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martes 19 enero 2021
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“Acudamos a la protección de María, nuestra Madre amorosa, en estos tiempos difíciles”, pide Arzobispo al iniciar la novena de la Mamita de Cotoca

Campanas. Inició la novena de la Virgen de Cotoca, el Arzobispo desde la Catedral nos invita a acudir a a la protección de María, nuestra Madre amorosa, en estos tiempos difíciles”.

El domingo 29 de noviembre a las 19:00 horas, y en sintonía con el  Santuario de Cotoca, desde la Basílica Menor de San  Lorenzo Mártir  – Catedral inició la novena en honor a la Patrona del Oriente boliviano.  Esta celebración fue presidida por el  Arzobispo de la Arquidiócesis de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti y acompañaron los Obispos Auxiliares: Mons. Braulio Sáez (Obispo Emérito), Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Mons. René Leigue y el Vicario General, P. Juan Crespo.

 En este tiempo de aflicción, María ha sido la compañera de camino de muchos y en cada hogar, en cada rincón, en cada familia se hizo presente como la madre del consuelo, sanando las heridas, fortaleciendo a sus hijos y sosteniendo a los pobres y sufrientes en su aflicción. El lema de este año: “Oremos a María consuelo y esperanza nuestra”, nos moviliza desde nuestra realidad a salir al encuentro del que sufre y seguir animando a la solidaridad, la unidad y la esperanza. Que esta novena en su honor nos ayude a forjar una nueva humanidad y hacer posibles nuevos modos de relación, de testimoniar la fe y de sentirnos hermanos entre todos.

En este clima especial del Adviento, tiempo de gracia y de esperanza, iniciamos esta noche con alegría la novena de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, la Mamita de Cotoca, como nosotros la llamamos con cariño, dijo el Arzobispo al iniciar su reflexión.

Es significativo que el evangelio del primer día de la novena nos presente a las Bienaventuranzas, el carnet de identidad de todo cristiano, el camino a la verdadera felicidad.

Significativo porque la primera criatura bienaventurada es la Virgen María, porque ha sido preservada de todo pecado y llamada a ser la madre del Salvador. “Dichosa, feliz me dirán todas las generaciones”, dijo el prelado.

Así mismo Mons. Afirmó que María es la Reina del cielo, ella ha vivido en carne propia la persecución de su hijo Jesús y las persecuciones de tantos cristianos en el mundo durante toda la historia de la Iglesia.

También el Arzobispo de Santa Cruz, aseguró que las Bienaventuranzas son el camino que Jesús nos propone para ser santos y dichosos; y María es la criatura que las ha encarnado plenamente en toda su vida. Por eso, pidámosle, esta noche, que nos acompañe y sostenga en este camino hasta la dicha plena al final de nuestra vida, y sea “la puerta del cielo”, que nos introduce a compartir, por toda la eternidad, la gloria del Padre junto a ella y a su hijo Jesús, dijo. 

Esta fuente de vida de la solidaridad nos anima a compartir y seguir haciendo gestos de humanidad y dignidad porque todos necesitamos llenarnos de vida nueva y alimentarnos de los valores que harán posible empezar de nuevo.

 

                

 

Reflexión Completa de Mons. Sergio Gualberti. Arzobispo de Santa Cruz, 29/11/2020

En este clima especial del Adviento, tiempo de gracia y de esperanza, iniciamos esta noche con alegría la novena de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, la Mamita de Cotoca, como nosotros la llamamos con cariño.

La novena este año lleva como lema: “Oremos a María, nuestra esperanza y consuelo”, palabras muy certeras que nos invitan a acudir a la protección de María, nuestra Madre amorosa, en estos tiempos difíciles.

Es significativo que el evangelio del primer día de la novena nos presente a las Bienaventuranzas, el carnet de identidad de todo cristiano, el camino a la verdadera felicidad.

Significativo porque la primera criatura bienaventurada es la Virgen María, porque ha sido preservada de todo pecado y llamada a ser la madre del Salvador. “Dichosa, feliz me dirán todas las generaciones”.

Dichosos los que tienen espíritu de pobre, los que tienen corazón de pobre y han hecho de Dios su único recurso y sustento, que son conscientes de los límites de creaturas, ricos no de las riquezas, el poder y la fama del mundo, sino de los bienes que no perecen. María joven campesina de familia humilde y pobre, se abandona totalmente a la voluntad de Dios: “Hágase en mí, según tu palabra”.

