Search
martes 19 enero 2021
  • :
  • :

Arrancó el “XLI Encuentro Internacional del Nuevo Pentecostés en la Mansión”

Campanas. Pidamos al Espíritu Santo que guíe e ilumine a la Iglesia y a cada uno de nosotros para que con nuestra solidaridad y amor a los hermanos más pobres y necesitados, seamos testigos del reino de Dios en nuestra sociedad, dijo el Arzobispo de Santa en la Misa de Inauguración del “41 Gran Encuentro Internacional del Nuevo Pentecostés”,  que arrancó este domingo 22 de noviembre.

El encuentro se prolonga hasta el 29 de noviembre en la capital cruceña y para los hermanos que viven en otros países y departamentos de Bolivia se seguirá a través de las plataformas virtuales de La Mansión.

El Gran Encuentro Internacional del Nuevo Pentecostés, es una mirada espiritual y de reflexión en estos tiempos de crisis que vive nuestra sociedad, y se realiza bajo el lema: “Guiados por el Espíritu Santo encarnamos la palabra” 

La Mansión, Centro católico Carismático de Evangelización, desde hace 41 años congrega a miles de feligreses de Bolivia y de países sudamericanos en jornadas de predicas orientadas a la reflexión espiritual del evangelio.

El Arzobispo de Santa Cruz, Monseñor Sergio Gualberti, presidió la Eucaristía de inauguración a horas 10:00 de este domingo 22 de noviembre, con la concelebración de sacerdotes Dominicos en el ‘Pahuichi’ de la mansión, este año por la Pandemia la participación presencial de fieles fue limitada a un 30% de la capacidad del establecimiento.

Mons. Sergio afirmó que No hay mejor manera de iniciar esta semana de la renovación que con la Eucaristía, la acción de gracias a Dios que a pesar de todo sigue bendiciéndonos y acompañándonos.

Desde hace 41 años y a pesar de la Pandemia del Covid – 19, Dios nos concede la gracia de celebrar en la solemnidad de Cristo Rey, el Gran Encuentro Internacional del nuevo Pentecostés, a la luz del tema: “Guiados por el Espíritu Santo encarnamos la palabra”, y en estos días estamos invitados a dejarnos guiar por el Espíritu Santo en la meditación de la Palabra de Dios, para hacerla nuestra vida, nuestra carne, dijo el prelado.

A través de tres imágenes de Pastor, Rey y Juez, las lecturas ponen en evidencia el “poder” de Cristo sobre el universo y la humanidad entera; el poder del bien y de la vida en una lucha constante y titánica para “vencer” a Satanás, al pecado y a la muerte, los “poderes enemigos” del plan de salvación de Dios. En este sentido, la historia de la salvación es también historia de la liberación progresiva del hombre respecto de todo lo que lo humilla y rebaja, una historia que alcanzará la plenitud de la salvación solo al final. Mientras tanto hay que ser vigilantes y seguir animosos en la lucha, con la esperanza de la resurrección.

Así mismo el Arzobispo aseguró que el amor al prójimo es el crisol decisivo por el cual “todos” indistintamente debemos pasar en el día final. Allí seremos juzgados según la aceptación o el rechazo de Cristo a quien no vemos en carne y hueso, pero que se identifica con cuantos, en el mundo, sufren y son olvidados, los “hermanos más pequeños”, los pobres, los enfermos, los encarcelados, los “don nadie” de la sociedad y los que son perseguidos a causa de la justicia.

Ante el Señor, ningún gesto bueno en favor de los pobres, por pequeño que sea, se pierde dijo el prelado. Cada vez que nos jugamos nuestra libertad y nuestra vida en obras de misericordia, en ser samaritanos al servicio de los hermanos más pequeños y en ser operadores de justicia y paz, lo hacemos al Señor.

Pidamos al Espíritu Santo que guíe e ilumine a la Iglesia y a cada uno de nosotros para que con nuestra solidaridad y amor a los hermanos más pobres y necesitados, seamos testigos del reino de Dios en nuestra sociedad, concluyó Mons. Sergio.

