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domingo 28 febrero 2021
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Arzobispo: El sistema económico y político vigente deja al margen a miles de hermanos que sufren en carne propia la pobreza y que han perdido la esperanza de un futuro digno

Campanas. Desde la Catedral este domingo 14 de febrero el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti  dijo que, nosotros no podemos resignarnos ni desinteresarnos ante un sistema económico y político vigente en el mundo, que deja al margen de la sociedad y en condiciones inhumanas de vida y carentes de los servicios básicos a miles y miles de hermanos descartados, sufridos y mellados en su dignidad de personas, que sufren en carne propia la pobreza y el abandono y que han perdido la esperanza de un futuro digno y humano.

El recrudecer de la pandemia en nuestra ciudad, nos pide la responsabilidad y el sacrificio de parte de todos de renunciar al tiempo y espacio de esparcimiento del carnaval en las calles y quedarnos en nuestro propio hogar. Como Iglesia hemos acogido el llamado de las autoridades, convencidos que esta medida será de gran utilidad en luchar juntos y solidariamente por la vida de todos. Por eso, hoy no podemos contar con su presencia activa en la celebración Eucarística. Sin embargo, agradezco al Señor porque Uds. pueden seguir esta Santa Misa a través de las redes y medios de comunicación y sobre todo porque están espiritualmente presentes junto con nosotros alrededor de Cristo Eucarístico.

En el Evangelio de hoy hemos escuchado el pedido que, con un cierto temor, un leproso hace a Jesús mientras está anunciando la Buena Noticia del reino de Dios por los caminos de Galilea: “Si quieres puedes purificarme. Aunque Jesús es su última esperanza, este enfermo, no lo presiona, solo confía en su misericordia y en su poder sanador.

La situación de exclusión y marginación de tantos hermanos y hermanas, se ha agravado mucho más a causa de la pandemia del COVID.

Así mismo el prelado afirmó que la situación de exclusión y marginación de tantos hermanos y hermanas, se ha agravado mucho más a causa de la pandemia del COVID, aunque es cierto que esta ha golpeado a todos con sus secuelas de dolor y de muerte, con el aislamiento forzoso, con el distanciamiento social y la crisis general.  

La dura experiencia del Covid debería motivarnos a todos a solidarizarnos con los más vulnerables y necesitados

También Mons. Aseguró que esta dura experiencia debería motivarnos a todos a solidarizarnos con los más vulnerables y necesitados y a comprometernos seriamente en un cambio de paradigma que apunte a una economía de tinte social y a una política que privilegie la vida humana por encima de todo, el respeto de la naturaleza y del medio ambiente, y que trabaje para construir una sociedad ecua, justa y fraterna.

La compasión de Jesús por el sufrimiento del ser humano, es expresión de la cercanía de Dios a los enfermos y marginados de la sociedad

La compasión de Jesús por el sufrimiento del ser humano, es expresión concreta de la cercanía de Dios a los enfermos, a los pobres, a los últimos y marginados de la sociedad, elemento distintivo del Reino de Dios. El testimonio de Jesús cuestiona a la mentalidad de nuestro mundo hoy, en particular a nosotros cristianos, acerca de nuestra actitud ante tantos “leprosos de hoy“, dijo el prelado.

Es la propuesta que, esta mañana, nos hace Jesús al recordarnos que, en el reinado de Dios, todos somos invitados a participar del banquete de la vida como hermanos en paridad de condiciones.

En el inicio de la cuaresma sigamos los pasos del leproso y aceptemos nuestras limitaciones humanas, y confiemos en el amor de Jesús

Al iniciar la cuaresma el próximo miércoles de ceniza, el camino que nos lleva a revivir el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, sigamos los pasos del leproso del evangelio, sanado y purificado por Jesús. Él nos invita a aceptar nuestras limitaciones humanas, a confiar en el amor de Jesús, a ir donde él, a recurrir a su poder liberador y, finalmente, a convertirnos en discípulos – misioneros suyos, anunciando la buena noticia de la salvación y siendo testigos de las obras maravillosas de Dios. “Felices los que van por un camino intachable, y buscan a Dios de todo corazón”. Expresó Mons. Gualberti desde la Catedral de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

 

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispos de Santa Cruz

14/02/2021

El recrudecer de la pandemia en nuestra ciudad, nos pide la responsabilidad y el sacrificio de parte de todos de renunciar al tiempo y espacio de esparcimiento del carnaval en las calles y quedarnos en nuestro propio hogar. Como Iglesia hemos acogido el llamado de las autoridades, convencidos que esta medida será de gran utilidad en luchar juntos y solidariamente por la vida de todos. Por eso, hoy no podemos contar con su presencia activa en la celebración Eucarística. Sin embargo, agradezco al Señor porque Uds. pueden seguir esta Santa Misa a través de las redes y medios de comunicación y sobre todo porque están espiritualmente presentes junto con nosotros alrededor de Cristo Eucarístico.

En el Evangelio de hoy hemos escuchado el pedido que,  con un cierto temor, un leproso hace a Jesús mientras está anunciando la Buena Noticia del reino de Dios por los caminos de Galilea: “Si quieres puedes purificarme. Aunque Jesús es su última esperanza, este enfermo, no lo presiona, solo confía en su misericordia y en su poder sanador.

