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viernes 26 febrero 2021
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Arzobispo exhorta a los sectores de salud a buscar alternativas al paro indefinido, una medida extrema que, en la pandemia, podría causar un sinnúmero de muertos

Campanas. Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral hizo un  llamado a los sectores de salud que están movilizados para que busquen alternativas al paro indefinido, una medida extrema de grave responsabilidad moral y humanitaria que, en esta calamidad de la pandemia, podría causar un sinnúmero de muertos.

Así mismo les  animó a seguir, con un diálogo sincero, responsable y respetuoso, con las autoridades públicas correspondientes y a no escatimar esfuerzos para encontrar una solución concertada que redunde en beneficio de la salud de todos los ciudadanos*: “Ojalá hoy escuchemos todos la voz del Señor”.

El Señor, tu Dios, hará surgir un profeta de entre ustedes…”. Hermanos y hermanas, este es el anuncio que Moisés hace a los israelitas que están por entrar en la tierra prometida, después de la travesía de 40 años en el desierto. Estas palabras marcarán profundamente toda la historia del pueblo de Israel hasta la venida de Jesús, el profeta que lleva a plenitud la promesa de Dios.

 El profeta es solo su portavoz, un hombre llamado a poner toda su vida al servicio de la palabra que no es suya. Los profetas a lo largo de toda la historia de Israel, han sido la conciencia del pueblo, la voz que apremiaba a preservar en la fe en el Dios verdadero y a cumplir con fidelidad la alianza. Su palabra oportuna y firme iluminaba, animaba, corregía y fustigaba según las diversas circunstancias.

La palabra de Jesús, renueva y re-crea al mundo y a la humanidad

 Además de erradicar al mal en sus raíces y liberarnos del pecado, la palabra de Jesús, renueva y re-crea al mundo y a la humanidad, sanando, perdonando y abriendo las puertas del reinado del amor y de la vida de Dios.  

La enseñanza de Jesús es nueva porque manifiesta la potencia de la acción de Dios mismo que hace realidad lo que dice, como la luz que vence a las tinieblas.

La Palabra lleva la lucha para salir de la esclavitud a la libertad y de nuestro egoísmo para meternos en el camino del amor y de la vida y encontrar al Señor

El prelado afirmó durante su homilía que la lucha de Jesús en contra del mal para abrir el camino de Dios, es la lucha que la Palabra lleva continuamente en nosotros y en el mundo; la lucha para salir de la esclavitud a la libertad y de nuestro egoísmo para meternos en el camino del amor y de la vida y encontrar al Señor.

 San Pablo, en la carta a los cristianos de Corinto, nos exhorta a acoger con gozo y disponibilidad la Palabra del Señor que quiere nuestro bien y nos anima a poner nuestra vida en sus manos amorosas de Padre.

Entregarnos al Señor significa convertirnos en profetas, en mensajeros y portavoces de la Palabra de Dios

Mons. Sergio dijo que entregarnos al Señor concretamente significa también que nos convertirnos en profetas, en mensajeros y portavoces de la Palabra de Dios en nuestra familia, comunidad y sociedad, asechadas por tantos sufrimientos y males y sedientas de esperanza, amor y vida.

La Palabra de Dios, como lo fue por los profetas, tiene que hacerse nuestra vida, nuestro modo de ser, de pensar, de actuar y de amar

Para que cumplamos esa misión, la Palabra de Dios, como lo fue por los profetas del Antiguo Testamento, tiene que hacerse nuestra vida, hacerse nuestro modo de ser, de pensar, de actuar y de amar, aseguró Mons. Gualberti.

El 2 de febrero, Fiesta de la Presentación del Señor o de la Virgen Candelaria, la Vida Consagrada celebra su XXV Jornada mundial. Es la oportunidad para que hermanas y hermanos consagrados den gracias a Dios por el don de la maravillosa vocación que, de diversas maneras, hace resplandecer el amor de Dios en la Iglesia y en el mundo. Ellos, como María, han escuchado y acogido la Palabra de Dios y la han hecho parte de su vida.

Su testimonio profético de entrega total a Dios, es signo de que también cada uno de nosotros, de acuerdo a su estado de vida, puede ser testigos del amor de Dios, acogiendo con disponibilidad y generosidad la invitación que Dios nos hace por boca del autor del salmo que hemos cantado hace un momento: Ojalá hoy escuchen la voz del Señor”.

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz

31/01/2020

El Señor, tu Dios, hará surgir un profeta de entre ustedes…”. Hermanos y hermanas, este es el anuncio que Moisés hace a los israelitas que están por entrar en la tierra prometida, después de la travesía de 40 años en el desierto. Estas palabras marcarán profundamente toda la historia del pueblo de Israel hasta la venida de Jesús, el profeta que lleva a plenitud la promesa de Dios.

Moisés define también la misión de los profetas en el pueblo de Israel, llamados a hablar en nombre del Señor: “Pondré mis palabras en su boca y el dirá todo lo que yo ordene”. La palabra es de Dios, el profeta es solo su portavoz, un hombre llamado a poner toda su vida al servicio de la palabra que no es suya. Los profetas a los largo de toda la historia de Israel, han sido la conciencia del pueblo, la voz que apremiaba a preservar en la fe en el Dios verdadero y a cumplir con fidelidad la alianza. Su palabra oportuna y firme iluminaba, animaba, corregía y fustigaba según las diversas circunstancias.

