que es capaz de perdonar, siente alegría…Esa alegría que da Dios”

Campanas 17 de septiembre 2023.- La misa dominical fue presidida por Mons. René Leigue Cesari-Arzobispo de Santa Cruz de la Sierra, en la Basílica Menor de San Lorenzo-Catedral Metropolitana, el Arzobispo dijo en su homilía: “Perdona y serás perdonado, aquel que es capaz de perdonar, siente alegría…Esa alegría que da Dios” y también nos dice: “Que podamos dejar de lado aquella soberbia, aquel orgullo que no nos deja avanzar y podamos ver al otro como hermano”

Concelebrada por el Obispo Auxiliar Mons. Estanislao Dowlaszewicz, OFM Conv., que retorno de Polonia, el Vicario de Comunicación y Rector de la Catedral, P. Hugo Ara y el P. Osvaldo Peña, asistieron los feligreses de Santa Cruz.

Al finalizar el Rector de la Catedral, anuncia que el próximo domingo se realizará el TEDEUM a las 9:00 de la mañana y en esta oportunidad se entregará la Ley Departamental que declara Patrimonio Cultural a la Casa de todos, Casa Madre, la Catedral de Santa Cruz. 

¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano?, la pregunta de Pedro hoy, a lo mejor también la pregunta de nosotros.

“La corrección, con el perdón”

“¿Por qué ustedes ponen límite? Es decir, hay que perdonar siempre”

“Aquel que es capaz de perdonar, siente la alegría…Esa alegría que da Dios”

“El rencor, la rabia, la ira, es igual patrimonio del pecador”

“Si perdonamos, el Señor también nos perdona

“¿Cuántas veces tengo que perdonar? La respuesta de Jesús es siempre, setenta veces siete”

“Si yo quiero justicia, si yo quiero perdón, entonces trataré de hacer las cosas diferentes y mejor”

“Buscamos paz, pero ¿de qué manera?, el diálogo es importante, pero si no saca uno, eso que tiene dentro y bota a un lado para buscar esa unidad que queremos”

“Perdona y serás perdonado”

“Papa Francisco nos dice, Dios siempre perdona y no se cansa de perdonar”

“Si tú perdonas y si el otro no es capaz de decir perdón, tú te sentirás mejor, porque tú has perdonado de corazón, no solamente de boca”

“¿soy capaz de perdonar yo?… el Señor nos ha hecho capaces de amar y perdonar”

“¿Por qué hay tanta maldad?… ¿Por amor? … No, por venganza, por odio, por envidia”

“Todos necesitamos vida y para que tengamos vida el agua es fundamental”

“Que podamos dejar de lado aquella soberbia, aquel orgullo que no nos deja avanzar y podamos ver al otro como hermano, como hermana, como hijo de Dios y como familia que somos”

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Homilía Arzobispo Metropolitano de Santa Cruz de la Sierra

Mons. Rene Leigue Cesari

Domingo 17 de septiembre 2023

 Basílica Menor San Lorenzo Catedral Metropolitana

 

¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano?, la pregunta de Pedro hoy, a lo mejor también la pregunta de nosotros.

“La corrección, con el perdón”

Recuerdan el anterior domingo, nos hablaba el señor de la corrección fraterna, que había que hablar con aquel que tenemos diferencia, sin ir más allá. Si hay problemas con alguien, había que acercarse para dialogar.

Hoy, sigue la lectura hablándonos de este tema. La corrección, pero más allá, con el perdón. Por eso, lo que hemos escuchado en el Evangelio, esa pregunta de Pedro, ¿Cuántas veces tengo que perdonar? Él pone un número, siete veces, sabemos qué en la Biblia, el número siete es un número perfecto. Y Pedro, como que quería ser generoso, le dijo siete, ya, la perfección, yo creo que está bueno, diría Pedro, pero Jesús va más allá todavía, Él le dice no solamente siete, sino setenta veces siete. ¿Qué quiere decir Jesús con esto? es decir, el perdón siempre, no va a poner número, no va a poner límite, sino el perdón siempre tiene que estar. Y eso lo manifiesta, pues, en Él mismo, Dios siempre perdona. Entonces, si Él perdona, ¿por qué nosotros tenemos que poner límite?

“¿Por qué ustedes ponen límite? Es decir, hay que perdonar siempre”

Eso lo está diciendo Jesús, Si Dios siempre perdona, ¿por qué ustedes ponen límite? Es decir, hay que perdonar siempre. Y esta es una de las cosas, pues, que nos cuesta a nosotros hacerlo, pensarlo, a lo mejor lo pensamos, pero llevarlo a la práctica, ¿cuántas veces ponemos pero al perdón?

