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jueves 24 mayo 2018
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Iglesia celebra la Resurrección de Cristo con exhortación a salir de los sepulcros del desencuentro y la violencia

“Es hora de que salgamos de los sepulcros del desencuentro y de la violencia y que resucitemos a las fuerzas del amor, el perdón y la reconciliación entre todos los bolivianos, señaló Monseñor Sergio en su mensaje de Pascua durante la vigilia del Sábado Santo en la Catedral.

La Misa de la vigilia Pascual de este sábado santo inició con el rito de la luz donde se bendice el fuego y se enciende el cirio Pascual que representa la Gloriosa luz de Cristo Resucitado. Esta luz se abrió paso en medio de la oscuridad del templo de la iglesia Catedral encabezando la procesión de entrada de los celebrantes Monseñor Sergio Gualberti, Monseñor Estanislao Dowlaszewicz, Obispo auxiliar y Monseñor Angelo Accattino, Nuncio Apostólico en Bolivia. Del Cirio Pascual fueron encendiendo sus velas los fieles que esperan dentro de la Catedral.

Ser testigos de Jesús Resucitado en un mundo desorientado y sufrido

En su homilía, Monseñor Sergio enfatizó que la misión principal y gozosa de la Iglesia y de todo bautizado es el anuncio alegre y esperanzador del Resucitado “Esta es también nuestra misión hoy: ser testigos de Jesús resucitado en un mundo desorientado y sufrido por tantos signos de muerte y necesitado de luz y de vida” subrayó.

Cristo ha Resucitado ¡Aleluya, alegría! ¡Vive el Señor de veras! …” A los pregoneros de muerte que gritaron “crucifícalo” y a los poderosos que con la muerte querían callarlo para siempre, el Padre responde resucitando a Jesús”.

Más adelante el Arzobispo Cruceño resaltó que “La Paz es el fruto de la Pascua, sin embargo, el mundo se obstina en rechazarla y sigue poniendo su confianza en la fuerza, la violencia y la guerra”.

“Lo experimentamos cada día también en nuestro país, donde no logramos liberarnos de las viejas prácticas de las amenazas, los bloqueos y los enfrentamientos como solución de los problemas que, además de dejar puntualmente insatisfechas a las partes, dejan detrás de sí enemistades, rencores, odios y hasta sangre y muerte” lamentó.

“Es hora de que salgamos de los sepulcros del desencuentro y de la violencia y que resucitemos a las fuerzas del amor, el perdón y la reconciliación entre todos los bolivianos. Hace falta la luz que nos indique el camino común para una sociedad fraterna y pacífica que se engrandece con los valores y aportes de cada pueblo y cultura, de ayer y de hoy”.

Siguiendo las exhortaciones de San Pablo de “despojémonos de las obras de las tinieblas y revistámonos de la luz” Monseñor Sergio exhortó “Ya es hora que los cristianos nos despertemos de la indiferencia, pasividad y anonimato, para revestirnos con la luz de la valentía y del compromiso”.ç

Finalmente, pidió que “Seamos testigos del Resucitado en todos los ámbitos de nuestra vida y operadores de la luz y de la paz en la familia, el trabajo y la sociedad, allí donde nos toca vivir”.

Así comenzaba la Vigilia Pascual:

Aquí la Homilía:

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ

SABADO SANTO, VIGILIA PASCUAL.

BASÍLIA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR

Cristo ha Resucitado ¡Aleluya, alegría! ¡Vive el Señor de veras! …” lo hemos cantado hace un momento con júbilo y alegría. El sepulcro está vacío, Jesús vive: “¿Por qué buscan entre los muertos, al que está vivo?” A los pregoneros de muerte que gritaron “crucifícalo” y a los poderosos que con la muerte querían callarlo para siempre, el Padre responde resucitando a Jesús.

Jesús Resucitado es el punto central y culminante de la historia de la salvación, la que hemos recorrido paso a paso esta noche a través de la Palabra de Dios. Una larga caminata de la humanidad con distintas etapas: la creación del mundo y del hombre, la irrupción del pecado y de la muerte en rechazo al plan amoroso de Dios, la elección de Abrahán y los patriarcas, la liberación de la esclavitud de Egipto, la entrega de la ley a Moisés, la Alianza con el pueblo de Israel, con la constante palabra de los profetas que mantuvo viva la fe en Dios y la espera del Mesías.

El Resucitado culmina ese recorrido liberando en forma definitiva del pecado y la muerte a toda la humanidad y sobre todo abriéndonos con la Nueva Alianza a la esperanza de la vida eterna. Nosotros, gracias al bautismo, tenemos el don de participar del Pueblo de la Nueva Alianza y de haber sido liberados de las garras del mal, aunque sus consecuencias todavía siguen presentes en nuestra vida y a nuestro alrededor.

