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lunes 22 octubre 2018
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Aniversario Patrio. Monseñor Sergio lanza mensaje contra la Opresión a la libertad y a los derechos humanos

En su homilía en ocasión del 193 aniversario de independencia de Bolivia, Monseñor Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, pidió trabajar  para la edificación de “un orden social económico y político  fundado sobre los valores democráticos de la verdad, la libertad, la justicia, la solidaridad y la paz -que pueda erradicar los males que nos aquejan – “La pobreza, la injusticia y la corrupción generalizada, la libertad amenazada, la falta de institucionalidad, la democracia debilitada y el narcotráfico”.

En sintonía con el Evangelio, el Arzobispo de Santa Cruz, animó a todos los bolivianos a buscar “la liberación de toda clase de dependencias y opresiones y a romper las cadenas de todo lo que viola la dignidad, la centralidad y los derechos de la persona humana y de su participación en la vida de la sociedad”.

El Te Deum de acción de gracias se ha celebrado con las Iglesias Cristianas que participan del diálogo ecuménico en Santa cruz y en presencia de las principales autoridades políticas, cívicas y militares del departamento y la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.

Recordando los 193 años de independencia de Bolivia, el Prelado señaló que es un largo camino recorrido entre luces y sombras “Buscando realizar el sueño de un patria libre y soberana, civil y democrática, justa y fraterna sin discriminaciones ni divisiones”.

La libertad amenazada por los poderes de turno

Su mensaje en ocasión de este aniversario Patrio estuvo centrado en el tema de la “libertad” como derecho y valor fundamental de la vida del ser humano en la vida personal y social y en ese sentido señaló que se trata de un derecho “sobre el cual hoy en tantos países, incluido el nuestro, se ciernen amenazas, advertencias, restricciones e incluso se sufre persecuciones que pretenden atemorizar y callar a los disidentes de los pensamientos y de las acciones de los poderes de turno”.

En relación al relato del Éxodo en el tiempo de Moisés donde habla de la opresión que ejercía el faraón sobre el pueblo esclavo, señaló que “Hoy también hay mucho ejemplo de faraones que hacen oídos sordos del clamor del pueblo que hacen de la vista gorda ante sus dolores y necesidades y que se encierran en sus sueños de poder y que en vez de servir al pueblo se sirven del pueblo oprimiéndolo en busca de sus intereses y no del bien común…. Dios no quiere ni faraones ni caudillos, Él es el único Dios y Padre que quiere un pueblo de hermanos”.

Frente a la opresión, la injusticia y el dolor del pueblo, el Prelado señaló que “Dios no es imparcial, Dios está del lado de los pobres y de las víctimas de las injusticas, jamás de los opresores”.

 Liberarnos de todo lo que encadena al ser humano

En relación al Evangelio advirtió que Jesús se presenta para “Para proclamar la liberación a los cautivos y dar la vista a los ciegos y dar la libertad a los oprimidos… este es el mensaje central de la revelación, la liberación de todo lo que encadena al ser humano, la liberación del mal espiritual, material, personal y de la sociedad…”

A decir de Monseñor Sergio, el anuncio del Evangelio en este aniversario Patrio “es un anuncio que nos convoca a la liberación de toda clase de dependencias y opresiones y a romper las cadenas de todo lo que viola la dignidad, la centralidad y los derechos de la persona humana y de su participación en la vida de la sociedad”.

En ese sentido, remarcó que “La liberación de las injusticias promueve la libertad y la dignidad humana, libertad que todo ser humano busca con pasión para que pueda asumir personalmente la responsabilidad de su crecimiento como persona y de su participación en la sociedad”.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

HOMILÍA COMPLETA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ.

LUNES 6 DE AGOSTO, ANIVERSARIO 193 DE INDEDEPNDENCIA DE BOLIVIA

BASÍLICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR

Me siento muy agradecido al Señor porque representantes de las Iglesias cristianas, hermanadas en la fe en el único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, estamos unidos aquí en este Te Deum Ecuménico, solemne acción de gracias por el 193 aniversario de la Proclamación de la Independencia de nuestra querida patria Bolivia.

Desde ese año se ha recorrido un largo camino entre luces y sombras, entre adelantos y retrocesos buscando realizar el sueño de una patria libre y soberana, civil y democrática, justa y fraterna, sin discriminaciones ni divisiones.

Las lecturas que hemos escuchado nos presentan un tema común, muy lejano a nosotros en el tiempo pero muy cercano en cuanto a realidad: LA LIBERTAD. Libertad en todas sus acepciones: de pensamiento, de información, de educación, de religión etc. La libertad es un derecho y valor fundamental del ser humano, tanto en la vida personal como social. Derecho sobre el cual hoy en tantos países, incluido el nuestro, se ciernen amenazas, advertencias, restricciones e incluso se sufren persecuciones que pretenden atemorizar y callar a los disidentes del pensamiento y de las acciones de los poderes de turno.

El libro del Éxodo nos presenta el momento maravilloso en el que Dios se revela a Moisés, le comunica su propio nombre, estrecha una alianza con él y le confía la misión de liberar al pueblo israelita de la esclavitud de Egipto.  El Señor introduce el diálogo con estas palabras: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído su clamor… conozco sus sufrimientos, por eso he bajado para librarlo del poder de los Egipcios”.

En este texto muy denso de significado y con imágenes muy elocuentes, Dios se presenta como aquél que de lejos ha visto la situación de esclavitud de su pueblo, que se acerca para escuchar sus gritos de dolor y que baja para meterse en medio de él y compartir sus penas y dolores. Por eso puede afirmar: “Conozco sus sufrimientos”, no un conocimiento intelectual sino desde la experiencia de vida. Esta situación de esclavitud es inicua e intolerable, por eso Dios toma la iniciativa: “He bajado para librarle de la esclavitud de Egipto, y para subirle… a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel”.

