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martes 26 septiembre 2023
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Adviento, una escuela de esperanza

Iglesia Viva 30.11.15. Con este contenido llega el mensaje semanal de Mons. Jesús Pérez, arzobispo emérito de Sucre.

“En adviento, la palabra de Dios nos llama a la esperanza que nos salva y se constituye en fuerza salvadora de todas las personas. El adviento es una amorosa invitación a la confianza total en Dios y en las personas, es una “escuela de esperanza”, a pesar de las circunstancias históricas o personales no parezcan favorecer esta visión optimista. Hay que vivir el adviento, seguir adelante, “pidiendo la fuerza para escapar de todo lo que está por venir” ¿qué estás dispuesto hacer, desde hoy, para vivir con fe, esperanza y caridad, este tiempo de adviento?”
SIGAN ADELANTE

Todos los cristianos católicos, desde este primer domingo de adviento, estamos invitados a prepararnos a la hermosa y encantadora fiesta de la Navidad. Una fiesta de fe para muchos que perseveran en el seguimiento de Cristo, quien ha venido a salvarnos. La liturgia de este domingo nos hace mirar hacia el futuro de la humanidad. Hasta el día 16 de diciembre, en las lecturas bíblicas, no se toma tanto en cuenta a los acontecimientos de Belén, sino la vuelta de Jesús, quien volverá “triunfante y glorioso”. El domingo pasado, fiesta de Cristo Rey, hemos iniciado este recuerdo de la última venida de Cristo. El adviento que iniciamos hoy, nos lleva a la celebración del 25 de diciembre. Los cristianos no debiéramos olvidar que el adviento no acabará hasta la segunda venida de Jesús.
El adviento debe decirnos a los creyentes en Jesús, toda la verdad sobre el acontecimiento decisivo de la historia: la redención de la persona humana y del mundo en Cristo, redención que se siente cada día como más decisiva y necesaria aunque desde diferentes perspectivas; toda la verdad de la revelación de Dios en Cristo que vino a la tierra nuestra, vivió en ella y en ella habló, sufrió y murió y resucitó, para que toda persona llegue a ser plenamente persona; toda la verdad acerca de la transformación que debe ir logrando la humanidad hasta alcanzar la plena realización a que cada persona está llamada. Lo que está en juego en el adviento, de lo que se trata es vivir, es para decirlo con una sola palabra, la esperanza. La esperanza cristiana tiene que estar al servicio de todas las personas del mundo. Adviento, tiempo para vivir hondamente la esperanza.

Cuando se lee, día a día, la Palabra de Dios propia del adviento, impresiona las insistentes llamadas a la esperanza y estremecen los gritos de tantas gentes oprimidas. Los gritos de los oprimidos llegan hasta el cielo, al trono de Dios. Todo es actual porque hoy hay esclavos y oprimidos y desfallecemos por falta de esperanza. Es necesario en esta preparación a la Navidad, hacer un esfuerzo para conocer las maravillosas lecturas de cada día. Jesús dice: “el que viven en pecado es esclavo”.

Es necesaria la fuerza de la esperanza para todos y para todo, especialmente para el creyente. Para liberarnos de los miles de trampas que nos tiende la vida en todas partes y, a todos. Y, también para ayudar a zafarse a tantas personas: de las alienaciones de esta sociedad consumista, de tantos manejos, las evasiones, indiferencias irresponsables, de las protestas que no construyen nada, de las rabietas y críticas de los rebeldes que no hacen nada. Sin la esperanza firme, difícil, dura y formidable, sucumbiremos.

El apóstol Pablo a los cristianos que ya vivían practicando el evangelio les insta a que sigan así, que crezcan en su fe; “procedan para agradar a Dios; procedan así y sigan adelante”. Los cristianos de Tesalónica son recién convertidos; necesitan madurar. “Sigan adelante”; buena consigna para cada comunidad parroquial, para los diferentes grupos que hacen reuniones frecuentes, para las comunidades religiosas, para cada cristiano.

La mirada al futuro, incluidos los fenómenos cósmicos de que habla Jesús, no nos debieran llenar de temor o espanto, si no de esperanza: “alcen las cabezas; se acerca su liberación”. Lo que sucederá, con detalles, que no entendemos, es que” veremos al Hijo del Hombre con gran poder y majestad. El motivo es de esperanza, no de angustia. La muerte de cada uno no representa el final, sino el comienzo de una nueva manera de existir. Ni el fin del mundo para toda la humanidad y el cosmos. La muerte y el final del mundo, no es la última palabra, sino la vuelta triunfal de Cristo, aunque no sepamos explicar, y el inicio de unos cielos nuevos y una tierra nueva. No sabemos qué y cómo sucederá; lo que sabemos por la palabra de Dios es que “mil años a los ojos de Dios, son como un día”.

En adviento, la palabra de Dios nos llama a la esperanza que nos salva y se constituye en fuerza salvadora de todas las personas. El adviento es una amorosa invitación a la confianza total en Dios y en las personas, es una “escuela de esperanza”, a pesar de las circunstancias históricas o personales no parezcan favorecer esta visión optimista. Hay que vivir el adviento, seguir adelante, “pidiendo la fuerza para escapar de todo lo que está por venir” ¿qué estás dispuesto hacer, desde hoy, para vivir con fe, esperanza y caridad, este tiempo de adviento?
Sucre, 29 de noviembre de 2015.

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
Arzobispo emérito de Sucre

Graciela Arandia de Hidalgo



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