Este año debido a la pandemia y sus restricciones de bioseguridad, que prohíbe la aglomeración de personas para evitar el rebrote del Covid – 19, este encuentro se vivirá de forma muy diferente a los otros años anteriores, ya que para los extranjeros (de otros países y del departamento de Bolivia) se seguirá a través de las plataformas virtuales de las páginas de La Mansión:

  • Facebook: @lamansionscz
  • Instagram: @lamansiontv_scz
  • Youtube: LaMansionTV-SCZ

Para los fieles locales (Santa Cruz de la Sierra), la participación presencial será limitada a un 30% de la capacidad del establecimiento del Pahuichi conforme a los protocolos de bioseguridad establecidos por la legislación boliviana y la Iglesia Católica. Por lo tanto para los participantes que asistirán a las misas deben llegar media hora antes de las celebraciones.

Los predicadores invitados para este año son: El Padre Jorge Leonardo Guerra Guerra de Colombia, El Padre Rafael Guzmán Gabriel de Bolivia y la Lic. Cecilia Eugenia Hoyos Gulfo.

Homilía Completa

No hay mejor manera de iniciar esta semana de la renovación que con la Eucaristía, la acción de gracias a Dios que a pesar de todo sigue bendiciéndonos y acompañándonos. Y con estos sentimientos de humildad nos ponemos en la presencia de Cristo Rey, pero también de la comunidad y pedimos perdón por nuestros pecados, pecados de omisión, pecados en contra del amor y en particular porque Cristo es Rey del amor y sobre el amor seremos juzgados, dijo el prelado al iniciar la celebración.

Queridos hermanos y hermanas, desde hace 41 años y a pesar de la Pandemia del Covid – 19, Dios nos concede la gracia de celebrar en la solemnidad de Cristo Rey, el Gran Encuentro Internacional del nuevo Pentecostés, a la luz del tema: “Guiados por el Espíritu Santo encarnamos la palabra”, y en estos días estamos invitados a dejarnos guiar por el Espíritu Santo en la meditación de la Palabra de Dios, para hacerla nuestra vida, nuestra carne.

La palabra de Dios de hoy centra su atención sobre el rol insustituible de Jesucristo, el primero de todos que resucitó, el viviente que Dios constituyó Señor de la historia, principio y fin de la creación. Él es el único que puede pedir la adhesión de todo nuestro ser, el único ante quien debemos arrodillarnos y hacia quien tenemos que orientar nuestra existencia personal, familiar, comunitaria y social. Ningún ser humano, por poderoso que sea, tiene la potestad de exigirnos nuestra adhesión total y, en el caso que lo hiciera, estaría cometiendo una grave arbitrariedad y por lo tanto no deberíamos aceptar.

A través de tres imágenes de Pastor, Rey y Juez, las lecturas ponen en evidencia el “poder” de Cristo sobre el universo y la humanidad entera; el poder del bien y de la vida en una lucha constante y titánica para “vencer” a Satanás, al pecado y a la muerte, los “poderes enemigos” del plan de salvación de Dios. En este sentido, la historia de la salvación es también historia de la liberación progresiva del hombre respecto de todo lo que lo humilla y rebaja, una historia que alcanzará la plenitud de la salvación solo al final. Mientras tanto hay que ser vigilantes y seguir animosos en la lucha, con la esperanza de la resurrección, conclusión de todo el proceso de liberación.

En la primera lectura, el profeta Ezequiel nos presenta la imagen de Dios Pastor que se hace cargo del pueblo judío, ante el abandono y la miseria en que las autoridades lo tienen sumido: “Yo mismo voy a buscar mi rebaño, me ocuparé de mis ovejas, las libraré, las apacentaré con justicia, las llevaré a descansar, buscaré a la oveja perdida, la vendaré y sanaré”. Estas palabras revelan la firme decisión de Dios pero sobre todo su rostro misericordioso: Yo mismo buscaré mi rebaño, lo apacentaré, vendaré y sanaré. Dios cumplió esta tarea a lo largo de toda la historia de Israel por medio de los profetas y, en la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo para que fuera el Buen Pastor del nuevo pueblo de Dios y de toda la humanidad, como Jesucristo proclama solemnemente: “Yo soy el Buen Pastor”.