“Aquel que es capaz de perdonar, siente la alegría…Esa alegría que da Dios” 

Y pensar que cuando hay perdón, hay paz, cuando hay perdón, hay amor. cuando hay perdón, hay alegría. No sé si ustedes han dado cuenta, algunas personas que, siempre están pensando mal de otro, que siempre están pensando mal de otro, hablan mal de los demás. Y se la ven siempre así, aburrida, por eso, porque el rencor, la rabia, el no perdonar, eso le lleva a mirar siempre mal a los demás. Entonces, aquel que es capaz de perdonar, siente la alegría. Esa alegría que da Dios, y esa alegría de sentirse libre de culpa. Sentir la alegría de que ha perdonado, ha sido capaz de perdonar. Aquí Señor nos habla de eso. Él quiere que experimentemos esa alegría, esa alegría de estar con Dios. Y esa alegría de poder mirar y estar también con el prójimo. Que a veces hasta eso nos cuesta. Nos cuesta estar con el otro, porque no siempre estoy de acuerdo con esta persona, peor si le tienes rabia, le tienes rencor, no se vive de esa manera. ¿Y cuántas personas no vivirán así? ¿Cuántas personas enfermas de rencor? Enfermas de llevar ese peso, puede ser ese peso de conciencia, pero no es capaz de dar ese paso más allá.

“El rencor, la rabia, la ira, es igual patrimonio del pecador”

Escuchamos en la primera lectura, ves que lo que nos dice. El rencor y la ira son abominables. Y ambas cosas son patrimonio del pecador. Patrimonio del pecador, ¿se imagina eso? Ser patrimonio material, sabemos qué es. Que tenga un poco, para vivir. Pero el rencor, la rabia, la ira, es igual patrimonio del pecador. Si lleva todo esto en su vida, lo tiene ahí, para sí mismo. El hombre vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de todos sus pecados, es lo peor, ser vengativo. La venganza sabemos que muchas veces no es que me la han hecho a mí, la han hecho a otros. Pero como yo soy vengativo, entonces cargo con eso y me estoy vengando siempre a los demás. Estoy siempre reprochando a los demás de aquello que no tiene culpa a lo mejor. Hay personas que llevan esa venganza en su vida, pensando siempre en vengarse a los demás. Llevan eso de no perdonar.

“Si perdonamos, el Señor también nos perdona

Triste a veces que algunos llevan meses, años con rencor en su corazón, con esas ganas de venganza. Llevan hasta tres años, cinco años, cincuenta años o hasta, como escuchamos a veces, quinientos años. ¿Qué tiene que ver todo esto, quinientos años atrás y que sigue todavía eso, se sigue pregonando, hoy en día. Con esas ganas de venganza, porque antes ustedes eran así, ahora tienen que pagar esto. Buscando siempre cómo dañar, cómo molestar. Y creo que esto es lo que dice aquí el Señor, Si es consciente esta persona, entonces debería sentir también, porque dice el hombre vengativo, si es consciente de eso, sufrirá. Pero el Señor siempre lo tendrá en cuenta, estas cosas negativas. Perdone el agravio a tu prójimo, y entonces cuando ores serán absuelto de sus pecados. Si perdonamos, el Señor también nos perdona. Porque no tiene sentido acercarse al pedir perdón, por ejemplo, a Dios, si es que nosotros no perdonamos. No tiene sentido. Podemos estar delante del Señor ahí llorando nuestros pecados, derramando lágrimas, para que el Señor me perdone. Pero si yo no soy capaz de perdonar, seguiré igual, seguiré igual, sufriendo. Entonces creo que esto dice aquí el Señor, si el hombre perdona, Dios nos perdona.

“¿Cuántas veces tengo que perdonar? La respuesta de Jesús es siempre, setenta veces siete”

¿Cómo estamos nosotros? Hoy, el Señor que nos habla del perdón, y nos pone ejemplo, en el Evangelio, cuando ante la pregunta de Pedro, ¿cuántas veces tengo que perdonar? La respuesta de Jesús es siempre, setenta veces siete. Y pone ese ejemplo ahí de este Señor que le debía rey, y él quiso ajustar cuenta con este Señor. Él debía diez mil denarios, Él quiere ajustar cuenta con él. Lo llama para ver qué hacer, cómo me vas a pagar. Y el Señor a él le suplica, por favor, perdóname. Perdóname, perdóname, porque el rey parece que era demasiado la cuenta, que no había posibilidad que él pague, entonces quería vender todo su bien, inclusive hasta la misma familia quería venderla para hacerse pago de eso. Él pide perdón. Y el rey le perdona.

