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martes 20 noviembre 2018
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Oremos para que del Congreso Misionero salga el firme compromiso de una renovación misionera de la Iglesia en América, pide Mons. Sergio

En la celebración Eucarística de este domingo 8 de julio celebrada en la Basílica Menor de San Lorenzo, Monseñor Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz pidió a los fieles acompañar con sus oraciones, afecto y colaboración, para que del V Congreso Americano Misionero salga el firme compromiso de una renovación misionera de la Iglesia en América. Al mismo tiempo invitó a participar en la Eucaristía inaugural el martes 10 de julio a las 16.00 horas en el atrio de la Catedral, a la que seguirá la bendición de la estatua del Cardenal Julio Terrazas, quien quiso firmemente este Congreso.

Homilía de Monseñor Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz/08/07/2018

Un espíritu entró en mí y yo escuché al que me hablaba” Son las palabras de Ezequiel cuando en su vida irrumpe el espíritu de Dios que lo envía a ser su portavoz ante los israelitas, un pueblorebeldeobstinado y de corazón duro”. Dios le confía la ardua misión de denunciar los grandes pecados del pueblo: infidelidad a la alianza, injusticias, opresión de los pobres corrupción y luchas fratricidas.

El Señor, a pesar de los pecados del pueblo, le ofrece, en su infinita misericordia, una última oportunidad para que se convierta, a través de la predicación y testimonio del profeta. Así los israelitas no podrán esgrimir el argumento de no haber sido prevenidos: ““Escuchen o no escuchen… sabrán que en medio de ellos hay un profeta”.

Esta historia de infidelidad a la Alianza, se repetirá en Israel con distintos grados hasta el tiempo de Jesús, como acabamos de escuchar en el Evangelio. La fama de Jesús se va expandiendo rápidamente por toda la región de Galilea, en particular después de la predicación, los prodigios y las sanaciones en Cafarnaúm. En su peregrinación misionera, Jesús llega a Nazareth, la aldea donde se ha criado.

El sábado va a la sinagoga e inicia a enseñar la palabra de Dios rodeado por muchos coterráneos suyos que lo escuchan con atención y admiración:La gente estaba asombrada”.  Sin embargo, su escucha y asombro parece más curiosidad que deseo de captar la gran novedad de la Buena Noticia. Su preocupación es saber “de dónde saca todo esto. ¿Que sabiduría es ésa que le ha sido dada y esos milagros que se realizan por sus manos?”.

Es la novedad de la enseñanza del Evangelio y el poder que libera al hombre del mal corporal, moral y espiritual, que devuelve la dignidad de persona a los marginados y excluidos y que los introduce en la comunidad religiosa, en la sociedad y en la dinámica de la salvación, como señal que Jesús es el enviado del Señor que hace cercano al Reino de Dios.

La gente, encerrada en su tradición religiosa, según la cual el Mesías era de orígenes desconocidas y debía actuar como un gran rey con poder político y militar a ejemplo de David, se escandaliza porque Jesús se presenta como un aldeano cualquiera. De él se conocen sus orígenes, su trabajo de carpintero, su madre y sus familiares: “No es acaso el carpintero, el hijo de María… y sus parientes no están aquí entre nosotros? – Y Jesús era para ellos motivo de escándalo”.

La raíz de la incredulidad y escándalo radica en la incapacidad de aceptar el aspecto central del Evangelio: la humanidad y cercanía de Dios. No pueden imaginar que Dios se manifieste en la humildad y sencillez de lo ordinario de cada día, porque no condice con la gloria y la majestad de Dios. La visión limitada y la falta de fe no permiten a los habitantes de Nazareth de descubrir el misterio de Dios que se oculta detrás de la persona de Jesús, su coterráneo.

Ante tanta obstinación y falta de fe, Jesús denuncia con firmeza: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo”. El rechazo que el pueblo ha reservado a Jesús y a su palabra es un ejemplo de la persecución que sufrieron todos los profetas y al mismo tiempo un signo premonitor de la muerte en cruz que le espera.

Él se encuentra entre testigos ciegos que miran pero no ven, que oyen y no entienden y todo esto lo turba y entristece: “Y él se asombraba de su falta de fey no pudo hacer allí ningún milagro”. Jesús, ante la incredulidad no puede hacer milagros porque no se los entenderían como signos de la misericordia de Dios. Él no quiere limitarse a curar las enfermedades del cuerpo sino las del espíritu, el mal y pecado, pero esto exige la fe en Dios, porque los milagros son, a la vez, una respuesta y un llamado a la fe.

Como ayer también hoy, el profeta auténtico es siempre alguien difícil de reconocer y aceptar ya que es un hombre como todos, sin ningún distintivo exterior ni poder alguno para imponerse a los demás. El lleva en su existencia la palabra viva y eficaz de Dios para comunicarla y testimoniarla a los demás con sencillez y humildad.

Esto es lo que pasa cuando se rechaza la palabra de Dios y los valores cristianos, a causa del rostro humano de la Iglesia, por las debilidades y pecados de sus miembros, como si ella estuviese conformada por ángeles, y no por pecadores necesitados de la salvación de Dios.

Igualmente se rechaza a la Iglesia cuando, como servidora del reino de Dios, sale de los muros del templo y se compromete por la paz, por un mundo más justo, por la defensa de la vida y por su opción evangélica de los pobres y excluidos. No se logra descubrir el verdadero misterio de la Iglesia, cuerpo de Cristo y pueblo de Dios, llamada a ser signo del amor y de la misericordia de Dios que quiere la vida en plenitud para todos los seres humanos.

A pesar de estos rechazos e incomprensiones, Dios no hace faltar la palabra profética y el testimonio vivo de tantos cristianos que han acogido el llamado a ser profetas y testigos auténticos de la palabra de Dios. Son hermanos que han descubierto a Jesús como el Salvador, aquel que vale la pena seguir, que da sentido pleno a la vida y colma de felicidad el corazón. Entre ellos hay tantos misioneros de América como los que esta semana van a estar entre nosotros participando del CAM V. Cautivados por el Señor han aceptado ser misioneros de la alegría del Evangelio testimoniándolo con sencillez y valentía en la vida de cada día, allí donde muchas veces Dios es desconocido, olvidado o rechazado.

Les pido de todo corazón que nos acompañen con sus oraciones, afecto y colaboración, para que del Congreso salga el firme compromiso de una renovación misionera de la Iglesia en América. Renuevo a todos Uds. a participar en la Eucaristía inaugural del martes próximo a horas 16.00 en el atrio de la Catedral, a la que seguirá la bendición de la estatua del Cardenal Julio Terrazas, quien quiso firmemente este Congreso.  Mi gratitud sincera a la Alcaldía que lo ha promocionado en reconocimiento de todo lo que el Cardenal ha hecho en bien de nuestra ciudad. También les invito a participar a la Eucaristía de clausura el día sábado a horas 16 en el Altar del Cristo, agradeciendo juntos a Dios por habernos llamado a ser “misioneros de la alegría del Evangelio”. Aménç

OFICINA DE PRENSA DE LA ARQUIDIÓCESIS DE SANTA CRUZ

Graciela Arandia de Hidalgo



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