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miércoles 19 diciembre 2018
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Ser el último y servir a los demás para llegar a ser el primero, recuerda Monseñor Sergio

Como remedio a la codicia y a la ambición, Jesús propone ponerse al servicio de los demás, recordó Monseñor Sergio

El Prelado señaló que en el evangelio Jesús no se opone a al deseo de ser el primero, sino que propone “una vía nueva para realizarlo, diferente de la mentalidad y de los poderes del mundo: no a costa de los demás, sino a favor de los demás”

“Y les dijo: «Él que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos»”.

En su homilía de este domingo, Monseñor Sergio habló del sentido evangélico de la autoridad y dejó claro que “en la Iglesia el que quiere ser el primero debe hacerse el último de todos y el servidor de todos, siguiendo el ejemplo de Jesús que, siendo Hijo de Dios, se ha despojado de su divinidad para hacerse uno de nosotros y ponerse al servicio de todos”.

El Arzobispo de Santa Cruz señaló que las exigencias que Jesús pone para aquellos que quieren ser sus discípulos, pueden hacer surgir en nosotros una pregunta: “¿Es que Jesús condena, con estas palabras, el deseo de sobresalir, de hacer grandes cosas en la vida, de dar lo mejor de uno, y privilegia en cambio la dejadez, la mediocridad, la pasividad y el ‘no importismo’?”  y en ese sentido, agregó que “no es esto lo que quiere decirnos Jesús, porque al afirmar: «Si uno quiere ser el primero…», da a entender que es posible querer ser el primero, pero presenta una vía nueva para realizarlo, diferente de la mentalidad y de los poderes del mundo: no a costa de los demás, sino a favor de los demás.  Por eso añade: el primero «…sea el último de todos y el servidor de todos».

Enfatizó que “Hay mucha diversidad entre una y la otra forma de sobresalir: la voluntad mundana de poder promueve una situación en la que uno se impone y los demás sirven; donde sólo uno sale vencedor y todos los demás derrotados y donde uno domina y los demás son dominados. De esta forma de entender el sobresalir y de ser el primero, han surgido dictadores, luchas fratricidas y guerras, como testimonia la historia”.

En esa misma línea y a tiempo de recordar el ejemplo de tantos santos que han seguido las huellas de Jesús como la Hermana Nazaria Ignacia, Mons. Oscar Arnulfo Romero y el Papa Pablo VI que serán canonizados el 14 de octubre en Roma, señaló que “como remedio a la codicia y a la ambición, Jesús propone ponerse al servicio de los demás, sembrando justicia, amor y paz. En el servicio, todos nos beneficiamos de los talentos y capacidades de cada uno. Al sobresalir en el servicio, hacemos grandes a los demás y más que ensalzarnos por encima de los demás, nos elevamos todos juntos”.

“Tanto en la Iglesia como en la sociedad toda autoridad está llamada a ponerse al servicio de todos los demás, de la comunidad y del pueblo, en particular de los necesitados y abandonados. Pero, esta vocación de servicio que hoy nos propone Jesús, no vale solo para las autoridades, sino para toda la comunidad eclesial y para todo cristiano”.

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ

BASÍLICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR, DOMINGO 23 DE SEPTIEMBRE DE 2018

Después de la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, como hemos escuchado en el evangelio del Domingo anterior, Jesús paso a paso va revelando a sus discípulos el sentido auténtico de su ser Mesías y el misterio de su persona y de su destino.

Lo hace con tres anuncios acerca de lo que le espera en Jerusalén, la cruz, la muerte y la resurrección, y con tres instrucciones sobre las condiciones para ser sus discípulos. El evangelio de hoy corresponde al segundo de estos anuncios pronunciado por Jesús mientras camina por la región de Galilea, acompañado solamente por sus discípulos, con el propósito de prepararlos para la misión.

A pesar de que Él habla muy claro y sin tapujos sobre su suerte, “los discípulos no comprenden esto” y además “temen hacerle preguntas”. Ellos durante un largo tiempo han sido testigos presenciales del poder de Jesús sobre las fuerzas del mal, de su entrega generosa en favor de los últimos y marginados de la sociedad y han escuchado sus enseñanzas, pero interpretan todo esto desde su visión de Mesías como lider político y militar, por eso no logran entender ni pueden aceptar a un Mesías sufriente.

Cuando llegan a la casa en Cafarnaúm, Jesús les pregunta: «¿De qué hablaban en el camino?». Seguramente Jesús había escuchado su conversación en el camino, pero él quiere que ellos mismos digan cual era el argumento de su discusión, para presentarles y aclararles cuál es la verdadera grandeza en la comunidad de los discípulos y cuál es el sentido evangélico de la autoridad.

Pero, “ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande”.