Jesucristo es también Rey, así lo afirma en el tribunal ante Pilato: “Yo soy rey… pero mi Reino no es como los del mundo”. El rey es el símbolo por excelencia del poder absoluto, y Cristo en verdad recibió de parte del Padre todo el poder, pero no el poder del dominio opresor, sino del amor ejercido como servicio: “No he venido para ser servido, sino para servir… el que quiere ser el primero, que se haga el servidor de todos”.

Y en verdad, Jesucristo pasó toda su vida implementando el reino de Dios, haciendo el bien y sirviendo a todos, en particular a los pobres, los enfermos los excluidos de la sociedad de su tiempo y los pecadores, alcanzando en la cruz la cumbre de su entrega y amor. Y es justamente sobre la cruz donde aparece ese título real, pero como motivo de su condena: “Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos”. !Sí!, Jesús es rey, pero no un rey sentado en un trono, sino un rey insultado, sufrido y ajusticiado.

La tercera imagen, es la de Jesucristo como Juez. Es cierto que Dios quiere que todos las personas se salven, sin embargo no lo hace en contra de nuestra voluntad. Esto nos lo revela el evangelio que acabamos de escuchar con la escena grandiosa del juicio universal, el último acto de la historia. Con el poder del Padre, Jesucristo es el justo juez que juzga a toda creatura humana, una imagen muy distinta del Jesús sangriento e insultado ante los tribunales humanos. Desde los poderes de su tiempo hasta los de hoy se ha juzgado a Cristo, pero en el juicio final, Él decidirá quién permanecerá de pie y quién caerá para la eternidad. Esta es la fe inmutable de nuestra Iglesia como proclamado en el Credo: «De nuevo vendrá con gloria para juzgar vivos y muertos, y su reino no tendrá fin».

En verdad, el juicio de Dios se está realizando ya en el presente de nuestra vida, el veredicto final no será más que hacer pública la sentencia que día a día vamos dictando nosotros mismos con nuestra actuación.

El amor al prójimo es el crisol decisivo por el cual “todos” indistintamente debemos pasar en el día final. Allí seremos juzgados según la aceptación o el rechazo de Cristo a quien no vemos en carne y hueso, pero que se identifica con cuantos, en el mundo, sufren y son olvidados, los “hermanos más pequeños”, los pobres, los enfermos, los encarcelados, los “don nadie” de la sociedad y los que son perseguidos a causa de la justicia: “Tenía hambre y me dieron de comer, tenía sed y me dieron…”. “¿Cuándo Señor… te hemos visto hambriento, sediento… y te hemos dado de comer?… En verdad les digo, cada vez que han hecho esto a uno sólo de mis hermanos más pequeños, a mí me lo han hecho…”.

Ante el Señor, ningún gesto bueno en favor de los pobres, por pequeño que sea, se pierde. Cada vez que nos jugamos nuestra libertad y nuestra vida en obras de misericordia, en ser samaritanos al servicio de los hermanos más pequeños y en ser operadores de justicia y paz, lo hacemos al Señor. Por eso, Cristo tiene unas palabras temibles para los que no son misericordiosos con los sufridos y descartados del mundo: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo.- Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna”.

Las tres imágenes Pastor, Rey y Juez, nos confirman que el amor es el núcleo central del Reino de Dios, el motivo por el cual Dios mismo se ha hecho cercano a nosotros y se ha vuelto nuestro prójimo en su Hijo hecho hombre y esta es la buena noticia que debemos encarnar en nuestra vida. Nosotros somos llamados a ser herederos del reino eterno de Dios sabiendo, que de nosotros, en la eternidad, queda solo el amor dado y recibido.

Pidamos al Espíritu Santo que guíe e ilumine a la Iglesia y a cada uno de nosotros para que con nuestra solidaridad y amor a los hermanos más pobres y necesitados, seamos testigos del reino de Dios en nuestra sociedad. Y cuanto necesitamos de este testimonio, sobre todo en este tiempo en que mucha gente está sufriendo por la pandemia, pero no es solo una pandemia sino una pandemia social, una pandemia de trabajo.

Que el Señor nos conceda a todos y cada uno de nosotros la gracia de escuchar, al final de nuestra vida, sus palabras consoladoras: “Vengan, benditos de mi Padre, reciban la herencia del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo”. Amén

Fotografías: Facebook: Ruben Mendizabal Vargas

 

Graciela Arandia de Hidalgo