Pero este Señor saliendo de ahí, de recibir el perdón del rey, ¿qué hace? Se encuentra con uno de sus amigos que le debía cien. Esto es una diferencia, de diez mil a cien. ¿Y qué hace él? Lo agarra el cuello y quiere que le pague. Y este Señor de ahí está bien, perdona, yo te lo voy a pagar, pero paciencia, que te lo voy a pagar todo. Él no quiso escuchar. Esa es la mentalidad de algunas personas. Que quieren ser perdonados, pero jamás perdonan.

“Si yo quiero justicia, si yo quiero perdón, entonces trataré de hacer las cosas diferentes y mejor”

Cuántas veces escuchamos en la sociedad eso, que siempre reclaman que no se han tomado en cuenta, que nunca le han perdonado nada, que han sido marginados. En fin, tantas cosas pueden decir. Pero piden justicia, piden que le perdonen. Pero hacen lo mismo o peores cosas todavía, por ejemplo, no hay personas que quieren reivindicarse, quieren que se los tomen en cuenta, piden justicia por todo, pero andan pintarrajeando todo, la iglesia viene y nos echan pintura, pidiendo justicia, pidiendo que se les perdone, ¿es la manera de hacerlo?. Si yo quiero justicia, si yo quiero perdón, entonces trataré de hacer las cosas diferentes, y mejor, para demostrar que realmente yo quiero y yo lo estoy practicando de esa manera. Yo no puedo pedir perdón, no puedo pedir justicia, haciendo lo mismo o peor todavía las cosas.

“Buscamos paz, pero ¿de qué manera?, el diálogo es importante, pero si no saca uno, eso que tiene dentro y bota a un lado para buscar esa unidad que queremos”

Entonces el Señor aquí nos muestra eso, con este ejemplo de este Señor que fue perdonado, pero Él nos perdonó. Entonces hoy, el Señor nos invita a nosotros nuevamente a mirar nuestra vida. ¿Cuántas veces pedimos paz? Pedimos unidad. ¿Pero cuál es el condimento para que haya esto? Es el perdón. Si no hay perdón, no hay unidad. Porque pueden sentarse ahí juntos para dialogar, buscar solución, pero se están mirando mal. Y el orgullo muchas veces de uno no le deja avanzar más allá. Entonces se queda siempre en el problema. Entonces se queda siempre en el problema. Buscamos paz, pero ¿de qué manera, el diálogo es importante, pero a lo mejor no es suficiente si no saca uno eso que tiene dentro y bota a un lado para buscar esa unidad que queremos. Queremos paz, pero con insultos no vamos a encontrar la paz. Entonces también hay que sacar eso de dentro, sacar y botar eso que nos impide acercarnos al otro. El orgullo muchas veces que tenemos. La soberbia, muchas veces es la soberbia que nos lleva a cometer tantos errores.

“Perdona y serás perdonado”

Hoy, el Señor nos habla de este tema, del perdón. Perdona y serás perdonado, el Señor nos dice. El Señor nos dice, ama y serás amado. Lo mismo nos puede decir, insulta y serás insultado. Porque eso es lo que se vive, cuando se insulta también lo insultan a uno. Si uno ama también lo respetan. Si uno perdona seguro que también recibe perdón. ¿Y cuánto más de Dios?

“Papa Francisco nos dice, Dios siempre perdona y no se cansa de perdonar”

El Papa Francisco nos dice, Dios siempre perdona y no se cansa de perdonar. Somos nosotros que nos cansamos de perdonar, nos cansamos de amar inclusive porque vemos que el otro no se convierte, que el otro no da ese paso. Entonces si el otro no da el paso, ¿por qué yo tengo que hacerlo? Aquí tomemos en cuenta qué si yo quiero estar bien, soy yo el que tengo que dar el paso. Soy yo el que perdono. Si yo quiero estar bien, perdono. No me interesa si el otro va a perdonar o no, pero que yo perdone. Yo quiero estar bien, conmigo mismo, con mi conciencia. Si el otro acepta mi perdón, bienvenido. Si no, ya su conciencia del otro ya quedará.

