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domingo 2 octubre 2022
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Arzobispo: No encendamos fuegos de odio para destruir al otro, encendamos el fuego del amor y de la fe para vivirla y compartirla con los demás

Campanas. Desde la Catedral, este domingo 14 de agosto el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. René Leigue Cesarí afirmó que, el Señor nos pide que no caigamos en encender fuegos negativos, fuegos del odio, fuegos de la venganza, fuegos de destruir al otro, sino que encendamos el fuego del amor en nosotros, el fuego de la fe que podamos vivirla y compartirla con los demás.

El Señor no quiere que encendamos el fuego de las divisiones, él quiere encender en nosotros el fuego de la pasión y de la compasión con el otro

Hemos pasado una semana muy difícil, muy complicada, y a lo mejor es ahí donde el Señor nos llama nuevamente, el amor que Él nos tiene a nosotros, también tiene que compartirse, tenemos que vivirlo entre todos. A lo mejor ese fuego que hemos visto de las divisiones, de los dichos de aquí y de allá que no nos ayuda en nada, ese fuego, no es el que el Señor quiere, él quiere encender en nosotros el fuego de la pasión y de la compasión con el otro.

Iglesia cuestiona ¿Por qué tenemos que hacernos daño entre nosotros por pensar diferente?

¿porque tenemos que hacernos daño entre nosotros? ¿porque tenemos que mirarnos mal entre nosotros? Sabemos que no siempre pensamos lo mismo, pero no por eso, nos vamos hacer daño entre nosotros, no siempre vamos a luchar por lo mismo, cada uno tiene su manera de lucha y su manera de hacer las cosas, pero eso no significa que entre nosotros nos hagamos daño. Entonces el Señor hoy nos dice: “cuanto no deseo que ese fuego del amor, ese fuego de la paz, ese fuego de la fe ya estuviera encendido en ustedes”.

El Señor nos pide tener coherencia entre la fe y la vida

Pero el fuego también de la fe, es muy importante en nosotros que la fe encienda nuestra vida, que esa fe que tenemos en Dios sea coherente, que no solamente vivamos nuestra fe aquí dentro del templo, sino que esa fe que tenemos en Dios pues la compartamos afuera, la podamos vivir si él nos pide coherencia entre la fe y la vida, que no sea así que aquí dentro del templo digamos tengo fe en el Señor, pero allá afuera actuemos de otra manera, entonces ese fuego de la fe tiene que ser coherente, tiene que ser vida, tiene que hacerse vida en nosotros para que también se haga vida en medio de tantas dificultades que tenemos.

División en la Familia

Nos habla también de la división en la familia y creo que esto que dice el señor en muchos casos es una realidad en nuestra sociedad, hay familias que están divididas, están divididas a lo mejor no por que tengan una ideología contraria sino porque muchas veces hay algunas personas en la familia que de verdad creen en Dios y quieren hacer las cosas bien, inculcan a la familia hacer las cosas bien, pero hay alguien que no quiere escuchar, hay alguien que se vuelve rebelde, hay alguien que dice lo contrario, hay alguien que está metido a lo mejor en el vicio, hay alguien que a lo mejor piensa de una manera diferente y ese no quiere escuchar, y esto causa a veces esos malestares en la familia.

Estamos llamados a buscar la unidad y la paz en nuestras familias

Ustedes a veces son testigos de eso, a lo mejor  las familias de ustedes también están viviendo así, entonces justamente en ese deseo Dios dice: “ese es el fuego que yo quiero que ustedes vivan”, muchas veces no aceptado por todos y lo más triste que en nuestra sociedad hoy en día hay algunas personas que están metiendo ideas contrarias, que están dividiendo familias, hay sectas que están en ese afán de dividir las familias, y con ese afán solamente de ver intereses personales cuando se habla de que: “todo lo que ustedes ganan tiene que venir acá para nosotros”, hay muchas familias que están sufriendo eso, y hay divisiones en familia. Entonces por causa de esos malos entendidos y porque no han comprendido realmente la palabra del Señor, nosotros estamos llamados para no desvanecer en ese afán de buscar siempre la unidad de la familia, tenemos que seguir adelante, tenemos que ser personas perseverantes que podamos decir siempre algo bueno, que de nuestra boca siempre salga eso de buscar unidad, de buscar paz entre nosotros, que sea eso el fuego que tenemos dentro, que esa palabra del Señor sea compartida con todos.

Iglesia de Santa Cruz se solidariza con la hermana Iglesia de Nicaragua

Es una pena lo que se está viviendo por ejemplo en el país de Nicaragua, donde hay un problema serio ahora entre los gobernantes y la Iglesia y por nada más porque se ve de que la Iglesia en este lugar como que tiene más credibilidad y entonces el gobierno se siente como que todo lo que dice es mentira, no sabemos cómo están viviendo ellos, pero ese es el problema que entonces ahí vemos también que donde está Dios o lo que Dios nos dice, muchas veces causa estos problemas, porque no queremos escuchar al Señor, no queremos dejar de lado el mal y eso es lo que nos dice la segunda lectura, que tenemos que apartarnos del pecado, ya que estamos rodeados de una verdadera nube de testigos, despojémonos de todo lo que  nos estorba, especialmente del pecado que siempre nos asedia y corramos resueltamente al combate que se nos presenta.

