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miércoles 19 diciembre 2018
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Santa Nazaria Ignacia, mensajera de la palabra de Dios y signo de esperanza para los más pobres y necesitados

La Catedral se llenó temprano, adentro lucían imponentes los retratos de los nuevos santos de la Iglesia, en el centro el de la mujer que dejó su vida por los pobres y la extensión del Reino, Nazaria Ignacia.  Monseñor Sergio gualberti presidió este domingo 14 de octubre la Eucaristía de acción de gracias por la canonización de Nazaria Ignacia, la mujer que se ha convertido en embajadora de Bolivia en los altares. El Obispo Emérito, Monseñor Braulio Sáez, el Vicario General, Padre Juan Crespo y una decena de Sacerdotes concelebraron la Eucaristía; no faltaron las comunidades religiosas de diferentes carismas y el pueblo, el pueblo que llegó para celebrar la Santidad de Nazaria.

La vida de estos Santos nos llama a bajar a la calle.. a hacer de nuestra vida un don de amor en favor de los pobres

En una sentida y profunda reflexión sobre la Vida de todos los Santos que fueron canonizados por el Papa en este día, Monseñor Sergio aseguró que “estos hermanos nuestros con su ejemplo nos llaman a seguir a Jesús, a encaminarnos como discípulos detrás de él, a anunciar la Buena Noticia y a entregar nuestra vida al servicio de Dios y de su reinado. Llamados a bajar a la calle, a salir de nuestras seguridades, a hacer de nuestra vida una don de amor en favor de los pobres, olvidados y desechados de nuestra  sociedad”.

Nazaria se hizo mensajera de la Palabra de Dios y signo de esperanza

Sobre Nazaria Ignacia, destaco que “Ante la realidad de pobreza y los desafíos de una vida cristiana decaída –Nazaria- asumió la acción evangelizadora acompañada por un extraordinario compromiso de promoción humana. Se hizo mensajera de la palabra de Dios y signo de esperanza en las minas y en la cárcel, implementó la “olla del pobre” y abrió centros de acogida para niños, jóvenes y migrantes donde se enseñaba también a leer y escribir.

Así mismo recordó que “…apoyó las luchas de los obreros y la promoción de la mujer, al punto de organizar el primer sindicato femenino. Para todo este trabajo convocó a otras jóvenes fundando su familia religiosa, la congregación de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia”.

“Los pobres fueron sus privilegiados” afirmó Monseñor Sergio y agregó que “no se conformaba en atender a los que tocaban a su puerta, sino que ella salía a su encuentro. Por eso decía con insistencia que era preciso bajar a la calle” y “permanecer en la plaza de la historia, porque allí se encontraría a los más pobres entre los pobres, la herencia que Dios les daba”.

HOMILÍA COMPLETA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA

DOMINGO 14 DE OCTUBRE.

EUCARISTÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS, CANONIZACIÓN DE NAZARIA IGNACIA.

Hace tan solo una hora ha terminado en Roma la solemne Eucaristía en la que el Papa Francisco ha canonizado a siete nuevos santos representantes de todos los sectores del pueblo de Dios, entre ellos el Papa Pablo VI, Mons. Oscar Romero y nuestra primera y querida Santa  boliviana Nazaria Ignacia March. Es importante que conozcamos, siquiera un poco, estos nuevos santos, hermanos nuestros de camino hacia el encuentro definitivo con Dios.

San Pablo VI es el Papa que llevó a buen término el Concilio Vaticano II y que acompañó su puesta en marcha. Fue una labor llevada en medio de incomprensiones y sufrimientos a causa de corrientes contrastantes que ponían en riesgo el mismo Concilio como obra del Espíritu Santo. Un Papa que entendió las inquietudes de la sociedad moderna y que se comprometió en la renovación de la Iglesia y en el diálogo con el mundo, como caminos de Evangelización. Nos dejó varios documentos muy profundos e iluminadores: la encíclica Evangelii Nuntiandi un faro seguro de la evangelización, la Populorum Progressio sobre el progreso de los pueblos desde los valores evangélicos y la Humanae vitae, donde resalta su figura de Papa que ha creído y luchado por la vida.

Mons. Oscar Romero, Arzobispo de San Salvador, un gran evangelizador, defensor de los pobres y testigo heroico del reino de Dios. En el ejercicio de su ministerio, en tiempo de la sombría dictadura militar, trabajó denodadamente en la defensa de la libertad y la dignidad de todas las personas, en particular de los más pobres y desposeídos.

Desde el Evangelio era la voz de los sin voz que iluminaba los acontecimientos del país, denunciaba la violencia e inequidad de esa estructura de terror y mantenía viva la esperanza en el pueblo abatido. A raíz de su palabra y actitud profética, Mons. Romero comenzó a sufrir una persecución constante y angustiosa en contra de su ministerio, de su opción pastoral y de su persona misma. El domingo 23/ 03/ de 1980 en su última homilía se dirigió directamente a los jefes militares con palabras que fueron consideradas como su sentencia de muerte:en nombre de Dios y de este pueblo sufrido… les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, cese la represión” y les pedía de dejar de matar aún si esto significaba desobedecer a las órdenes. Al día siguiente en plena celebración eucarística fue asesinado mezclando así su sangre con la de Cristo.

