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viernes 19 julio 2019
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Agradece, abraza

aleteia.org/¿He descolgado el teléfono y he llamado a aquellas personas que han influido en mi vida? Me da miedo a veces descuidar la vida que tengo. Quejarme sólo de lo que me falta y vivir pensando en lo que podría haber sido si la vida me hubiera sonreído.

Me da miedo dejar de luchar por mis sueños, perder la esperanza, acomodarme en mi rutina. Pensar que es imposible todo lo que deseo y que nunca voy a cambiar lo suficiente para ser feliz de verdad. Tan feliz como yo deseo.

No quiero acabar pensando que la realidad es demasiado pesada y difícil. Me da miedo acostumbrarme a la queja y a la pena. Acostumbrarme a pensar que vivir con pena en el alma es lo habitual.

No quiero desconfiar de lo que no controlo. Quiero aprender a perder el control de mi vida sin turbarme. Aprender a vivir sin tener que saber bien lo que viene, lo que me espera. Me gustaría ser más confiado.

Y a la vez más agradecido a Dios, a los hombres, a la vida. Porque dicen también que los que agradecen más son más felices. Agradecer a aquellas personas que han influido en mi vida, que han marcado mi camino, que han sido importantes. ¿Lo he hecho alguna vez?

¿He descolgado el teléfono y los he llamado? ¿Me he tomado el tiempo para agradecer a los que me acompañan en el camino sin quejarse? No lo sé. Tal vez no lo hago tanto. Y al final de la noche me quedo retenido en lo que no salió bien. En lo que no fue perfecto. En lo que hubiera deseado y no sucedió.

Sé que agradecer me sana por dentro, cura mis heridas, me hace mejor persona. Agradecer a los que me acompañan, aunque ellos piensen que no es tan importante lo que han hecho por mí.

Y abrazar en señal de gratitud a los que Dios pone en mi camino. El otro día leía: “¿Abrazamos? ¿A quiénes abrazamos? ¿Con qué frecuencia abrazamos? ¿Cómo abrazamos? Estas preguntas importan. Si abrazamos bien, abrazamos mucho. Si abrazamos bien, abrazamos a muchos. Uno abraza a otros como abraza la vida. Uno abraza la vida como se abraza a sí mismo. ¿Te abrazas? Si no nos conocemos, no conocemos nuestras necesidades reales, no cuidamos de nosotros”.

Graciela Arandia de Hidalgo



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