Jesús conmovido, extendió su mano y lo toco”. Jesús se conmueve, hace propio el problema del leproso y lo toca, señal clara de solidaridad y cercanía. El toque de Jesús es un gesto muy humano y fraterno, pero también una actitud de mucha valentía y audacia porque contraviene a la ley de Moisés, como hemos escuchado en el pasaje del libro del Levítico. “La persona afectada por la lepra… ira gritando “Impuro, impuro” será impuro y vivirá apartado y su morada estará fuera del campamento”.

Esa ley, buscaba defender a la comunidad contra la lepra, enfermedad extremadamente contagiosa y considerada también como castigo de Dios por los pecados. Tocar a un leproso, no solo podía causar el contagio sino que volvía a una persona ritualmente impura, impedida de participar al culto religioso.

Por eso, cuando se sospechaba que una persona se había contagiado con la lepra, se le presentada al sacerdote que era llamado por la ley a decidir si en verdad se trataba de esa enfermedad y si se debía aislar de la familia, de la sociedad civil y de la comunidad religiosa para vivir lejos de la población.  Estando en esas condiciones de marginación y abandono, los leprosos al ver acercarse a alguna persona, tenían que hacerse notar gritando en voz alta “impuro”.

Esto no pasa con Jesús, por el contrario, su toque hace puro y digno a ese pobre leproso, como expresan las palabras que acompañan su gesto: “Lo quiero, queda purificado.” El querer profundo de Jesús de sanar a ese leproso, se transforma en una orden: “queda purificado”. Estas palabras ponen en evidencia que Él tiene el poder de liberar de la enfermedad, del mal y del pecado, el poder del amor que devuelve la salud y la esperanza de una nueva vida. Jesús supera la mentalidad del judaísmo que divide, separa y organiza a la gente en base al culto, marginando a los impuros y reintegrando a los sanos, pero sin poder purificarlos.

Con esta actuación, Jesús deja en claro que Dios desea que toda persona, sin discriminación alguna, sea purificada, es decir, capaz de entrar en comunión y relación filial con Él.  Luego Jesús, dice a ese hombre: “Ve a presentarte al sacerdote”, para que compruebe legalmente la sanación y lo reintroduzca en la comunidad.

Las intervenciones del Señor tienen como efecto la liberación integral del ser humano, tanto física como espiritual; por eso, además de haber sanado al leproso, le devuelve su dignidad de persona y lo pone en condiciones de reintegrarse plenamente a la vida y relaciones humanas de antes.

Al terminar su intervención, Jesús advierte severamente al leproso: “No le digas nada a nadie; esto para evitar el culto a la personalidad y porque todavía no ha llegado la hora de manifestarse como Hijo de Dios.

Pero ese hombre, no pudiendo contener la alegría de haber recibido esa gracia tan grande, va divulgando la noticia en todas partes, lo que obliga a “Jesús a no entrar públicamente en ninguna ciudad”. Acá cambian los destinos de los dos: el leproso que vivía marginado ahora se incorpora a la vida de la sociedad y Jesús, que predicaba en pueblos y ciudades, tiene que alejarse de los centros habitados y quedarse junto a los sectores más pobres y excluidos.

 La compasión de Jesús por el sufrimiento del ser humano, es expresión concreta de la cercanía de Dios a los enfermos, a los pobres, a los últimos y marginados de la sociedad, elemento distintivo del Reino de Dios. El testimonio de Jesús cuestiona a la mentalidad de nuestro mundo hoy, en particular a nosotros cristianos, acerca de nuestra actitud ante tantos “leprosos de hoy“.

Nosotros no podemos resignarnos ni desinteresarnos ante un sistema económico y político vigente en el mundo, que deja al margen de la sociedad y en condiciones inhumanas de vida y carentes de los servicios básicos a miles y miles de hermanos descartados, sufridos y mellados en su dignidad de personas, que sufren en carne propia la pobreza y el abandono y que han perdido la esperanza de un futuro digno y humano.

La situación de exclusión y marginación de tantos hermanos y hermanas, se ha agravado mucho más a causa de la pandemia del COVID, aunque es cierto que esta ha golpeado a todos con sus secuelas de dolor y de muerte, con el aislamiento forzoso, con el distanciamiento social y la crisis general.  Esta dura experiencia debería motivarnos a todos a solidarizarnos con los más vulnerables y necesitados y a comprometernos seriamente en un cambio de paradigma que apunte a una economía de tinte social y a una política que privilegie la vida humana por encima de todo, el respeto de la naturaleza y del medio ambiente, y que trabaje para construir una sociedad ecua, justa y fraterna.

Es la propuesta que, esta mañana, nos hace Jesús al recordarnos que, en el reinado de Dios, todos somos invitados a participar del banquete de la vida como hermanos en paridad de condiciones.

Al iniciar la cuaresma el próximo miércoles de ceniza, el camino que nos lleva a revivir el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, sigamos los pasos del leproso del evangelio, sanado y purificado por Jesús. El nos invita a aceptar nuestras limitaciones humanas, a confiar en el amor de Jesús, a ir donde él, a recurrir a su poder liberador y, finalmente, a convertirnos en discípulos – misioneros suyos, anunciando la buena noticia de la salvación y siendo testigos de las obras maravillosas de Dios. “Felices los que van por un camino intachable,… y buscan a Dios de todo corazón”. Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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