En nosotros y en toda la creación el Resucitado ha puesto el germen de la vida eterna que va creciendo en el tiempo y en la historia, venciendo la resistencia del mal, hasta encontrar su plenitud en la venida del Señor al final de la historia.

Este es el horizonte certero que apacigua nuestra sed de felicidad y de vida, y que nos hace exclamar con alegría: “¡Vive el Señor de veras!” “Él es nuestra vida”. Jesús verdaderamente ha resucitado, no es un cuento para niños ni invención humana, sino el testimonio presencial y veraz de los apóstoles y de las mujeres a quienes se les apareció el Resucitado.

Y las mujeres, así como han presenciado, junto a María,  en la muerte de Jesús en la cruz, de la misma manera, la mañana del primer día de la semana, van al sepulcro con un rostro triste y desconsolado. Pero ahí se encuentran con las sorpresas del sepulcro vacío y con el anuncio de los ángeles: “¡Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?”.

Ellas son las primeras en recibir el mensaje de la resurrección, a ellas se aparece Jesús resucitado en primer lugar y ellas son las primeras “testigos del resucitado” al anunciar la buena noticia a los apóstoles. Han ido angustiadas y tristes al sepulcro y regresan felices y alegres por el encuentro con Jesucristo vivo.

Desde su testimonio y el de los apóstoles, a quienes también, en distintas oportunidades, se les apareció personalmente el Señor, el anuncio alegre y esperanzador del Resucitado se ha vuelto la misión principal y gozosa de la Iglesia y de todo bautizado. Así lo entendieron  las primeras comunidades cristianas que también se convirtieron en “Testigos del Resucitado” convencidos, entusiastas y valientes.

Esta es también nuestra misión hoy: ser testigos de Jesús resucitado en un mundo desorientado y sufrido por tantos signos de muerte y necesitado de luz y de vida.

Testigos de la vida nueva y de la paz, frutos de la Pascua: “La paz esté con ustedes” es el primer saludo a sus discípulos de parte Resucitado, consagrado  “Señor de la paz” por su pasión, muerte y resurrección.  La Paz es el fruto de la Pascua, sin embargo, el mundo se obstina en rechazarla y sigue poniendo su confianza en la fuerza, la violencia y la guerra.

Lo experimentamos cada día también en nuestro país, donde no logramos liberarnos de las viejas prácticas de las amenazas, los bloqueos y los enfrentamientos como solución de los problemas que, además de dejar puntualmente insatisfechas a las partes, dejan detrás de sí enemistades, rencores, odios y hasta sangre y muerte.

Es hora de que salgamos de los sepulcros del desencuentro y de la violencia y que resucitemos a las fuerzas del amor, el perdón y la reconciliación entre todos los bolivianos. Hace falta la luz que nos indique el camino común para una sociedad fraterna y pacífica que se engrandece con los valores y aportes de cada pueblo y cultura, de ayer y de hoy.

San Pablo nos insta a que nos apuremos a dar este paso: “Ya es hora de despertarnos del sueño… despojémonos de las obras de las tinieblas y revistámonos de la luz” (Rom. 13.11) Ya es hora que los cristianos nos despertemos de la indiferencia, pasividad y anonimato, para revestirnos con la luz de la valentía y del compromiso.

Seamos testigos del Resucitado en todos los ámbitos de nuestra vida y operadores de la luz y de la paz en la familia, el trabajo y la sociedad, allí donde nos toca vivir.

Toda la liturgia de esta noche es un canto a la luz, muchos signos visibles confirma lo que estaba escrito: «Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mí gozo».  La Luz que llena de gozo esta noche santa es Cristo Principio y Fin, el Alfa y el Omega, que transforma la noche en día y que irradia su luz sobre toda la tierra.

La Luz del fuego encendido a la puerta de la catedral, las luces del altar y del templo, el canto del Gloria y del Aleluya, pero sobre todo  por la humilde llama del Cirio Pascual que ha acompañado nuestra entrada al templo y que quedará encendida durante todo el tiempo pascual hasta la fiesta de Pentecostés.

La Luz de esta noche que, como dice el Pregón pascual ”ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos”.

La Luz que nos restituye a la gracia, nos da la vida nueva y nos agrega a los santos. Por ella ya no hay distancias invencibles entre el cielo y la tierra, porque Dios y la humanidad se han unido.

Termino con la invocación final del hermoso Pregón Pascual: “ Que el lucero matinal encuentre ardiendo este cirio, ese lucero que no conoce ocaso y es Cristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos”. Amén.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

GALERIA FOTOGRÀFICA

Erwin Bazán Gutiérrez



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