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domingo 4 diciembre 2022
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Arzobispo: “La Virgen María nos indica que la respuesta a todos los males es la reconciliación que nace del perdón”

Campanas. “Caminemos de la mano de María hacia la reconciliación y la paz” El Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti, presidió la Misa central de fiesta de la Mamita de Cotoca, hoy miércoles 8 de diciembre a las 10:00 horas. Desde el Santuario de Cotoca afirmó que la Virgen María nos indica que la respuesta a todos los males es una sencilla palabra: reconciliación. Reconciliación que nace del perdón; de saber perdonar y de pedir perdón.  No hay otro camino para no sufrir por el mal hecho y recibido, para no hacernos mal a nosotros mismos a los hermanos y para reencontrar a la serenidad.

Así mismo el prelado aseveró que, Jesús el hijo de María en quien creemos y confiamos no solo nos lo pide insistentemente, nos lo manda. Nuestra meta es lograr amar como Él ha amado, solo así se puede construir juntos un futuro duradero de amor, armonía y paz. Pidamos confiados esta gracia a la Mamita y dejémonos llevar de su mano amorosa de Madre, seguros que ella nos va a escuchar.  

Hay mucha necesidad de reconciliación en todos los ámbitos de nuestra vida, comenzando por la familia

También Monseñor destacó que, en esta novena, juntos hemos orado y meditado sobre el lema de este año: Caminemos de la mano de María hacia la reconciliación y la paz”. Hay mucha necesidad de reconciliación en todos los ámbitos de nuestra vida, comenzando por la familia. Uno de los problemas más sentidos que hemos venido a poner a los pies de la Mamita, es la situación de tensión que se vive en tantos hogares nuestros y que amenazan con echarlos abajo, a causa de las incomprensiones, desconfianzas, peleas y divisiones.

Estamos en pleno tiempo de Adviento, la oportunidad que nos ofrece la Iglesia para esperar y prepararnos a revivir la Navidad, el nacimiento del Hijo de Dios y nuestro Salvador. La Virgen María es, sin duda, la figura principal de la espera gozosa y su ejemplo nos indica cómo prepararnos a recibir al Salvador que vuelve a nacer para nosotros.

Hoy celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María; esta es una gracia de Dios que la ha preservada libre de todo mal y pecado desde el primer momento de su concepción en el vientre de su madre.  A menudo hemos escuchado esta verdad consignada en los Evangelios, pero tal vez no valoramos suficientemente el don inmenso que Dios le ha dado al resguardarla del pecado, herida que afecta a todo ser humano. No una llaga superficial, sino un mal que está en la raíz y ha dañado el núcleo central de nuestro ser humano.

Este año a causa de la pandemia del Covid – 19, la festividad de la Virgen de Cotoca, Patrona del Oriente boliviano, se celebra de una manera distinta, sin romería, procesiones y con el 50% de aforo en el templo. También las celebraciones son transmitidas a través de las redes sociales del Santuario de Cotoca.

Desde el Santuario de Cotoca se ha pedido a los feligreses que asistan a las misas que se oficiarán durante toda la jornada del 8 y 15 de diciembre, cumpliendo con todos las medidas de Bioseguridad para evitar el  contagio de coronavirus. El uso del barbijo y el alcohol en gel para el desinfectado de manos es obligatorio.

La misa central de fiesta fue concelebrada por el P. Fr. Juan Carlos Huaygua, OP, Párro-co del Santuario de Cotoca, P. Fr. Rubén Mendizabal y los Sacerdotes de la Orden de los Predicadores. Estuvieron presentes en la celebración Eucarística el Alcalde del Gobierno Autónomo Municipal de Cotoca, Raúl Alvis y los Concejales; Julio Cesar Justiniano y África Guzmán.

Galería Fotográfica

 

“Homilía del Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz /8/12/202”

Estamos en pleno tiempo de Adviento, la oportunidad que nos ofrece la Iglesia para esperar y prepararnos a revivir la Navidad, el nacimiento del Hijo de Dios y nuestro Salvador. La Virgen María es, sin duda, la figura principal de la espera gozosa y su ejemplo nos indica cómo prepararnos a recibir al Salvador que vuelve a nacer para nosotros.

Y hoy celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María; esta es una gracia de Dios que la ha preservada libre de todo mal y pecado desde el primer momento de su concepción en el vientre de su madre.  A menudo hemos escuchado esta verdad consignada en los Evangelios, pero tal vez no valoramos suficientemente el don inmenso que Dios le ha dado al resguardarla del pecado, herida que afecta a todo ser humano. No una llaga superficial, sino un mal que está en la raíz y ha dañado el núcleo central de nuestro ser humano.

Sólo cuando tomamos conciencia que el pecado es la causa de todos los males de la humanidad entera, odio, divisiones, rencor, guerras, dolor y la misma muerte, nos damos cuenta que el pecado es lo peor que podía pasar a la humanidad, el mal que tanto ha mellado nuestra felicidad y dignidad de hijos de Dios.

