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martes 16 agosto 2022
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Arzobispo: Celebramos la Fiesta de la vida que se vuelve testimonio luminoso ante los ataques de los pregoneros de muerte

Campanas. Hoy 02 de noviembre en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral, el Arzobispo de Santa Cuz, Mons. Sergio Gualberti presidió la celebración Eucaristica por la conmemoración de los fieles difuntos. Concelebraron los Obispos Auxiliares: Monseñor Braulio Sáez, Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Monseñor René Leigue, el Rector de la Catedral y Vicario de Comunicación, P. Hugo Ara y el P. Mario Ortuño.

El Arzobispo afirmó que, en la conmemoración de los fieles difuntos celebramos la Fiesta de la vida que se vuelve testimonio luminoso ante los ataques de los pregoneros de descarte y de muerte. Así lo demuestran todos los preparativos de estos días, la visita a los cementerios y los adornos de las tumbas, los ritos en la casa que trasudan la fe profunda en la vida después de la muerte, el hacer celebrar la Santa Misa en sufragio de nuestros difuntos.

En el día de la Conmemoración de todos los difuntos, celebramos esta Eucaristía en sufragio a los pastores, Obispos Y sacerdotes, que han entregado su vida al Evangelio y a la Iglesia que peregrina en Santa Cruz. Es un acto de gratitud cristiana debido a los que han gastado su vida al servicio de esta Iglesia, que han anunciado la palabra de Dios, han celebrado los sacramentos de la gracia y han caminado en medio de nosotros, como pastores preocupados para reunir, guiar y animar al pueblo de Dios en su seguimiento al Señor, dijo Mons. Sergio al iniciar su homilía.

Alimentare la fede nella memoria di coloro che abbiamo incontrato e amato e che ora vivono in Dio per sempre»

La Eucaristía es la celebración de la esperanza, de que el Señor los haya recibido en su morada con esas palabras consoladoras: “Vengan siervos buenos y fieles, entren a participar del gozo de su Señor…” y que ya gozan de la felicidad y vida la eterna de Dios junto a todos los santos.

Esperanza que nos inunda también a nosotros de alcanzar un día la meta, la vida y la dicha para la eternidad en la casa del Padre, el Padre que por amor nos ha dado la vida para que encuentre su plenitud al final de nuestra peregrinación terrenal..

Eucaristía fiesta de la vida, si, porque hoy celebramos la fiesta de la vida nueva que Cristo nos ha conquistado, liberándonos de las cadenas del pecado y de las garras de la muerte, a través de la entrega de su vida en la cruz y por su resurrección. Fiesta de la vida que se vuelve testimonio luminoso ante los ataques de los pregoneros de descarte y de muerte. Así lo demuestran todos los preparativos de estos días, la visita a los cementerios y los adornos de las tumbas, los ritos en la casa que trasudan la fe profunda en la vida después de la muerte, el hacer celebrar la Santa Misa en sufragio de nuestros difuntos.

La Eucaristía celebración de la comunión profunda con nuestros hermanos que, si bien no están físicamente presentes entre nosotros, sin embargo lo están espiritual y realmente por Jesucristo, presencia de los ausentes y lejanos, por nuestros seres queridos que, por la fe, siguen vivos en Dios. Es el misterio de la comunión de los santos, nosotros oramos por ellos y ellos interceden por nosotros.

La Eucaristía celebración de la esperanza Pascual, muerte y resurrección de Cristo, cambia nuestra visión sobre el mundo, la historia y sobre el sentido de nuestra vida y destino: ya no miedo a la muerte sino la espera gozosa del encuentro con el Señor, ya que él es la vida plena y feliz para siempre.

La muerte física es tan solo el umbral de la vida, el paso de esta vida pasajera, vivida entre gozos y tristezas, entre salud y enfermedad, entre éxitos y fracasos, hacia la vida nueva y definitiva. La muerte es tan solo el umbral, el paso desde las tinieblas del dolor a la luz y a la felicidad, ya no habrá preguntas y dudas, temores y miedos, dolor ni lagrimas (prefacio). Si hay lagrimas son lágrimas de fe, porque nuestro cuerpo bajo la potencia del espíritu, va tomando la forma del cuerpo de gloria, de ese cuerpo espiritual que todos recibiremos en la resurrección de los justos.

Nuestra fe es la que nos hace afirmar que la muerte, el ataúd, la tumba no son lo definitivo, son el tránsito para la meta, para compartir la suerte de Cristo Resucitado, el Señor de la vida y la esperanza.  Este es el mensaje que debemos testimoniar los que creemos en Cristo, en un mundo siempre más sediento de luz, de orientación y esperanza, aunque no se dé cuenta.

Y justamente en este trance de la historia, cuando parecería que la humanidad ha alcanzado los logros más sensacionales desde el punto de vista científico y técnico, dominio de la naturaleza, es ahora cuando nos encontramos en una sociedad de muerte, causada en mayor medida por el hombre (COVID, fenómenos climáticos extremos, guerras…). 

Esta fiesta de “Todos Santos”, en que celebramos «la multitud inmensa, que nadie puede contar… que lavó sus ropas en la sangre del Cordero», nos hace presentes a tantos hermanos difuntos, parientes y amigos, los “santos anónimos”.

El camino hacia el cielo que ellos han recorrido, inicia acá en la tierra en la vida de cada día y se abre paso paulatinamente siguiendo a Cristo en el servicio al reino de Dios, manifestando ya ahora en germen el amor, la justicia, la salvación y la gloria de Dios, aunque su realización plena será al final de la historia en el Reino definitivo de Dios, donde compartiremos para siempre la felicidad y la Gloria del Hijo. Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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