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miércoles 19 diciembre 2018
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No busquemos solo los milagros sino a Jesús que libera también del mal y del pecado, dice Monseñor Sergio

Al explicar el evangelio del domingo donde Jesús devuelve la vista a Bartimeo, el Arzobispo Cruceño pidió a todos no ser ciegos ni indiferentes ante el sufrimiento humano. En temas de coyuntura pidió a las autoridades no ser ciegos ante el sufrimiento de las personas con cáncer y corregir el gasto “ineficiente” de los recursos del Estado para destinarlos prioritariamente a implementar políticas sociales como salud, educación y vivienda.

En la escena del Evangelio, Jesús no pasa de largo ante los sufridos y marginados y atiende el llamado de auxilio de Bartimeo a quien devuelve la vista. El Prelado señaló que “Bartimeo es el símbolo de las muchas personas que en nuestro mundo son excluidas del banquete de la vida: hermanas y hermanos que, por la enfermedad, por la pobreza y por distintas razones sufren situaciones de abandono y marginación”. En ese sentido lamentó que “A menudo nuestra sociedad y nosotros mismos, encerrados en el horizonte egoísta de nuestros intereses, somos ciegos e indiferentes, y pasamos de largo ante el sufrimiento de esos hermanos”.

No nos limitemos a buscar milagros sino que lleguemos al encuentro personal con Jesús que libera también del mal y del pecado.

Monseñor también hizo notar que la pregunta de Jesús a Bartimeo fue “¿Qué quieres que haga por ti? Esta pregunta del Señor nos puede parecer extraña, porque seguramente él ya se ha enterado de que Bartimeo es ciego y por tanto su respuesta es descontada: “Maestro, que pueda ver”. Sin embargo, la pregunta de Jesús apunta a lo más profundo, a que el ciego se aclare a si mismo y que exprese en público lo que quiere: ¿se conforma solo con los poderes de Jesús que le devuelven la vista o tiene fe en el Mesías que libera también del mal y del pecado? Nuestra búsqueda de Jesús no debe limitarse a sus poderes milagrosos, sino que tiene que desembocar en el encuentro personal con Jesús, encuentro que nos salva. No nos quedemos en el don, sino lleguemos al donante”.

Que los fondos estatales se destinen prioritariamente para implementar políticas sociales como salud, educación y vivienda

Haciéndose eco del clamor de los enfermos con cáncer por la falta de atención, de medicamentos y de terapias apropiadas, el Arzobispo Cruceño lamentó las graves fallas de la salud pública en nuestro país y el gasto “ineficiente” de los recursos del Estado (informe del Banco Interamericano de Desarrollo), y en ese sentido pidió que esta paradoja mueva a los responsables a corregirla y a “tomar medidas urgentes a fin de que los fondos estatales se destinen prioritariamente para implementar políticas sociales que respondan a las necesidades básicas y reales la población, como salud, educación y vivienda, en particular de los sectores más pobres y vulnerables”.

“En días pasados en nuestro país, se ha elevado el clamor de hermanos y hermanas enfermos de cáncer por la falta de atención, de medicamentos y de terapias apropiadas, hecho que ha desnudado las graves fallas de la salud pública. Y en esos mismos días también se ha publicado el informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) según el cual Bolivia ha sido catalogada, en la región, como uno de los tres países donde más, en el último tiempo, se gastaron “ineficientemente” los recursos del Estado. Esta paradoja tiene que mover a los responsables a corregirla y a tomar medidas urgentes a fin de que los fondos estatales se destinen prioritariamente para implementar políticas sociales que respondan a las necesidades básicas y reales la población, como salud, educación y vivienda, en particular de los sectores más pobres y vulnerables.

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ

BASÍLICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR (CATEDRAL)

DOMINGO 28 DE OCTUBRE DE 2018

Hoy el Evangelio nos presenta a Jesús que, acompañado por sus discípulos y mucha gente, está saliendo del pueblo de Jericó para emprender por última vez la subida hacia Jerusalén, hacia su muerte y resurrección. Mientras esa multitud está en camino, “sentado al borde del camino” está Bartimeo, hombre doblemente sufrido y marginado: por mendigo y por ciego. De hecho, ni siquiera tiene nombre propio, solo se lo conoce como el hijo de Timeo, esto significa Bar-Timeo.

Sentado”, no solo físicamente sino postrado en la impotencia humana y social: él no puede hacer nada más que esperar que alguien se compadezca de su situación y le alcance algo para su sustento.

Al borde del camino: él está al borde de la sociedad, marginado de la vida de cada día, víctima de la indiferencia de la gente que no lo toma en cuenta: no hay peor exclusión. La multitud que acompaña a Jesús, metida en sus propósitos e insensible a su dolor, pasa de largo y no se percata de Bartimeo. Sin embargo él, alertado por ese bullicio, se entera de que allí está Jesús y en seguida se pone a gritar.

“Gritar, clamar”, en el pueblo judío, era la manera de expresar, un pedido apasionado y vehemente a Dios de parte de personas o grupos que se encontraban en situaciones desesperadas o en graves peligros. Ellos ponían en Dios su única esperanza, confiados que los iba a escuchar, al igual que los había escuchado cuando los liberó de la esclavitud de Egipto.

