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sábado 28 mayo 2022
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Arzobispo: “La fiesta del Carnaval, hace pasar en segundo lugar, la pandemia del COVID19, y provoca un grave peligro de propagación del contagio”

Campanas. Desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir Catedral, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti afirmó que, “La fiesta del Carnaval, hace pasar en segundo lugar, la pandemia del COVID19, y provoca un grave peligro de propagación del contagio”.

De la misma manera aseveró que, por la experiencia de tantos años, sabemos que, con demasiada facilidad, se sustituye el sano esparcimiento y días de descanso por las borracheras, las peleas, la promiscuidad y el alboroto descomedido, lo que, además de dejar el corazón vacío, triste y herido, provoca un grave peligro de propagación del contagio.

El prelado pidió que, en cada persona, gane el buen sentido y que viva estos días de carnaval con sumo cuidado y en coherencia con la condición de seguidor de Jesús.

El evangelio de hoy nos presenta una serie de sentencias y refranes pronunciados en distintas ocasiones por Jesús. Por medio de las comparaciones acerca de un ciego que guía a otro ciego y de la astilla en el ojo de un hermano, Jesús enseña a sus discípulos que nadie puede asumir la función de juez ante el que peca o se equivoca, pues todos somos pecadores y necesitados del perdón de Dios y de los hermanos.

 “La verdadera corrección fraterna brota de una actitud sincera de solidaridad y fraternidad, caso contrario puede ser hipocresía o actitud de superioridad”

En nuestra vida cristiana, es buena y necesaria la corrección fraterna cuando efectivamente es expresión de la caridad y ejercicio de la conversión propia y ajena. Sin embargo, todo miembro de la comunidad, sea superior o feligrés, antes de hacerse juez del obrar de los demás y de corregirlos debe examinarse a sí mismo y someterse a una autocrítica sincera: “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?”. La verdadera corrección fraterna brota de una actitud sincera de solidaridad y fraternidad, caso contrario puede ser hipocresía o actitud de superioridad.

“La corrección fraterna requiere, mostrar con las propias obras que uno no tiene los defectos que critica”

Cuando alguien asume la función de juez riguroso, criticando y condenando a los que no obran bien, trae al interior de la comunidad muchos y graves problemas. Por coherencia con nuestra fe, la corrección fraterna requiere, sobre todo en estos casos, mostrar con las propias obras que uno no tiene los defectos que critica.

“El Señor no se fija en lo que somos sino en nuestros esfuerzos por pasar de ser malos o mediocres a ser buenos y mejores”

 Si Dios procedería como un fiscal, estaríamos todos perdidos, pues todos ternemos nuestros errores y pecados y nadie es santo, excepto Él. No obstante, el Señor no se fija tanto en lo que somos sino en nuestros esfuerzos por pasar de ser malos o mediocres a ser buenos y mejores.

 Cada persona habla de lo que lleva dentro: de sus logros, aspiraciones y frustraciones, del dinero y las ganancias, del trabajo y el desempleo, de la salud y la enfermedad, de los accidentes y las desgracias, del deporte y la diversión y de tantos otros temas. *Todo esto delata nuestros centros de interés y los problemas concretos que nos angustian, así como de tantas necesidades ficticias que crea la sociedad consumista y que nos esclavizan al punto de pensar que no se puede vivir sin ellas*.

No cabe duda, nuestras conversaciones nos delatan, ya que de la abundancia del corazón habla la boca. Estas palabras nos deberían cuestionar ya que se habla muy poco de las virtudes y valores superiores, humanos y espirituales, tales como: la solidaridad y la fraternidad, el diálogo y la convivencia, el compartir y la justicia, la paz y la unidad, la fe y la vida cristiana, la responsabilidad y colaboración en la vida de la comunidad y sociedad.

 “Jesús afirma que la bondad o la maldad, que anidan en interior del ser humano, se manifiestan no solo en las palabras, sino también en las obras

No solo se habla muy poco de los valores humanos y cristianos, sino que se escuchan, machaconamente y a menudo, palabras cargadas de resentimiento y de odio en contra de los que piensan distinto o de los que se considera enemigos. Esta es una clara señal de lo que se guarda en el corazón y de la venganza que se está cultivando y gestando en él, una venganza que se sirve de cualquier subterfugio, medias verdades, mentiras, acusaciones falsas y persecución con tal de arruinar a los adversarios.

“El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca”.

Y Jesús acompaña esta afirmación con un ejemplo: “No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol enfermo que dé fruto sano. *Cada árbol se conoce por su fruto*”. Por eso nosotros deberíamos ir a la raíz y a los frutos de nuestro árbol, de nuestro actuar y manera de ser; bajar al fondo de nuestro corazón para descubrir su maldad y su bondad, su mentira y su verdad, su esterilidad y su fecundidad.

 “La mediocridad y la falta de autocrítica constituyen el principal obstáculo para ser discípulos de Jesús”

En el seguimiento de Jesús la mediocridad y la falta de autocrítica constituyen el principal obstáculo para ser discípulo. Si nuestro corazón es un terreno abandonado y baldío, no pueden crecer más que malas hierbas y salir palabra y acciones estériles.

“La renuncia al mal, la fe, el espíritu de sacrificio, la entrega por el Señor y los demás, son las actitudes de los verdaderos discípulos de Jesús”

Por el contrario, la renuncia al mal, la fe, el espíritu de sacrificio, la entrega por el Señor y los demás y el compromiso por el anuncio de la alegría del Evangelio, son las actitudes que deben informar la vida de los verdaderos discípulos de Jesús. Claramente esto es posible solo en el silencio, en la oración y en un camino de interiorización de la palabra de Dios que se haga notar en nuestros frutos de bien de cada día.

Sin embargo, vivimos en una sociedad donde el silencio casi no existe, donde domina el ruido y el torbellino de la vida actual y donde estamos inmersos una cultura de lo inmediato y de la prisa, y donde no dejamos tiempo para que maduren los frutos de bien, de armonía y paz.

“La palabra de Dios hoy nos indica que, vivir como discípulos de Jesús, representa una tarea que supera nuestras solas fuerzas humanas”

Por eso, debemos acudir a la oración y al silencio y tener un encuentro personal con el Señor, hacer una experiencia profunda de él y de su amor, escuchar su palabra y acatar su voluntad, en un diálogo confiado y sincero con él.

En el silencio aprendemos a reconocer y purificarnos de nuestras fallas y a abrirnos al don de la gracia que nos colma de fortaleza, serenidad y paz y nos capacita para dar testimonio del Señor en todos los momentos y ámbitos de nuestra vida

Es lo que nos dice el apóstol San Pablo, en su primera Carta a los Corintios: den gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por Cristo nuestro Señor Jesucristopermanezcan firmes e inconmovibles, progresando constantemente en la obra del Señor, con la certidumbre de que los esfuerzos que realizan por Él no serán vanos”.

 

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Graciela Arandia de Hidalgo



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