Dichosos los afligidos, los que lloran y sufren por los males de este mundo, por las injusticias, la violencia, los conflictos y las guerras, los que trabajan por un nuevo orden de cosas según el plan de Dios. El anciano Simeón l había predicho a María: “Una espada atravesará a tu pecho”, esto por haber abrazado la misión de su hijo y haberse quedado fielmente a su lado hasta la muerte en cruz: “María estaba”.

 Dichosos los mansos, los que vencen al mal con el bien, a la violencia con la no violencia activa, a la injusticia con la honestidad y que, al igual que Jesús, actúan como corderos en medio de lobos. A ellos y no a los violentos, los intrigantes y prepotentes será reservada la tierra como don y herencia, no esta tierra en el que todos estamos de paso, sino Dios mismo, la tierra que ningún avasallador podrá quitarnos. María es la primera criatura que, por su bondad y mansedumbre, a sido preservada de la muerte y goza de la gloria de su hijo, 

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia de Dios. Hambre de ser justos como el Padre, de reponer la justicia en las situaciones concretas de injusticia y de defender los derechos violados e ignorados, en especial de los pobres, los indefensos y los excluidos, para que la sociedad sea espacio de fraternidad, de dignidad y de equidad para todos. Cada uno de nosotros será saciado de lo que ha tenido hambre y sed. María se ha identificado con el Reino de Dios, el reino de la justicia, la verdad, la libertad, la paz y el amor, como expresa ella misma al alabar a Dios porque “desplegó la fuerza de su brazo, y deshizo los planes de los orgullosos, derribó a los poderosos de sus tronos y elevó a los humildes, a los hambrientos los llenó de bienes y a los ricos despidió con las manos vacía”. 

Dichosos los misericordiosos. Lo que harás con el mendigo que llega a tu puerta o que tú cruzas por la calle, Dios lo hará contigo. Ser misericordiosos como Dios, es decir sin límites, porque nosotros somos fruto de su amor ilimitado y gratuito. Jesús en la cruz pide a María su madre, ser también la madre de Juan y en él de ser nuestra madre: “Ahí tienes a tu hijo”, dispuesta a acompañarnos en nuestras cruces.

Dichosos los limpios de corazón. Dios habita en los puros de corazón, en las personas trasparentes y sinceras, donde no hay doblez ni hipocresía, que escuchan el grito de dolor de los pobres, que hacen fructificar la Palabra de Dios y que viven el mandamiento del amor. Ellos conocerán el misterio de Dios y disfrutarán de su plan de salvación.

María es la única que se dio cuenta del problema de los jóvenes esposo de Caná, y que pide la intervención de Jesús para que esa fiesta de boda no fracasara.

 Dichosos los que trabajan por la paz, los operadores de paz, los que buscan lo que une y no lo que divide, los que creen en la fuerza de los medios pacíficos, en el diálogo, en el respeto y en la escucha del otro y no en los conflictos, los bloqueos, los vandalismos y las medidas de fuerza. Ellos serán llamados hijos de Dios y lo son en realidad. María es la reina de la paz, en casi todas sus apariciones ha pedido orar por la paz en las familias, en las sociedades y entre todos los países del mundo

“Dichosos los perseguidos por vivir el plan de Dios… Dichosos Uds. cuando sean insultados y perseguidos”. Perseguidos no por cualquier motivo, sino a causa de la justicia del Reino, a causa de la fe en Jesús, del evangelio y del compromiso por los pobres y marginados. Los cristianos hoy somos más perseguidos que los hermanos de la Iglesia primitiva por nuestra fe en Dios, muchos han derramado y derraman su sangre y tantos otros son denigrados por la tiranía de una cultura laicista e intolerante que “no nos reconoce porque no ha reconocido a Dios”.  Para todos ellos, está prometida la perla preciosa del Reino de Dios. María es la Reina del cielo, ella ha vivido en carne propia la persecución de su hijo Jesús y las persecuciones de tantos cristianos en el mundo durante toda la historia de la Iglesia.

Las Bienaventuranzas son el camino que Jesús nos propone para ser santos y dichosos; y María es la criatura que las ha encarnado plenamente en toda su vida. Por eso, pidámosle, esta noche, que nos acompañe y sostenga en este camino hasta la dicha plena al final de nuestra vida, y sea “la puerta del cielo”, que nos introduce a compartir, por toda la eternidad, la gloria del Padre junto a ella y a su hijo Jesús.  Amén

 

Graciela Arandia de Hidalgo