Nazaría Ignacia a muy temprana edad, el día de su Primera Comunión, sintió en su corazón el llamado del Señor: “Tú Nazaria, sígueme”. Al que ella respondió: “Te seguiré, Jesús, lo más cerca que pueda una humana criatura”.

Todavía joven entra en la Congregación de los Ancianos Desamparados y después de su formación es enviada a Bolivia, quedándose por doce años en Oruro. Ante la realidad de pobreza y los desafíos de una vida cristiana decaída asumió la acción evangelizadora acompañada por un extraordinario compromiso de promoción humana. Se hizo mensajera de la palabra de Dios y signo de esperanza en las minas y en la cárcel, implementó la “olla del pobre” y abrió centros de acogida para niños, jóvenes y migrantes donde se enseñaba también a leer y escribir.


Además apoyó las luchas de los obreros y la promoción de la mujer, al punto de organizar el primer sindicato femenino. Para todo este trabajo convocó a otras jóvenes fundando su familia religiosa, la congregación de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia.

Los pobres fueron sus privilegiados y no se conformaba en atender a los que tocaban a su puerta, sino que ella salía a su encuentro. Por eso decía con insistencia que era preciso bajar a la calle” y “permanecer en la plaza de la historia, porque allí se encontraría a los más pobres entre los pobres, la herencia que Dios les daba.

Lo que movió y animó su entrega por los últimos y los pobres fue el amor apasionado a Cristo, a la Iglesia y al Reino de Dios: “Madre mía Iglesia Santa, estoy a tu lado siempre fiel, aunque tenga que morir a mí misma a cada instante”. Decía también: “El Reino de Dios, es el porqué de nuestra Congregación, fue el deseo que le dio el ser, el que se lo sostiene, se lo aumenta”. Este ha sido su programa personal y de la congregación: trabajar con todas las fuerzas aún a costa de la vida por el anuncio y la extensión del Reino de Dios, sostenida también por la devoción a la Virgen María.

Escribía a sus hermanas: “Que la amen mucho, muchísimo y la imiten lo más que sea posible. Ella es el modelo de la Cruzada, la ven en los años que quedó sobre la tierra, no se fue a sepultar junto al Calvario para llorar la muerte y los dolores de su Hijo divino, sino que aparece al lado de los Apóstoles, de la Santa Iglesia, visitándonos, consolándonos como Madre tiernísima“.

Todos estos Santos, de distintos orígenes y países, tienen en común una cosa: se han dejado seducir por la mirada de amor de Jesús y, contrariamente al hombre del evangelio de hoy, han respondido con prontitud a su invitación: “Ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme”. Han acogido la sabiduría, don de Dios, que les ha abierto los ojos y movido el corazón para elegir el verdadero tesoro y seguir a Jesús. Estos santos han descubierto que Jesús es la sabiduría, la auténtica y eterna verdad ante la cual las luces del poder y de los bienes materiales se opacan. Luz que ni se engaña ni puede engañar, que da sentido pleno a la vida y que lleva en sí todas las demás riquezas. “La amé más que la salud y la quise más que la luz del día, porque su resplandor no tiene ocaso”.

Ellos han entendido que Jesús es “la Palabra de Dios viva y eficaz… que penetra hasta la raíz del alma y del espíritu… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. Por eso lo han seguido y han hecho suya la Palabra del Evangelio, se han hecho sus mensajeros, valientes y fieles a pesar de las incomprensiones, resistencias y sufrimientos que la misión les acarreaba.

Esta mañana estos hermanos nuestros con su ejemplo nos llaman a seguir a Jesús, a encaminarnos como discípulos detrás de él, a anunciar la Buena Noticia y a entregar nuestra vida al servicio de Dios y de su reinado. Llamados a bajar a la calle, a salir de nuestras seguridades, a hacer de nuestra vida una don de amor en favor de los pobres, olvidados y desechados de nuestra  sociedad.

Es una tarea comprometedora que nos pide estar siempre en alerta, porque la tentación de la sabiduría humana, contraria a la sabiduría de Dios, está siempre al acecho ofreciéndonos los ídolos del poder, de las riquezas y de la gloria ilusoria. Pidamos con las palabras del Salmo: “Señor, ayúdanos con tu amor”, para que, como la Santa Nazaria Ignacia, San Pablo VI y Mons. Oscar Romero, optemos por Jesús, el único camino a la santidad, vocación a la que todos hemos sido llamados en el Bautismo. Amén

Oficina de Prensa de la Arquidióceis den Santa Cruz

Graciela Arandia de Hidalgo



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