La contemplación de la Virgen María, la criatura Inmaculada, sin mancha y libre del mal, nos revela la voluntad de Dios de hacer todo de nuevo, incluida la humanidad toda, desde las mismas raíces. María es la única criatura humana que no pasó por el pecado, en ella el pecado no tuvo ningún poder. Y no podía ser de otra manera, porque ella ha sido llamada a colaborar en el plan de salvación de Dios. Ella recibió la llamada de Dios en una humilde casa de Nazaret a través del Ángel que, en una visita inesperada, le dirige una saludo asombroso: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

«Alégrate», la presencia del Señor en nuestra vida siempre trae alegría, porque con él cobra sentido todo lo que vivimos, los momentos felices y serenos, pero también los dolorosos y sombríos.

Llena de Gracia: María ha sido objeto de un favor y una elección particular y permanente de parte de Dios: ella ha sido salvada gratuitamente «en previsión de los méritos de Cristo», es la «agraciada», la “preservada del pecado original” y de todas sus consecuencias que marcan la vida humana desde sus momentos iniciales. Por eso la Inmaculada, es llamada también la Purísima Concepción, la concebida sin pecado.

Dado que María ha sido colmada de la Gracia de Dios, no podía ser contagiada por el pecado original ni por otros pecados, y no cabía mancha alguna en ella. Y no podía ser de otra manera, ya que en su ser iba a tomar carne el hijo de Dios, él sin pecado, el autor de la vida que vino a liberarnos de todo pecado.

Llena de Vida: María ha llegado al mundo ya imbuida de la misma vida de Dios, de su santidad, su amor y bondad; ella fue santificada por la acción de Dios, por eso es la Inmaculada”, el único ser humano que ha recibido este don. Como María proclama, ella, joven mujer sencilla y pobre de una aldea campesina, ha sido elevada y colmada por la gracia divina.

Llena del favor y atención de Dios, un don gratuito que la habilitó para que asumiera la misión de madre del Salvador.

Llena de belleza y amabilidad interior que brota de la vida de Dios y que imbuye toda su persona y la acompaña a lo largo de su vida, en otras palabras, ella vivió siempre en “estado de gracia”, sin mancha de pecado.

Ella es la «La Purísima», la «toda bella», como le canta la Iglesia en esta fiesta de la gracia, la belleza, la pulcritud y el amor. La belleza interior nos toca y nos mueve a todos, es uno de los alicientes más profundos que mueve al ser humano: «El mundo será salvado por la belleza», (Dostoievski).

María con su hermosura sigue cautivando hoy a miles y miles de devotos, que recurren a ella, con mucha fe, esperanza, cariño y alegría a pesar de la pandemia que sigue sembrando dolor y muerte. La belleza de María es la belleza integral, la belleza de la santidad interior de una vida centrada en Dios, una hermosura a no confundirse con la belleza efímera y caduca de la exterioridad.

La verdadera belleza se expresa también en lo exterior, por eso, en nuestras iglesias, las imágenes de la Virgen María reflejan belleza y hermosura, y por eso no tenemos miedo a la belleza, con tal que sea una belleza «humana», reflejo del alma y del espíritu. Este compromiso por la belleza debería reflejarse en el cuidado del ser humano y de toda la naturaleza, para tener un mundo más bello y acogedor, expresión visible de la belleza y bondad de Dios.

Ahora entendemos que la Virgen María Inmaculada es el anuncio del plan que Dios se ha propuesto, de hacer surgir una creación nueva, en la que el ser humano alcance un estilo de vida lleno de luz y sea responsable de sí mismo, en una relación fraterna y justa con los demás y en comunicación constante y filial con Dios Padre.

Para la Virgen María, el hecho de haber sido preservada por el pecado ha sido el punto de partida de su vida, en cambio, para nosotros y para la Iglesia, es el punto de llegada. Nuestro destino es de alcanzar un día a ser «sin mancha ni arruga, sino santos e inmaculados», siguiendo el camino que ella nos ha indicado.

En esta novena, juntos hemos orado y meditado sobre el lema de este año: “Caminemos de la mano de María hacia la reconciliación y la paz”. Hay mucha necesidad de reconciliación en todos los ámbitos de nuestra vida, comenzando por la familia. Uno de los problemas más sentidos que hemos venido a poner a los pies de la Mamita, es la situación de tensión que se vive en tantos hogares nuestros y que amenazan con echarlos abajo, a causa de las incomprensiones, desconfianzas, peleas y divisiones.

La Virgen María nos indica que la respuesta a todos los males es una sencilla palabra: reconciliación. Reconciliación que nace del perdón; de saber perdonar y de pedir perdón.  No hay otro camino para no sufrir por el mal hecho y recibido, para no hacernos mal a nosotros mismos a los hermanos y para reencontrar a la serenidad.

Jesús el hijo de María en quien creemos y confiamos no solo nos lo pide insistentemente, nos lo manda. Nuestra meta es lograr amar como Él ha amado, solo así se puede construir juntos un futuro duradero de amor, armonía y paz. Pidamos confiados esta gracia a la Mamita y dejémonos llevar de su mano amorosa de Madre, seguros que ella nos va a escuchar.   Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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