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martes 21 agosto 2018
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Jornada de las Comunicaciones Sociales, Monseñor Sergio pide purificarnos por la verdad para combatir la falsedad en las informaciones

Este domingo la Iglesia Católica ha celebrado la solemnidad de Ascensión de Jesús al cielo “culmen de su misión terrenal y punto de partida de la misión de la Iglesia”. Junto a esta solemnidad se celebra desde hace 52 años la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales y en ese sentido, reflexionado sobre el mensaje del Papa Francisco para este año, Monseñor Sergio pidió  dejarnos purificar por la verdad que es Dios mismo para combatir el mal que se vuelve falsedad en las comunicaciones y en la información.

El Prelado llamó la atención del tema elegido por el Papa Francisco para la Jornada de las Comunicaciones de este año en relación a un problema álgido que vive hoy la comunicación: “Noticias falsas, y periodismo de paz”, considerado a la luz de la palabra del Evangelio: «La verdad los hará libres».

 El Papa parte de la constatación que en la comunicación son siempre más frecuentes informaciones infundadas y basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas”.

Para Monseñor Sergio “Esta práctica tiene “su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño trágico: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón”.

Para corregir este problema el Papa da varias indicaciones, en particular de dejarnos purificar por la verdad que es Dios mismo, en quien podemos confiar y apoyarnos siempre.

También el Papa hace un llamado: “Deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz y sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz”. Ojalá este llamado encuentre un eco favorable en los comunicadores.

El Arzobispo Cruceño señaló especialmente el mandato misionero de Jesús a sus discípulos de todos los tiempos: “Vayan por todo el mundo y prediquen la Buena Nueva a toda criatura” señalando que “Es una misión ardua y comprometedora Jesús confía una misión a ese pequeño grupo de discípulos asustados y a algunas mujeres valientes y fieles: continuar su obra y predicar el Evangelio a todas las criaturas. Pero Jesús no los deja solos: “Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén… hasta los confines de la tierra” señaló.

“También a nosotros, como a los apóstoles, Jesús nos envía a anunciar la Buena Noticia y también como ellos tenemos que convertirnos, dejar que el Evangelio transforme nuestra vida, ser evangelizados para evangelizar, para anunciarlo y dar testimonio con amor, alegría y humildad”.

Incahuasi. Monseñor Sergio: “No caigamos en la trampa de quienes quieren confrontarnos entre hermanos y optemos más bien una solución pacífica en base a la verdad…”

El Arzobispo Cruceño también se ha referido al conflicto por las regalías de Incahuasi que mantiene tensión entre dos departamentos hermanos. En su criterio, es una “situación causada por intereses mezquinos y ocultos que desconociendo el deber de trabajar por el bien común, causan divisiones y ponen en peligro la convivencia pacífica”.

Por la unidad de los Cristianos.  Que un día no muy lejano lleguemos a la comunión plena en Jesús, dice Monseñor Sergio

Monseñor Sergio Gualberti saludó el inicio de la Semana de Oración por la unidad de los cristianos que se celebra en toda Bolivia expresando su deseo de que “un día, no muy lejano, se pueda llegar a la comunión plena en Jesús y juntos dar testimonio a todo el mundo de él como el único Señor y Salvador de la humanidad”.

Homilía Completa:

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ

DOMINGO 13 DE MAYO DE 2018

Con mucha alegría celebramos hoy la solemnidad de Ascensión de Jesús al cielo, culmen de su misión terrenal y punto de partida de la misión de la Iglesia. La primera lectura nos presenta a Jesús que mientras está dialogando con sus apóstoles, es elevado al cielo. Imagen que expresa el misterio de la glorificación de la persona de Jesús como Hijo de Dios y de su consagración definitiva como Señor de la historia y del universo,

Los apóstoles “miran atentamente” a Jesús que asciende al Padre. Es la mirada de hombres que han sido testigos de toda la vida de Jesús y ahora del momento en que el Resucitado se manifiesta como Primogénito de nosotros sus hermanos, garantía de la esperanza de participar también nosotros de la plenitud del Reino de Dios cuando el Señor vendrá en el momento menos esperado.

Mientras los apóstoles están mirando, una nube lo oculta de su vista. Jesús no se va para siempre, la nube es signo de una nueva forma de presencia del Señor: “Yo estoy con ustedes todos los días”. Él sigue presente en la vida e historia de la humanidad, cercano a nosotros, pero ya no en la forma física sino con su cuerpo glorificado por la fuerza vivificante de Dios.