El particular, los profetas tenían que avivar la esperanza de la venida del Mesías, el profeta por excelencia que Dios iba a enviar para liberar a la humanidad del mal, el pecado y toda clase de esclavitudes. En el cumplimiento de su misión, los profetas se caracterizaron por su capacidad de discernimiento, su palabra penetrante y su fuerte carisma personal, pero sobre todo por su total libertad frente a los poderes de turno, políticos, económicos y religiosos. Ellos estaban injertados profundamente en la vida del pueblo, denunciando con valentía el pecado de idolatría y las injusticias de los poderosos que oprimían al pueblo humilde y pobre.

De esta manera, fueron preparando la misión y abriendo el camino a Jesucristo que, desde el inicio de su misión, se presenta no sólo como Mesías, sino como la misma Palabra de Dios hecha carne, la Palabra que tiene poder en sí misma, la Palabra que revela a Dios y que, al mismo tiempo, hace realidad su proyecto de salvación por el mundo entero. El evangelio de hoy nos presenta un ejemplo claro del poder de la Palabra: “Jesús entró en Cafarnaúm, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.” La gente se sorprende porque Jesús predica y enseña, no como los maestros de la ley que se atenían simplemente a la ley escrita, sino con el poder de la palabra de Dios: “una nueva doctrina enseñada con autoridad”.

La carta de presentación de la autoridad de Jesús como enviado de Dios, es lo que dice y lo que hace. Y justamente ese día, al terminar su predicación, Él hace un prodigio signo inequívoco de su poder. “Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo”. Este espíritu inmundo es el espíritu opuesto a Dios, él que lleva al mal, que esclaviza al ser humano y que ha tomado posesión de ese hombre. Un espíritu que, sin embargo reconoce en Jesús aquel que lo puede vencer: “Ya sé quién eres: el Santo de Dios”.

Jesús, en verdad, es “Santo” como Dios Padre es Santo, y su palabra tiene el poder de confrontar y vencer al espíritu maligno: “Cállate y sal de este hombre… y el espíritu impuro salió de ese hombre”.  Además de erradicar al mal en sus raíces y liberarnos del pecado, la palabra de Jesús, renueva y re-crea al mundo y a la humanidad, sanando, perdonando y abriendo las puertas del reinado del amor y de la vida de Dios.  

Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: – ¿Qué es esto?”. Para esa gente la manera de predicar y actuar de Jesús, es algo totalmente nuevo y nunca visto. Ellos se asombran, se maravillan y se sienten interpelados por la persona de Jesús, perciben la novedad del Evangelio que Él anuncia y entrevén en su actuación el poder de Dios ya presente en la historia.

La enseñanza de Jesús es nueva porque manifiesta la potencia de la acción de Dios mismo que hace realidad lo que dice, como la luz que vence a las tinieblas.

Jesús lleva la lucha en contra del espíritu del mal, a lo largo de toda su misión, destapándolo y derrotándolo en todas las situaciones. Pero, sobre todo Jesús, al liberar a las personas de los espíritus malignos, revela el verdadero rostro de Dios, no un rostro de un señor riguroso siempre pronto a castigar, sino de un Padre que ama y que quiere salvar de las garras del mal y de la muerte a toda la humanidad.  

La lucha de Jesús en contra del mal para abrir el camino de Dios, es la lucha que la Palabra lleva continuamente en nosotros y en el mundo; la lucha para salir de la esclavitud a la libertad y de nuestro egoísmo para meternos en el camino del amor y de la vida y encontrar al Señor.

San Pablo, en la carta a los cristianos de Corinto, nos exhorta a acoger con gozo y disponibilidad la Palabra del Señor que quiere nuestro bien y nos anima a poner nuestra vida en sus manos amorosas de Padre. “Les he dicho estas cosas para el bien de ustedes… para que hagan lo más conveniente y se entreguen totalmente al Señor”.

Entregarnos al Señor concretamente significa también que nos convertirnos en profetas, en mensajeros y portavoces de la Palabra de Dios en nuestra familia, comunidad y sociedad, asechadas por tantos sufrimientos y males y sedientas de esperanza, amor y vida. Para que cumplamos esa misión, la Palabra de Dios, como lo fue por los profetas del Antiguo Testamento, tiene que hacerse nuestra vida, hacerse nuestro modo de ser, de pensar, de actuar y de amar.

De esta manera, podemos testimoniar la alegría del Evangelio en todos los ámbitos en los que, cada día, nos movemos y actuamos, dispuestos a sufrir por cumplir el mandato de Dios, como lo fue por tantos profetas.

Pasado mañana, 2 de febrero, Fiesta de la Presentación del Señor o de la Virgen Candelaria, la Vida Consagrada celebra su XXV Jornada mundial. Es la oportunidad para que hermanas y hermanos consagrados den gracias a Dios por el don de la maravillosa vocación que, de diversas maneras, hace resplandecer el amor de Dios en la Iglesia y en el mundo. Ellos, como María, han escuchado y acogido la Palabra de Dios y la han hecho parte de su vida.

Su testimonio profético de entrega total a Dios, es signo de que también cada uno de nosotros, de acuerdo a su estado de vida, puede ser testigos del amor de Dios, acogiendo con disponibilidad y generosidad la invitación que Dios nos hace por boca del autor del salmo que hemos cantado hace un momento: “Ojalá hoy escuchen la voz del Señor”.

En este espíritu de escucha de la voz del Señor, hago un llamado a los sectores de salud que están movilizados para que busquen alternativas al paro indefinido, una medida extrema de grave responsabilidad moral y humanitaria que, en esta calamidad de la pandemia, podría causar un sinnúmero de muertos. Les animo a seguir, con un diálogo sincero, responsable y respetuoso, con las autoridades públicas correspondientes y a no escatimar esfuerzos para encontrar una solución concertada que redunde en beneficio de la salud de todos los ciudadanos: “Ojalá hoy escuchemos todos la voz del Señor”. Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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