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domingo 3 diciembre 2023
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“Amar y Servir, el tesoro que vale más que todas las riquezas terrenales” P. Hugo Ara

Infodecom/El P. Hugo Ara, rector de la Catedral de Santa Cruz, se sumó al ambiente de fiesta por haber celebrado un año más de la independencia de Bolivia, al respecto indicó que “Dios nos ha regalado este territorio rico en recursos naturales, rico en personas y culturas” y nos exhortó a hermanarnos más y agradecer a Dios por todos los beneficios que nos ha regalado.

El P. Ara invitó a reflexionar sobre el momento de la venida del hijo del hombre, “que no nos sorprenda descuidados, y hagámoslo sin miedo animados por la esperanza, porque también hoy el Señor Jesús nos dice a nosotros como en aquel tiempo al pequeño grupo de sus primeros discípulos: No tengan miedo”

En ese contexto el P. Ara rememoró la parábola de los servidores vigilantes. “Felices los servidores a quienes el dueño encuentre velando a su llegada, les aseguro que el mismo se pondrá el delantal, los hará sentar a la mesa y les servirá uno por uno.

Finalmente el Rector de la Catedral recordó a los fieles a tener en cuenta que “Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá” Y si nosotros nos sentimos amados por Dios, nos pedirá también el día de nuestro juicio mucho amor, todos los frutos que hayamos dado en ese amor a Dios y a nuestro prójimo.

HOMILIA DEL RECTOR DE LA CATEDRAL DE SANTA CRUZ
PADRE HUGO ARA
PRONUNCIADA EL 7 DE AGOSTO DE 2016

Hermanos y Hermanas

Acompañamos a nuestro Pastor, Mons. Sergio Gualberti, en su visita pastoral a todos los hermanos y hermanas internos en Palmasola.

Todavía estamos con el ambiente de fiesta por haber celebrado un año más de la independencia de nuestra Patria Bolivia, que todos nos comprometamos a trabajar por ella, Dios nos la ha dado, Dios nos ha regalado este territorio rico en tantos recursos naturales, rico en tantas personas y culturas que cada vez nos tenemos que hermanar más y tenemos que agradecer a Dios por todos los beneficios que nos ha regalado.

El tema central del pasaje evangélico que hemos escuchado, consiste en la exhortación de Jesús a sus discípulos a que estén preparados para que cuando llegue el momento del encuentro definitivo con Dios en la eternidad, estemos celebrando felices ese encuentro.

Esta exhortación que es también para nosotros la hace el Señor Jesús, empleando varias comparaciones. Reflexionemos sobre ella para que aquel momento que en el evangelio es designado la venida del hijo del hombre, no nos sorprenda descuidados, y hagámoslo sin miedo animados por la esperanza, porque también hoy el Señor Jesús nos dice a nosotros como en aquel tiempo al pequeño grupo de sus primeros discípulos: No tengan miedo.

Y el Señor nos dice: Donde está tu tesoro allí también estará tu corazón. Si lo más valioso para nosotros es lo material, allí estarán nuestros afectos hasta sacrificar los demás valores familiares, sociales, espirituales, en función de aquello que consideramos más importante. En cambio si reconocemos que los bienes materiales son solo medios en función de lograr el fin para el que fuimos creados, el cual consiste en ser plena y eternamente felices y que este fin sólo lo alcanzamos disponiéndonos a en todo amar y servir a Dios. Amando y sirviendo a nuestros hermanos en especial los más necesitados, entonces habremos hallado el tesoro que vale más que todas las riquezas terrenales.

No olvidemos hermanos en todo amar y servir, amar a Dios amando a nuestros hermanos, amar a Dios construyendo una patria digna para todos y servir a todos como el Señor nos lo ha mandado.

También el Señor nos dice “Felices los servidores, a quienes el dueño los encuentro velando a su llegada”. La imagen del servidor es muy significativa. En el mismo evangelio según San Lucas, Jesús les dirá a sus discípulos al compartir con ellos la última cena, antes de su pasión y muerte en la cruz, Yo estoy en medio de ustedes, como el que sirve, y se puso a lavarles los pies a sus discípulos, entonces el Señor también nos anima a nosotros a que nuestra vida esté llena de servicio y esa capacidad siempre de reconocer al otro como mi hermano, y ese don de Dios para todos nosotros que nos da la capacidad siempre de servir y de amar.

Y esto ocurre precisamente cuando sus discípulos se ponen a discutir sobre quién de ellos es más importante, En este mismo contexto podemos entender lo que Jesús nos dice hoy en la parábola de los servidores vigilantes. “Felices los servidores a quienes el dueño encuentre velando a su llegada, les aseguro que el mismo se pondrá el delantal, los hará sentar a la mesa y les servirá uno por uno.

Y al volver sobre el tema en su respuesta a la pregunta de pedro: Señor ¿dijiste esta parábola para nosotros o para todos?. El señor toma como figura la relación entre los empleados y el dueño de una hacienda. Si nos fijamos en la parte final de la respuesta del Señor Jesús a Pedro en el evangelio, podríamos considerar bastante cruel el comportamiento de un patrón que castiga a sus servidores que se han portado mal dándoles azotes. Pero Jesús simplemente está empleando una figura en el contexto de la palabra, lo que importa es la enseñanza de fondo que aparece en la frase final que dice el Señor Jesús, “Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá” Y si nosotros nos sentimos amados por Dios, nos pedirá también el día de nuestro juicio mucho amor, todos los frutos que hayamos dado en ese amor a Dios y a nuestro prójimo.

Ah si el dueño de la casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, esta comparación empleada por el Señor Jesús, se relaciona muy significativamente con la metáfora del tesoro donde debe estar nuestro corazón. El verdadero tesoro que le da sentido a nuestra vida en un horizonte de eternidad, es nuestra vida espiritual de acuerdo con la voluntad de Dios, Hemos de buscar en todo momento qué es lo que Dios quiere que nosotros hagamos y como nosotros hemos de buscar constantemente, insistentemente cumplir con la voluntad de Dios, en nuestra vida.

Por eso hermanos y hermanas, debemos vigilar para que el encuentro definitivo con el Señor a la hora de nuestra muerte, no nos sorprenda sin la debida preparación. Por lo tanto teniendo en cuenta que ya estamos advertidos, como lo estuvieron al salir de la esclavitud de Egipto los Israelitas a los que se refiere la primera lectura, lo que habría de suceder se les anunció de antemano, renovando a ejemplo de Abraham nuestra fe y esperanza en el futuro de felicidad que Dios nos promete. Como se nos dice en la segunda lectura la fe es seguridad de lo que se espera y confiando en la misericordia de Dios como nos invita a hacerlo el Salmo 33, examinemos nuestra conciencia, cada día para estar debidamente dispuestos al encuentro con Dios en el momento definitivo de nuestro paso de esta vida a la eternidad.

Que es lo que en el lenguaje bíblico del nuevo testamento se denomina la venida del hijo del hombre, el mismo al que le decimos en la eucaristía al adorar su cuerpo y su sangre: “Ven Señor Jesús”, “Ven Señor Jesús” y de quién esperamos a nuestra vez escuchar aquella frase que el mismo anunció que les diría quienes estén debidamente preparados: Vengan benditos de mi padre.

Que escuchemos esta palabra del Señor y nos comprometamos cada vez más a preparar nuestra vida haciendo el bien, a preparar ese encuentro maravilloso con el Señor cuando le ofreceremos el corazón lleno de amor, lleno de servicio.

Que el Señor nos bendiga todos y nos guarde siempre.

Amén.

Graciela Arandia de Hidalgo



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