En ese momento, se les presentan dos hombres vestidos de blanco que les preguntan: ¿Por qué siguen mirando al cielo?”. No hay que esperar del cielo soluciones milagrosas o revelaciones espectaculares, sino que ahora toca a los discípulos cumplir el mandato de Jesús, lanzarse y salir a anunciar y testimoniar la Buena Noticia de Jesús muerto y Resucitado para la salvación del mundo.

Vayan por todo el mundo y prediquen la Buena Nueva a toda criatura”. Es una misión ardua y comprometedora Jesús confía una misión a ese pequeño grupo de discípulos asustados y a algunas mujeres valientes y fieles: continuar su obra y predicar el Evangelio a todas las criaturas. Pero Jesús no los deja solos: “Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén… hasta los confines de la tierra”.

Es el Espíritu Santo que habilita a los discípulos a predicar el Evangelio a todas las naciones acompañando sus palabras con distintos signos de liberación humana de las cadenas del mal personal y social: “Expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, agarrarán serpientes, beberán veneno mortal…, impondrán sus manos a los enfermos y quedarán sanos”.

Confiados en las palabras de Jesús, “Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes y el Señor actuaba con ellos”. El Señor actúa junto a sus discípulos, los asiste con su luz y su fortaleza, y así unidos dan frutos de bondad, de vida y de esperanza. De esta manera se cumple la promesa de Jesús: “Y confirmaba su predicación con los milagros que hacían”. La evangelización tiene que ir acompañada por gestos concretos de caridad, solidaridad y justicia a favor de los oprimidos, explotados y marginados.

También a nosotros, como a los apóstoles, Jesús nos envía a anunciar la Buena Noticia y también como ellos tenemos que convertirnos, dejar que el Evangelio transforme nuestra vida, ser evangelizados para evangelizar, para anunciarlo y dar testimonio con amor, alegría y humildad.

Esto implica que nuestro corazón inicie un camino que nos lleve desde la cerrazón en nuestro yo a la apertura al amor que abraza todo el mundo, derribando todas las fronteras, distinciones y exclusiones.

El anuncio del Evangelio a todos los pueblos y naciones ha sido la misión primordial de la Iglesia desde sus inicios hasta hoy, llevada de varias maneras y sobre todo con la predicación y el testimonio entregado de evangelizadores y misioneros. Hoy, en un mundo donde los MCS y las redes sociales tienen una influencia siempre más creciente en la sociedad humana, la Iglesia ha optado por recurrir también a estos medios para hacer conocer a Jesucristo. Entre tantas otras iniciativas, hace 52 años ha instaurado la Jornada Mundial para la Comunicación Social a celebrarse en la solemnidad de la Ascensión.

Este año el Papa Francisco, ha emitido un mensaje en relación a una problema álgido que vive hoy la comunicación: “Noticias falsas, y periodismo de paz”, considerado a la luz de la palabra del Evangelio: «La verdad los hará libres». El Papa parte de la constatación que en la comunicación son siempre más frecuentes informaciones infundadas y basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.

Esta práctica tiene “su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño trágico: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón”.

Para corregir este problema el Papa da varias indicaciones, en particular de dejarnos purificar por la verdad que es Dios mismo, en quien podemos confiar y apoyarnos siempre. También el Papa hace un llamado: “Deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz y sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz”. Ojalá este llamado encuentre un eco favorable en los comunicadores.

 La voz del Papa a promover la paz es muy providencial en la situación de tensión que vivimos en estos días entre dos Departamentos de nuestro País, situación causada por intereses mezquinos y ocultos que descociendo el deber de trabajar por el bien común, causan divisiones y ponen en peligro la convivencia pacífica. Escuchemos el llamado del Papa Francisco, no caigamos en la trampa de quienes quieren confrontarnos entre hermanos y optemos más bien una solución pacífica en base a la verdad, la justicia y la solidaridad.

La invitación a la paz nos introduce también en la Semana de Oración por la unidad de los cristianos que iniciamos hoy en Bolivia y en la que pedimos al Señor que nos ayude a cumplir su mandato: ”Sean uno, como yo y el Padre somos uno, y para que el mundo crea que me has mandato”. Qué el Señor acoja nuestras oraciones y nuestros esfuerzos para llegar, en un día no muy lejano, a la comunión plena en Jesús y juntos dar testimonio a todo el mundo de él como el único Señor y Salvador de la humanidad. Amén.

*Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

 

Erwin Bazán Gutiérrez



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