“Si tú perdonas y si el otro no es capaz de decir perdón, tú te sentirás mejor, porque tú has perdonado de corazón, no solamente de boca”

¿Se recuerda el anterior domingo que nos hablaba de esto? Si tú sabes que alguien está mal, que alguien está haciendo malas cosas, y si tú no se lo dices, esa persona morirá, pero yo te pediré cuenta de eso. Porque tú sabías y no hiciste nada. Y si tú sabes de alguien que está haciendo malas cosas y se lo dices, esa persona morirá, pero tú salvarás, porque trataste de hacer algo. Si no se convirtió en otra persona, ya es culpa de ella. Yo sé también, hoy el Señor nos invita a esto: Si tú perdonas y si el otro no es capaz de decir perdón, tú te sentirás mejor, te sentirás bien, porque tú has perdonado y perdonado de corazón, no solamente de boca. Porque podemos también decir, ya te perdono para calmar solamente el momento. Sí, ya te perdono para calmar solamente el momento, pero no lo sentimos como tal.

“¿soy capaz de perdonar yo?… el Señor nos ha hecho capaces de amar y perdonar”

Hoy el Señor nos invita a reflexionar sobre esto, sobre el perdón. ¿Somos capaces de perdonar? Preguntémonos, ¿soy capaz de perdonar yo? Seguro que sí, todos somos capaces. Ahora que lo hagamos, o que nos dejemos vencer por el orgullo, la soberbia, eso es otra cosa. Pero sí el Señor nos ha hecho capaces de amar y perdonar. Eso no tenemos que olvidarlo. El Señor nos ha hecho capaces de amar y perdonar. Así como Él nos ama y así como Él nos perdona. No guardes rencor a tu prójimo. Piensa en la alianza del Altísimo, que pasa siempre por el Dios. Siempre por el Dios. Les invito a ustedes que hagan esta experiencia, y cuanto más en este tiempo que estamos viviendo, necesitamos amarnos y perdonarnos entre nosotros.

“¿Por qué hay tanta maldad?… ¿Por amor? … No, por venganza, por odio, por envidia”

Pregúntense, ¿por qué hay tanta maldad? ¿Por qué el feminicidio? ¿Es por amor? No. Hay rencor, hay rabia, hay tantas cosas que no solucionan. ¿Por eso viene ahí? ¿Por qué es que encontramos a veces personas por ahí muertas por las calles, las han matado a balazo? ¿Por qué? ¿Por amor? No, por rencor, por rabia, por venganza. ¿Por qué es que ahora también hay esa pelea ahí por el sacando oro? ¿Vio muerto también esto, ¿Por qué? ¿Por amor al prójimo, por ayudarlo? No, por venganza, por odio, por envidia. Todo esto nos está llevando a estas cosas.

“Todos necesitamos vida y para que tengamos vida el agua es fundamental”

Y yo no sé, esto que está pasando también en el Amboró, ahora por lucha por el agua, no sé por qué, si es por amor de verdad, o es por odio, por envidia, ¿por qué será, que no se soluciona todo esto? Pensar de que hoy en día están algunos departamentos sufriendo por el agua. Por acá nomás en Santa Cruz también hay unas provincias que están…Y aquí vemos eso, que está el bolsón de agua y por ahí quiere pasar la carretera. Pero no se quiere escuchar eso. ¿Por qué será? ¿Qué habrá detrás de todo esto? Se dicen tantas cosas, pero en el fondo yo creo que tenemos que pensar en la vida y el agua es vida. Por lo tanto, tendríamos que verlo por esa parte. No solamente mirar intereses de algunos, sino interés de todo. Todos necesitamos vida y para que tengamos vida el agua es fundamental.

“Que podamos dejar de lado aquella soberbia, aquel orgullo que no nos deja avanzar y podamos ver al otro como hermano, como hermana, como hijo de Dios y como familia que somos”

Así que tenemos que orar para que el Señor también ilumine a nuestras autoridades y a las personas que quieren hacer daño. Que de verdad piense no solamente en ellos, sino en el futuro. Tienen hijos, tienen nietos, ¿qué les van a dejar a ellos? Yo creo que, si de verdad queremos la familia, busquemos lo mejor para ellos. Que el Señor nos acompañe y que este día podamos nosotros pensar también en esto, que somos capaces de perdonar. Somos capaces de perdonar. Lo que nos falta es ponerlo en práctica. Que podamos nosotros dejar de lado aquella soberbia que tenemos, aquel orgullo que no nos deja avanzar, y podamos ver al otro como hermano, como hermana, como hijo de Dios y como familia que somos. Y de esa manera podamos perdonarnos unos a otros.

Que así sea.

Luz Erika Limachi M.



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