Mientras Jesús está empeñado a anunciarle el camino de dolor y muerte que le espera, ellos hablan de quien podría tener la primacía en el reino político que esperan y que cargo les tocaría a cada uno. Pero, el hecho de que ellos callan, indica que se dan cuenta que esa temática no está en sintonía con el pensamiento de Jesús. No obstante, Jesús tiene un gran interés en poder profundizar ese tema, por eso “se sentó y llamó a los Doce”.  Jesús, en actitud de maestro, se sienta y convoca a su alrededor a los apóstoles, manifestando así la gran importancia de lo que está por decir.

“Y les dijo: «Él que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos»”. Con estas palabras Jesús deja bien en claro que en la Iglesia el que quiere ser el primero debe hacerse el último de todos y el servidor de todos, siguiendo el ejemplo de Él que, siendo Hijo de Dios, se ha despojado de su divinidad para hacerse uno de nosotros y ponerse al servicio de todos.

Estas exigencias que Jesús pone para aquellos que quieren ser sus discípulos, pueden hacer surgir en nosotros una pregunta: ¿Es que Jesús condena, con estas palabras, el deseo de sobresalir, de hacer grandes cosas en la vida, de dar lo mejor de uno, y privilegia en cambio la dejadez, la mediocridad, la pasividad y el “no importismo”? Ciertamente no es esto lo que quiere decirnos Jesús, porque al afirmar: «Si uno quiere ser el primero…», da a entender que es posible querer ser el primero, pero presenta una vía nueva para realizarlo, diferente de la mentalidad y de los poderes del mundo: no a costa de los demás, sino a favor de los demás.  Por eso añade: el primero «…sea el último de todos y el servidor de todos».

Hay mucha diversidad entre una y la otra forma de sobresalir: la voluntad mundana de poder promueve una situación en la que uno se impone y los demás sirven; donde sólo uno sale vencedor y todos los demás derrotados y donde uno domina y los demás son dominados. De esta forma de entender el sobresalir y de ser el primero, han surgido dictadores, luchas fratricidas y guerras, como testimonia la historia.

Esta angustiosa pregunta se la plantea también Santiago en la segunda lectura que hemos escuchado: «¿De dónde provienen las luchas y las querellas entre ustedes?». Su respuesta está en total sintonía con la enseñanza de Jesús: «De las pasiones… Ustedes ambicionan, y si no consiguen, matan, envidian, y al no alcanzar lo que pretenden, combaten y se hacen la guerra». La rivalidad y el deseo de predominio son las causas de las divisiones, envidias, odios, enfrentamientos y guerras.

Como remedio a la codicia y a la ambición, Jesús propone ponerse al servicio de los demás, sembrando justicia, amor y paz. En el servicio, todos nos beneficiamos de los talentos y capacidades de cada uno. Al sobresalir en el servicio, hacemos grandes a los demás y más que ensalzarnos por encima de los demás, nos elevamos todos juntos. Es el ejemplo de tantos santos que han seguido las huellas de Jesús como la Hermana Nazaria Ignacia, Mons. Oscar Arnulfo Romero y el Papa Pablo VI que serán canonizados el 14 de octubre en Roma. Es el testimonio también de tantas personas que, en el silencio y humildad, cada día sirven con entrega incondicional y desinteresada a los pobres, enfermos y descartados de la sociedad.

Tanto en la Iglesia como en la sociedad toda autoridad está llamada a ponerse al servicio de todos los demás, de la comunidad y del pueblo, en particular de los necesitados y abandonados. Pero, esta vocación de servicio que hoy nos propone Jesús, no vale solo para las autoridades, sino para toda la comunidad eclesial y para todo cristiano.

Luego Jesús corona su enseñanza con un gesto bien  ilustrador: toma a un niño y lo pone en medio de los Doce: “El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, a mí me recibe”. En la sociedad hebraica y antigua en general, el niño no tenía derechos y no se lo tomaba en cuenta. Jesús al identificarse con él, indica que se identifica con todos los que son privados de derechos, de consideración y de estima en la sociedad.

La lógica de las prioridades, de los roles y atenciones sociales, políticas y religiosas son volcados: Dios se identifica con un niño. La cercanía de Dios no se mide con el metro del poder o del cargo, sino con la acogida a los pobres, los débiles y los don nadie, con sanar las heridas de los humillados, con estrechar relaciones de solidaridad ayudándonos a llevar los pesos los unos de los otros.

La eminente dignidad del pequeño y la grandeza del siervo, es la revelación de Dios. Por eso, cuando acogemos y servimos a uno de estos hermanos marginados en nombre del Señor, no hacemos un don, sino que recibimos el don por excelencia: Jesucristo y Dios que lo ha mandado. Terminamos con unas palabras del salmo que nos animan a no tener miedo de ser los primeros en el servicio, porque “Dios es nuestra ayuda, el Señor nuestro apoyo verdadero”. Amén.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

Erwin Bazán Gutiérrez



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