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lunes 8 agosto 2022
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Arzobispo: Jesucristo, el Rey de la verdad y la vida, del amor y la paz, es el camino para construir una sociedad sobre los cimientos del bien común, la reconciliación y la justicia

Campanas. Desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti afirmó que Jesucristo, el Rey de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, del amor y la paz, es el camino para construir una sociedad sobre los cimientos del bien común, la reconciliación, la justicia y la paz.

“Acoger a Cristo Rey, como nuestro único Señor, nos ayuda a encontrar el rumbo hacia una convivencia justa y pacífica”

Así mimo afirmó que acoger a Cristo Rey, como nuestro único Señor, nos ayuda a nosotros y a la sociedad a encontrar el rumbo hacia una convivencia justa y pacífica, en particular en este tiempo de dolor y muerte por el COVID, de violencia al interior y exterior de la familia y de disgregación y confrontación política y social. No olvidemos que sólo el Señor, y nadie más, es el único que nos puede pedir la adhesión de todo nuestro ser, nuestra conciencia y nuestra vida.

Con la solemnidad de Cristo Rey, termina el Año Litúrgico de nuestra Iglesia iniciado el 1er Domingo de Adviento del año anterior, tiempo en el que paso a paso hemos ido viviendo, a la luz de la palabra de Dios, los misterios principales de la salvación.

En la primera lectura de hoy, el profeta Daniel nos hace partícipes de una visión nocturna en la que vio la figura del “Hijo de hombre”, el “Mesías” que llegaba “sobre las nubes del cielo”, símbolos de su origen divina y portador de vida con el poder de salvar a toda la humanidad.

La 2da lectura del libro de Apocalipsis identifica al “Hijo de hombre” con Jesucristo y lo define con una serie de títulos que ayudan a descubrir su vocación y misión. Jesucristo es el “testigo fiel” de Dios que, con su palabra, vida, pasión y muerte, ha revelado la verdad acerca del misterio del Padre de la vida, del amor y la misericordia. “Él es el primero que resucitó de entre los muertos” y que precede a una multitud de hermanos en la vida y la gloria eterna de Dios, entre los que, un día, esperamos estar también nosotros que hemos creído en Él.

Jesucristo es el Alfa y el Omega, el principio y el fin del universo y de la historia humana

“El que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso”. Él, nos espera y nos estimula a converger en Él, punto de llegada de toda la creación y donde la historia humana con sus debilidades y tropiezos encontrará un final pacífico y digno.

El evangelio de San Juan también nos habla de Jesucristo rey, pero en contraste con el poder de Pilato, el gobernador del imperio romano que dominaba en Israel. Este convoca a Jesús y le pregunta: “¿Eres Tú el rey de los judíos?”. Y el responde: “Tu lo dices: yo soy rey”, pero en seguida aclara “mi realeza no es de este mundo”.

Jesús ha venido a reinar sirviendo y entregando su vida por amor a la humanidad* Jesús ha venido a reinar sirviendo y entregando su vida por amor a la humanidad y transformando nuestra historia de dolor, opresión y guerras, liberándola de toda clase de males, esclavitudes y muerte.

Jesús ha venido al mundo para dar testimonio de la Verdad

Jesús mismo nos dice en que consiste su misión de rey: “Para esto he nacido y he venido al mundo; para dar testimonio de la Verdad”. El poder de Jesús, del sentido y el fin último de su encarnación y misión salvadora es “dar testimonio de la verdad”.

Jesús es la Verdad que viene de fuera del mundo que da sentido al mundo

La verdad absoluta e inmutable que hace realidad el designio de salvación del Padre para todos los que están perdidos y separados de Dios. Él aparece y actúa como testigo de la verdad frente a Pilato que sólo conoce un Reino que se funda en la espada del imperio y que quiere mantenerse en el poder.

Jesús sólo quiere instaurar el Reino de Dios donde todos los sedientos de verdad, vivan en verdad de amor y vida

Nosotros tenemos la dicha de haber sido llamados a ser parte del reino de Dios, que no es algo más a lado de Él, sino su gracia y su fuerza que sana y salva nuestra vida e historia. Este don nos pide la conversión, una nueva manera de vivir, pensar y actuar, frutos de una sintonía constante con Cristo, el único y punto firme de referencia para los creyentes.

Creer en el Evangelio significa creer que la persona de Jesús, su mensaje, su obra liberadora, su misión profética y su muerte violenta e injusta constituyen la Buena Noticia de la salvación para toda la humanidad

Creer en el Evangelio es también entablar nuevas relaciones de amor de hijos con Dios nuestro Padre y de hermanos con todas las demás personas.  Por cierto, Jesús recibió el título de Rey en la cruz, como motivo de su condena: “Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos”. Jesús es verdadero rey, pero su trono es la cruz. Ante un rey crucificado entre dos ladrones, herido y sufrido por los azotes y la corona de espinas, abandonado e insultado, no hay como equivocarse acerca de su realeza.

En el Rey crucificado, toda autoridad y poder son servicio y fuerza del amor. Sólo con la mirada hacia Jesús en la cruz y, con él, hacia todas las víctimas de la injusticia y los sufridos de este mundo podremos ser “súbditos del Reino de Dios”. Súbditos no de tiranos que esclavizan, sino de Cristo que “nos ama y nos libera de nuestros pecados” y por tanto personas espiritualmente libres, que con gratitud viven su adhesión gozosa al Señor.

No olvidemos que sólo el Señor, y nadie más, es el único que nos puede pedir la adhesión de todo nuestro ser, nuestra conciencia y nuestra vida

Antes de terminar, hago un llamado particular a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud, que tiene como tema: “¡Levántate! Te hago testigo de las cosas que has visto.” (cf. Hch 26,16)”. En su mensaje, el Papa guía a los jóvenes al descubrimiento del amor incondicional de Dios por cada persona y les invita a no dispersar su fuerza y su pasión, a levantarse y convertirse en testigos de Jesucristo ante los demás amigos y compañeros. Esta invitación vale para todos, también para nosotros adultos, por eso voy a extraer unos cuantos pasos muy orientadores en lo que estamos viviendo en nuestra sociedad.

“Levántate y testimonia el amor y el respeto que es posible instaurar en las relaciones humanas, en la vida familiar, en el diálogo entre padres e hijos, entre jóvenes y ancianos”.

“Levántate y defiende la justicia social, la verdad, la honradez y los derechos humanos; a los perseguidos, a los pobres y los vulnerables, a los que no tienen voz en la sociedad y a los inmigrantes”.

“Levántate y testimonia la nueva mirada que te hace ver la creación con ojos maravillados, que te hace reconocer la tierra como nuestra casa común y que te da el valor de defender la ecología integral”.

Levántate y testimonia que las existencias fracasadas pueden ser reconstruidas, que las personas que ya han muerto en el espíritu pueden resurgir, que las personas esclavas pueden volverse libres, que los corazones oprimidos por la tristeza pueden volver a encontrar la esperanza”.

“Levántate y testimonia con alegría que Cristo vive. Difunde su mensaje de amor y salvación entre tus coetáneos, en la escuela, en la universidad, en el trabajo, en el mundo digital, en todas partes”. Acojamos con apertura de ánimo esta ardiente invitación del Papa, no nos acobardemos y seamos testigos alegres y valientes de Cristo Rey del universo que entregó su vida para que nosotros tengamos vida, expresándole nuestra gratitud y alabanza con las palabras del Apocalipsis: “A Él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén”.

Graciela Arandia de Hidalgo



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