El Señor nos invita a apartarnos del pecado y de las cosas negativas que nos separan y dividen

El Señor nos invita en esta aventura, en esta frase: que nos apartemos del pecado”, eso es muchas veces lo que enciende en nosotros cosas negativas, cosas que nos separan, cosas que nos dividen porque el pecado lleva no por el camino del Señor, sino por caminos solamente personales o de grupos.

Homilía de Mons. René Leigue Cesarí, Arzobispo Metropolitano de Santa Cruz de la Sierra

14/08/2022

Un saludo cordial a todos ustedes aquí presentes, mediante los medios también saludo a todas las personas que nos siguen por la televisión, especialmente los alejados del campo y los enfermos que no pueden salir de casa, pero participan de la misa, un saludo a todos ellos.

Siempre cuando venimos a misa es para escuchar la palabra de Dios, para escuchar algo que nos ayude, una palabra que nos dé ánimo, y hoy la lectura pareciera que no nos da ánimo como quisiéramos, pero todo esto depende cómo lo tomamos nosotros. Ya escuchamos en la primera lectura donde en aquel tiempo ya había problemas con los profetas, con aquellas personas que proclamaban el mensaje del Señor. Hemos escuchado en la primera lectura cuando Jeremías tuvo problemas por decirle a la gente que iba haber problemas, sino había una conversión sincera, si ustedes continúan con los que están haciendo, el Señor va venir y los va castigar, de una manera el profeta les dijo eso. El profeta no se estaba inventando cosas, estaba diciendo lo que el Señor le dijo que vaya y diga a esta comunidad, para advertirles, pero esta gente no lo vio así, lo vio como que los estaba amenazando y por lo tanto para que no diga nada, porque está metiendo miedo al pueblo, entonces hay que hacerlo desaparecer, por eso lo metieron a un pozo, para callar la voz del profeta, los profetas han sido enviado del Señor, enviado con un mensaje específico de acuerdo a la realidad y el momento que vivían, y todo esto para advertirles que no tenían que seguir así, tenía que haber una conversión.

En el Evangelio hemos escuchado algo que a lo mejor nosotros siempre estamos pensando, que el Señor siempre anuncia paz, anuncia unidad, anuncia amor y hoy, en el Evangelio escuchamos que pareciera que todo eso que decía, pues es lo contrario de lo que escuchamos hoy, y sin embargo no es así, ¿qué dice el Evangelio? Yo he venido para traer fuego sobre la tierra y cómo desearía que ya estuviera ardiendo, de qué fuego está hablando,  aquí está hablando del fuego del amor, del fuego de la paz, del fuego de la fe, el Señor dice: “Cuanto desearía que ya esté ardiendo ese fuego” y a lo mejor  todavía era el día que no arrancaba lo que Él quería ver en la sociedad, por eso el Señor dice; “Cuanto desearía que ese fuego ya esté ardiendo”.

La palabra de Dios es un fuego para nosotros  y si lo tomamos así enserio, entonces debería quemarnos por dentro para decir, esto que yo sé, esto que yo creo en el Señor, no debería guardármelo para mí solo, sino que ese fuego me quema y tengo que compartirlo, tengo que decir algo, tengo que anunciar la buena noticia, y eso el Señor nos dice; “Cuanto desearía que ya esté ardiendo ese fuego sobre la tierra” y hoy, nos habla a nosotros  aquí, nosotros que creemos en el Señor, sentimos ese fuego del amor de Dios en nosotros, sentimos esa necesidad de anunciarlo, sentimos esa necesidad de compartir lo que sabemos  de Él, sentimos esa necesidad de anunciar esa buena noticia por la cual Jesús ha venido. El Señor también dice, cuanto desearía que también en ustedes esté ardiendo ya esa llama del amor.

Hemos pasado una semana muy difícil, muy complicada, y a lo mejor es ahí donde el Señor nos llama nuevamente, el amor que Él nos tiene a nosotros, también tiene que compartirse, tenemos que vivirlo entre todos. A lo mejor ese fuego que hemos visto de las divisiones, de los dichos de aquí y de allá que no nos ayuda en nada, ese fuego, no es el que el Señor quiere, el quiere encender en nosotros el fuego de la pasión y de la compasión con el otro, ¿porque tenemos que hacernos daño entre nosotros? ¿porque tenemos que mirarnos mal entre nosotros? Sabemos que no siempre pensamos lo mismo, pero no por eso, nos vamos hacer daño entre nosotros, no siempre vamos a luchar por lo mismo, cada uno tiene su manera de lucha y su manera de hacer las cosas, pero eso no significa que entre nosotros nos hagamos daño. Entonces el Señor hoy nos dice: “cuanto no deseo que ese fuego del amor, ese fuego de la paz, ese fuego de la fe ya estuviera encendido en ustedes”.

