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lunes 26 septiembre 2022
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Arzobispo: “La tarea de nosotros los cristianos es luchar en contra de las injusticias y de todos los males que nacen de la codicia de los bienes”

Campanas. Desde la Catedral, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti afirmó que, “La tarea de nosotros los cristianos es luchar en contra de las injusticias y de todos los males que nacen de la codicia de los bienes”.

La palabra de Dios de este domingo nos presenta a Jesús que se retira en la montaña durante toda la noche para orar y estar a solas con el Padre. Jesús, en el desempeño de su misión terrenal, busca esos momentos antes de tomar cualquier decisión importante, signo de la comunión y comunicación total que hay entre el Padre y el Hijo. Al despuntar la luz del día, Jesús llama a sus discípulos y elige a doce, a los que da el nombre de Apóstoles, o sea enviados.

Luego baja de la montaña donde lo espera una gran multitud de gente llegada de distintas regiones para escuchar sus palabras y pedir la sanación de los enfermos. Jesús inicia a predicar “fijando su mirada en los discípulos”; se dirige a ellos, en primer lugar, porque sólo los que creen en él pueden comprender y acoger su mensaje, y dar su disponibilidad para seguirlo y compartir su misión.

“¡Dichosos, ustedes los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! “. “Dichosos”; la dicha evangélica es la felicidad verdadera que emana del Señor, que entra y que permanece en el corazón aun cuando se tropieza con los obstáculos, problemas y sufrimientos de la vida.  “Dichosos los pobres”; Jesús se refiere aquí a los indigentes, los que no tienen lo necesario para vivir, los que el Papa Francisco define “descartados de la sociedad”. Esta pobreza es signo de una situación anómala, contraria al plan de Dios y fruto de la injusticia, la explotación y el reparto inicuo de los bienes destinados por Dios para una vida digna de todos.

Esa pobreza, que el Señor rechaza, tiene que desparecer con el advenimiento del reino de Dios.

¡Qué paradoja! Jesús llama dichosos a esos hermanos que el mundo desprecia y considera infelices; “dichosos” no por su estado de abandono e indigencia, sino porque esa pobreza, que el Señor rechaza, tiene que desparecer con el advenimiento del reino de Dios, el Bien por excelencia, el Bien de todos los bienes, que pertenece en primer lugar a ellos desde ahora, sin esperar en el futuro.

La tarea de nosotros los cristianos es luchar en contra de las injusticias y de todos los males que nacen de la codicia de los bienes.

Estas palabras de Jesús, aparte de ser consoladoras para los pobres, son también una tarea por realizar de parte de nosotros cristianos en la instauración del reinado de vida, de justicia y paz de Dios. Esto implica luchar en contra de las injusticias y de todos los males que nacen de la codicia de los bienes y de la sed de dominación y predominio.

En el Reino de Dios tendrá que desaparecer el hambre, como fruto del compartir en justicia y solidaridad los bienes que Dios ha puesto a disposición de todos.

La otra secuela del empobrecimiento que señala Jesús, son las lágrimas, símbolo del dolor y la marginación, pero también de la impotencia ante una realidad cada vez más cruel, inhumana y sorda al clamor de los pobres.

En el nuevo orden del Reino de Dios, las lágrimas tienen que convertirse en alegría y dicha.

También Jesús señala que los esfuerzos y el empeño para lograr la implementación del reino de Dios, no se darán de manera pacífica. No porque Él pida recurrir a la violencia, sino porque quiere prevenir ante las incomprensiones, las situaciones violentas y persecuciones de parte de los que se oponen a compartir los bienes materiales e inmateriales y que sostienen un orden injusto con la fuerza, la difamación, el encarcelamiento y la violencia.

La persecución es el precio que se paga por la lucha a favor de la justicia, la imparcialidad y la equidad.

Con estas palabras Jesús define dichosos aquellos que sufren por su compromiso por la manifestación del Reino de Dios, porque esa persecución es el precio que se paga por la lucha a favor de la justicia, la imparcialidad y la equidad. Solo quienes experimentan esos sufrimientos pueden entender la dicha de estar en sintonía con el plan de Dios.

Poner su confianza en el dinero y en el poder en vez que, en Dios, caen en el pecado de idolatría.

Luego Jesús, con voz profética, lanza cuatro advertencias donde las felicitaciones para los pobres se vuelven palabras de desventura para los que sostienen y promueven un orden social injusto. “¡Ay de Uds., los ricos, porque ya tienen su consuelo”!  Este es un grito de dolor y de compasión hacia los ricos, pero también de denunciaporque están sumidos en una situación de muerte ya que, al poner su confianza en el dinero y en el poder en vez que, en Dios, caen en el pecado de idolatría.

Los bienes materiales no son para guardarlos egoístamente para sí mismos, sino un don de Dios para sustentar la vida y los medios a compartir en fraternidad y equidad con los demás.

“Ay de los que ahora están saciados, porque tendrán hambre”. Jesús se dirige a los que se sienten satisfechos por lo que poseen, los que se hartan y consumen por dilapidar los bienes de la creación y la naturaleza, los que viven entre lujos y riquezas pero que sufren por la penuria de Dios, el único y verdadero bien. Los bienes materiales no son el fin de la vida y tampoco son para guardarlos egoístamente para sí mismos, sino un don de Dios para sustentar la vida y los medios a compartir en fraternidad y equidad con los demás.

La sonrisa aparente y forzada se parece más a una careta de carnaval que oculta la tristeza, la amargura, la soledad y las lágrimas de una vida gastada detrás de algo fútil y efímero.

“¡Ay de los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!”. Es la sonrisa altanera de los que se alardean por sus logros y se complacen por sus riquezas, de los que se consideran autosuficientes y superiores a los demás. Esas actitudes aíslan y separan de los demás, de las amistades y los afectos familiares y atraen solo a aduladores y aprovechadores.

Jesús condena la actitud mezquina de quienes se aprovechan del poder y acaparan los bienes de la creación.

Con estas amonestaciones, Jesús condena firmemente el orden injusto de nuestro mundo y la actitud mezquina de quienes se aprovechan del poder y acaparan los bienes de la creación, de la cultura, de la ciencia y de la técnica, con resultados que están a la vista de todos: empobrecimiento de las grandes mayorías, migraciones masivas, hambre, dolor, lágrimas y muertes.

La palabra de Dios nos pone frente a dos opciones fundamentales: O bien, optamos por la autosuficiencia idolátrica, O bien nos adherimos al designio de vida y de amor de Dios.

La palabra de Dios hoy pone a cada uno de nosotros frente a dos opciones fundamentales e irreconciliables entre sí. O bien, optamos por la autosuficiencia idolátrica de una vida alejada de Dios y así, como dice el profeta Jeremías con una imagen desoladora, caer en una existencia sentenciada a las sombras eternas de la amargura, del sin sentido y de la desolación de la muerte: “¡Maldito el hombre que confía en el hombre,… mientras su corazón se aparta del Señor… será como una estepa que no ve llegar la felicidad… y como paja que se lleva el viento”.

Todos estamos llamados a optar y nadie puede quedar neutral: optamos por la autosuficiencia idolátrica, O nos adherimos al designio de vida y de amor de Dios.

O bien adherimos al designio de vida y de amor de Dios, y así, según la linda imagen del Salmo de hoy, producir frutos de bien y de vida, abundantes y permanentes: ““¡Bendito el hombre que pone su confianza en el Señor!… Es como el árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto s su debido tiempo”. Todos estamos llamados a optar y nadie puede quedar neutral: a cada uno la decisión. Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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