El grito der Bartimeo es: Jesús, Hijo de David”.  Con esta expresión, con la que el pueblo sencillo se refería al Mesías, el mendigo reconoce en Jesús el enviado de Dios que trae la salvación, como dice el profeta Jeremías en la 1ª lectura.” ¡El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel!… hay entre ellos ciegos y lisiados, mujeres embarazadas y parturientas”.

“Ten piedad de mi”, apiádate de mí, ten misericordia conmigo. Es la súplica más cristiana de quien sufre y que se apela con toda su fe y sus fuerzas a la misericordia de Dios. Y ante el clamor de Bartimeo los presentes, en vez que ayudarle, lo reprenden y buscan callarlo, para que no moleste a Jesús, como si el sufrimiento y el dolor causaran molestia al Señor, en vez que misericordia.

Pero Bartimeo no se acobarda ni se rinde y al contrario grita con más fuerza: “Jesús, Hijo de David, ten piedad de mi”. Jesús, como verdadero “buen samaritano”, al escuchar ese grito de auxilio no solo no lo increpa, ni pasa de largo sino que se detiene y manda llamarlo. Su parada con el ciego no lo desvía de su camino a la cruz, sino que es parte de su entrega en la cruz para la vida de toda la humanidad.

La orden de Jesús hace que los presentes se sacudan de su indiferencia y que se dirijan al ciego con las palabras de Jesús: “¡Ánimo, levántate!” Jesús es el único que llama y no lo quiere doblegado, sino de pié y parado frente a él, una persona con dignidad. La respuesta no se deja esperar: “arroja el manto, se pone de pie de un salto y va hacia Él”. Tres verbos de acción: tira el manto que le sirve para abrigarse de día y para cobijarse de noche, es todo lo que posee, su pasado y su seguridad. De un salto se pone de pie y prontamente va donde el Señor.

En esa acción resuelta se nota que Bartimeo ha entendido que el llamado Jesús es la respuesta a sus plegarías y a sus esperanzas. Dejar las seguridades y el pasado, e ir sin titubeos hacia Jesús, son actitudes propias del discípulo que se libera de todo y rápido lo sigue.

Jesús le pregunta: “¿Qué quieres que haga por ti? Esta pregunta del Señor nos puede parecer extraña, porque seguramente él ya se ha enterado de que Bartimeo es ciego y por tanto su respuesta es descontada: “Maestro, que pueda ver”. Sin embargo, la pregunta de Jesús apunta a lo más profundo, a que el ciego se aclare a si mismo y que exprese en público lo que quiere: ¿se conforma solo con los poderes de Jesús que le devuelven la vista o tiene fe en el Mesías que libera también del mal y del pecado? Nuestra búsqueda de Jesús no debe limitarse a sus poderes milagrosos, sino que tiene que desembocar en el encuentro personal con Jesús, encuentro que nos salva. No nos quedemos en el don, sino lleguemos al donante.

“Vete, tu fe te ha salvado”; Jesús no dice “tu fe te ha sanado” sino “tu fe te ha salvado”, porque ha entendido que Bartimeo es un hombre de fe. Y Jesús se encarga de ponerla de manifiesto, para que los discípulos y toda la multitud conozcan y sigan su ejemplo. Bartimeo por la fe, ha recibido mucho más de lo que ha pedido: la vida nueva en Jesús. “En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino. La mirada de Bartimeo ahora no es solo física sino también una mirada de fe acerca de Jesús, mirada que lo mueve a seguirlo sin vacilaciones en el camino de la cruz. Aquí se da un cambio de roles: el ciego salvado se vuelve discípulo y los discípulos se portan como ciegos en perseguir el camino de la gloria humana.

Bartimeo es el símbolo de las muchas personas que en nuestro mundo son excluidas del banquete de la vida: hermanas y hermanos que, por la enfermedad, por la pobreza y por distintas razones sufren situaciones de abandono y marginación. A menudo nuestra sociedad y nosotros mismos, encerrados en el horizonte egoísta de nuestros intereses, somos ciegos e indiferentes, y pasamos de largo ante el sufrimeinto de esos hermanos.

En días pasados en nuestro país, se ha elevado el clamor de hermanos y hermanas enfermos de cáncer por la falta de atención, de medicamentos y de terapias apropiadas, hecho que ha desnudado las graves fallas de la salud  pública. Y en esos mismos días también se ha publicado el informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) según el cual Bolivia ha sido catalogada, en la región, como uno de los tres países donde más, en el último tiempo, se gastaron “ineficientemente” los recursos del Estado. Esta paradoja tiene que mover a los responsables a corregirla y a tomar medidas urgentes a fin de que los fondos estatales se destinen prioritariamente para implementar políticas sociales que respondan a las necesidades básicas y reales la población, como salud, educación y vivienda, en particular de los sectores más pobres y vulnerables.

Esta mañana el hijo de Timeo nos ha hecho tomar conciencia de que también nosotros somos ciegos y mendigos, necesitados de un encuentro con el Señor que nos libere de de las cegueras y ataduras personales y sociales a fin de poder seguirlo en el camino hacia la vida nueva y hacia el compromiso de construir una sociedad inclusiva y fraterna según los valores evangélicos de la libertad, la justicia y la paz. Amén.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz

Erwin Bazán Gutiérrez



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