Pero el fuego también de la fe, es muy importante en nosotros que la fe encienda nuestra vida, que esa fe que tenemos en Dios sea coherente, que no solamente vivamos nuestra fe aquí dentro del templo, sino que esa fe que tenemos en Dios pues la compartamos afuera, la podamos vivir si él nos pide coherencia entre la fe y la vida, que no sea así que aquí dentro del templo digamos tengo fe en el Señor, pero allá afuera actuemos de otra manera, entonces ese fuego de la fe tiene que ser coherente, tiene que ser vida, tiene que hacerse vida en nosotros para que también se haga vida en medio de tantas dificultades que tenemos.

Entonces la fe tiene que estar viva, tiene que estar ardiendo y no solamente en los momentos bonitos que vivimos sino en momentos difíciles, justamente es ahí donde el Señor quiere que esa fe de nosotros arda para compartirla, para contagiar a otras personas que a lo mejor están alejadas del Señor o no conocen a Dios o no quieren aceptarlo en su vida porque de eso vemos mucho también en la sociedad que sabemos quién es Dios, que saben qué es lo que él quiere, pero no quieren escucharlo. Entonces nosotros estamos invitados para eso.

Nos habla también de la división en la familia y creo que esto que dice el señor en muchos casos es una realidad en nuestra sociedad, hay familias que están divididas, están divididas a lo mejor no por que tengan una ideología contraria sino porque muchas veces hay algunas personas en la familia que de verdad creen en Dios y quieren hacer las cosas bien, inculcan a la familia hacer las cosas bien, pero hay alguien que no quiere escuchar, hay alguien que se vuelve rebelde, hay alguien que dice lo contrario, hay alguien que está metido a lo mejor en el vicio, hay alguien que a lo mejor piensa de una manera diferente y ese no quiere escuchar, y esto causa a veces esos malestares en la familia.

Ustedes a veces son testigos de eso, a lo mejor  las familias de ustedes también están viviendo así, entonces justamente en ese deseo Dios dice: “ese es el fuego que yo quiero que ustedes vivan”, muchas veces no aceptado por todos y lo más triste que en nuestra sociedad hoy en día hay algunas personas que están metiendo ideas contrarias, que están dividiendo familias, hay sectas que están en ese afán de dividir las familias, y con ese afán solamente de ver intereses personales cuando se habla de que: “todo lo que ustedes ganan tiene que venir acá para nosotros”, hay muchas familias que están sufriendo eso, y hay divisiones en familia. Entonces por causa de esos malos entendidos y porque no han comprendido realmente la palabra del Señor, nosotros estamos llamados para no desvanecer en ese afán de buscar siempre la unidad de la familia, tenemos que seguir adelante, tenemos que ser personas perseverantes que podamos decir siempre algo bueno, que de nuestra boca siempre salga eso de buscar unidad, de buscar paz entre nosotros, que sea eso el fuego que tenemos dentro, que esa palabra del Señor sea compartida con todos.

Es una pena lo que se está viviendo por ejemplo en el país de Nicaragua, donde hay un problema serio ahora entre los gobernantes y la Iglesia y por nada más porque se ve de que la Iglesia en este lugar como que tiene más credibilidad y entonces el gobierno se siente como que todo lo que dice es mentira, no sabemos cómo están viviendo ellos, pero ese es el problema que entonces ahí vemos también que donde está Dios o lo que Dios nos dice, muchas veces causa estos problemas, porque no queremos escuchar al Señor, no queremos dejar de lado el mal y eso es lo que nos dice la segunda lectura, que tenemos que apartarnos del pecado, ya que estamos rodeados de una verdadera nube de testigos, despojémonos de todo lo que  nos estorba, especialmente del pecado que siempre nos asedia y corramos resueltamente al combate que se nos presenta.

El Señor nos invita en esta aventura, en esta frase: “que nos apartemos del pecado”, eso es muchas veces lo que enciende en nosotros cosas negativas, cosas que nos separan, cosas que nos dividen porque el pecado lleva no por el camino del Señor, sino por caminos solamente personales o de grupos.

Vamos a pedir al Señor para que nosotros no caigamos en esto de encender fuegos negativos, fuegos del odio, fuegos de la venganza, fuegos de destruir al otro, sino que vamos a encender ese fuego del amor en nosotros, ese fuego de la fe que podamos vivirla y compartirla, que podamos compartir con los demás.

Pidámosle al Señor que nos de esa fuerza, que nos de esa coherencia de vida entre la fe que tenemos y la vida que llevamos en la vida cotidiana.

Que así sea.

 

 

Graciela Arandia de Hidalgo



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