Dios no tiene miedo de empaparse de humanidad, de la miseria de los esclavos porque ha elegido estar en medio de ellos como camino de liberación. Dios es atento al dolor, al sufrimiento, a la injustica y a la opresión de los últimos por eso interviene para darle la libertad, involucrando en su plan liberador a Moisés a quien se le presenta revelando su nombre: “Yo soy el que soy”, un nombre misterioso, como a decir que “Yo soy Él que está aquí”, Él que está actuando en favor de ustedes esclavos.

En este primer encuentro con Moisés, Dios se presenta como el que interviene en nuestro aquí y ahora, como el defensor  y liberador de los sufridos y oprimidos, como el Dios de la libertad y de la historia. Y es en este largo y duro caminar por el desierto que ese grupo de esclavos fugitivos se va convirtiendo en un pueblo libre y organizado alrededor del decálogo que Dios confía a Moisés.

El camino de liberación es muy duro, sin comida, sin agua, sin orientación y el pueblo tiene que vencer la gran tentación: volverse atrás, escoger la seguridad material en esclavitud en vez que el hambre en libertad.

Dios lo llama a vivir como pueblo libre, a no reproducir el sistema político piramidal del faraón, que se sustenta sobre la gran base de los esclavos y de los pobres que llevan todo el peso, peso que va disminuyendo en los que están más arriba en la medida que se restringe la pirámide hasta alcanzar la punta donde solo está el faraón que no carga ningún peso y que se presenta como emanación de Dios.

Hoy también hay muchos ejemplos de faraones que hacen oídos sordos al clamor del pueblo, que se hacen de la vista gorda ante sus dolores y necesidades y que se encierran en sus sueños de poder y que, en vez que servir al pueblo, se sirven del pueblo, oprimiéndolo en busca de sus intereses y no del bien común.

Dios no quiere ni faraones ni caudillos, Él es el único Dios y Padre de todos que quiere un pueblo de hermanos, por eso entrega a su pueblo el decálogo de la libertad para que vivan en una tierra de hermano, repartida en igualdad y equidad, donde todos tengan condiciones de vida digna y trabajen por el bien común. Cuando una sociedad se olvida de esta verdad y arrincona o desconoce al único Padre de Todos, entonces surgen caudillos y dictadores que se endiosan, dan muerte a la libertad, dominan y explotan al pueblo, porque para el poder el hombre non cuenta.

Moisés, por orden de Dios, no llevará esa misión solo, sino con la participación de seis representantes de cada una de las doce tribus de Israel. Estos hechos pasados hace más de tres mil años, con las respectivas diferencias, siguen siendo ilustradores y paradigmáticos para nuestra realidad de hoy, y nos llaman a poner la libertad por encima de todo, de nuestros intereses personales o de grupo.

Como el testo del Éxodo así también el Evangelio hoy nos habla de la libertad. Jesús a los inicios de su ministerio público se presenta un día sábado en la sinagoga de Nazareth, su pueblo natal y en medio de la asamblea hace la lectura de un texto del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”.

Jesús luego cierra el volumen: cierra el tiempo de la promesa y de la espera del A.T. y abre el tiempo del cumplimiento. Todos los ojos están fijos en él: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.». La palabra de Dios anunciada por Isaías y los profetas que se había realizado parcialmente a lo largo de los siglos, en Jesús se  traduce en acto y entra en la historia de una vez por todas.

Elegido por el Espíritu Santo: “Para anunciar la buena noticia a los pobres”. La primera mirada de Jesús se fija en los pobres, los hambrientos, los enfermos, los pecadores y los marginados de la sociedad. Les trae la buena noticia: Dios no es imparcial, está de lado de los pobres y las víctimas de las injusticias, jamás con los opresores.

Para “proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos”. Este es el mensaje centrales de la Revelación: la liberación de todo lo que encadena al ser humano: del mal espiritual, material, personal y de la sociedad. Es la proclamación del “año de gracia del Señor” que aviva el “dinamismo de liberación integral, de humanización y de inserción social” (DA 359), de los que están sin esperanza, de los explotados y marginados, para que se abran a la esperanza, a la vida y al amor del Señor.

Es un anuncio que convoca a la liberación de toda clase de dependencias y opresiones, y a romper las cadenas de todo lo que viola la dignidad, la centralidad y los derechos de la persona humana y de su participación en la vida de la sociedad. La liberación de las injusticias promueve la libertad y la dignidad humana, libertad que todo ser humano busca con pasión, para que pueda asumir personalmente la responsabilidad de su crecimiento como persona y de su participación en la construcción de la sociedad.

“Proclamar un año de gracia del Señor”; es la propuesta de Jesús para todos de un humanismo a la altura del designio de amor de Dios sobre la historia, un humanismo integral y solidario, que pueda animar un nuevo orden social, económico y político, fundado sobre los valores sociales y democráticos de la dignidad de la persona, la libertad, la verdad, la justicia, la solidaridad y la paz.

Este proyecto de Dios vale también para nuestra patria, para vencer los males que nos aquejan, como la pobreza, la injusticia y la corrupción generalizadas, la libertad amenazada, la falta de institucionalidad, la democracia debilitada y el narcotráfico. Pero este sueño podrá ser realizado solamente si cada boliviano y cada comunidad nos comprometemos a hacer realidad el “año de gracia del Señor y si sabemos cultivar las virtudes morales y sociales de la justicia, la honestidad, la solidaridad, y el amor testimoniándolas en la vida de cada día personal y social. Qué el Señor conceda la paz a nuestra querida Patria Bolivia. Amén.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

Erwin Bazán Gutiérrez



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