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viernes 22 junio 2018
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P. Juan Crespo:” Preparémonos para acoger al Niño Dios en nuestros corazones”

En instalaciones del Coliseo del Colegio Uboldi, el jueves 21 de diciembre, la Arquidiócesis de Santa Cruz vivió su tradicional Saludo Navideño. Se vivió un momento de mucho regocijo y hermandad y del cual Participaron; Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, los Obispos Auxiliares; Mons. Braulio Sàez, Mons. Estanislao, Mons. René Leigue, el P. Juan Crespo, Vicario General, Sacerdotes, Religiosos, Religiosas y  Agentes de Pastoral de nuestra Iglesia cruceña.

 El P. Juan Crespo, Vicario General de la Arquidiócesis de Santa Cruz, durante su reflexión en el  Saludo Navideño aseguró que las fiestas de navidad nos recuerdan, que la entrada de  Dios en la historia se realiza siempre ahora. El Señor que viene cada vez, está siempre por  venir de nuevo; él nunca se aleja para poder venir de nuevo. Esto es precisamente lo que  hay que tener presente en la  eucarística. Así mismo expresó que la Navidad nos invita a escrutar a Dios, creador del mundo; a contemplar el misterio de la Palabra de Dios, revelación divina; a maravillarnos; y a adorar a Jesús, mensaje de Dios a la humanidad.

El Vicario General nos exhortó a que seamos una Iglesia de PUERTAS ABIERTAS, al igual que nos preparamos a acoger al Niño Dios en nuestros corazones y en nuestras familias, vamos construyendo una Iglesia ACOGEDORA. Experimentando la cercanía, el amor y la presencia de nuestro Dios, salgamos hacia nuestros hermanos a compartir lo que hemos vivido, lo que hemos celebrado, lo que hemos experimentado siendo una IGLESIA EN SALIDA, UNA IGLESIA EN MISION.

Compartimos la reflexión completa

SALUDO NAVIDEÑO- ARQUIDIOCESIS DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA:

A partir del Evangelio proclamado,  quiero centrar en 3 ejes eclesiales actuales y referentes hacia el acontecimiento que se nos acerca como Iglesia Boliviana, como Iglesia Cruceña, el 5to. Congreso Americano Misionero, con el lema: “América en Misión, el Evangelio es Alegría”:

Iglesia de puertas abiertas, Iglesia Acogedora y una Iglesia en Salida: Una Iglesia Misionera

La Navidad como presencia de Dios en la historia, es  la Buena Noticia  que Dios mismo viene a nosotros, como ser humano, como luz que ilumina nuestra oscuridad. ¡Dios sigue salvando en la historia! Por eso, al rememorar el nacimiento de Cristo en Belén, hace veinte siglos,   volvemos a vivir el nacimiento, pero en el 2017.

La Alegría de la Navidad es la  alegría de la esperanza cristiana. A esa alegría serena y profunda invito a todos. Alegría en medio de la tristeza, de la angustia… Sin embargo, hay una gran esperanza: has venido, Señor! nuestra fe confía en Ti y sabemos que vienes a salvarnos y que cuanto más oscura se pone la noche y más cerrados los horizontes, Tú serás más Redentor. En Jesús, Dios está con nosotros y para nosotros. Él camina con nosotros.

El evangelista San Juan, al hablarnos de la Encarnación del Hijo de Dios, no nos dice  nada de todo ese mundo tan familiar de los pastores, el pesebre, los ángeles y el Niño Dios  con María y José. San Juan se adentra en el misterio desde otra hondura. En Dios estaba la Palabra, la Fuerza de comunicación y revelación de Dios. En esa  Palabra había vida y había luz. Esa Palabra puso en marcha la creación entera. Nosotros  mismos somos fruto de esa Palabra misteriosa. Esa Palabra ahora se ha hecho carne y ha  habitado entre nosotros. Un Dios hecho carne, identificado con nuestra debilidad, respirando nuestro aire y sufriendo  nuestros problemas.

Dios ha bajado a lo profundo de nuestra existencia,   Dios ha venido a habitar en el corazón de los hombres. Dios ha venido a reinar entre nosotros. Dios ha asumido nuestra humanidad, Dios se  ha encarnado en un cuerpo humano y olvidamos que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. También entre nosotros se cumplen las palabras de San Juan: «Vino a los suyos y los  suyos no le recibieron». Dios busca acogida en nosotros y nuestra ceguera cierra las  puertas a Dios.

Y sin embargo, es posible abrir los ojos y contemplar al Hijo de Dios «lleno de gracia y de  verdad». El que cree, siempre ve algo. Ve la vida envuelta en gracia y en verdad. Tiene en  sus ojos una luz para descubrir en el fondo de la existencia,  la verdad y la gracia de ese Dios  que lo llena todo.

En Dios no hay ni pasado ni futuro, sino eterno presente, eterno hoy; y este eterno hoy se  hace presente en lo temporal.

El hoy de la  irrupción del acontecimiento eterno en Dios, jamás podrá convertirse en un pasado temporal.  En cada fiesta de Navidad, el ahora de la venida de Dios al mundo no solamente se hace de  nuevo actual, sino que no puede, en ningún momento de la vida cotidiana, no ser presente.  Las fiestas de navidad nos recuerdan, que la entrada de  Dios en la historia se realiza siempre ahora. El Señor que viene cada vez, está siempre por  venir de nuevo; él nunca se aleja para poder venir de nuevo. Esto es precisamente lo que  hay que tener presente en la  eucarística.

Iglesia en Salida: Iglesia Misionera

Sin los  mensajeros del gozo que anuncian la venida del Señor. Sin esta llamada  permanente y este «regocijo» de los mensajeros, tal vez olvidáramos la actualidad de la  venida de Señor. Mensajeros eran los profetas y todos aquellos que están animados por el Espíritu  Santo. Que anuncian  el mensaje gozoso  abierto al  mundo: «El Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los  confines de la tierra la victoria de nuestro Dios». En la revelación de Cristo no hay nada  oculto. La  profundidad de su revelación es desde el principio un misterio sagrado, pero públicamente  revelado.  La misión de la palabra de Dios es comunicar la vida.

 La Palabra de Dios se dirige a todos y está en todas partes. Dios habla y se revela, en muchas ocasiones y de muchas maneras, por medio de sus profetas. En la plenitud de los tiempos nos habló por su Hijo, no obstante, muchos no aceptan la Palabra  y se resisten a sus exigencias.

La Navidad nos invita a escrutar a Dios, creador del mundo; a contemplar el misterio de la Palabra de Dios, revelación divina; a maravillarnos; y a adorar a Jesús, mensaje de Dios a la humanidad.

Iglesia acogedora:

Para los que creemos en el Dios hecho carne, Él viene hoy a nuestra casa, a nuestra familia. “vino a su casa y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron les da poder para ser Hijos de Dios”. Aceptarlo es estar dispuestos a hacer historia con él y con su luz, ver el pasado para evaluar, el futuro para planear, y el presente para vivirlo intensamente, enfrentando lo difícil, disfrutando de lo bueno y construyendo los grandes sueños por los cuales el Verbo se hizo carne y puso su tienda entre nosotros, hasta dar la vida por nuestra causa.

Después de un ponernos al día  en nuestra relación con  el mundo debe haber  un proceso, siempre es necesaria, incluso urgente, cuando está en juego el que las personas puedan encontrar fundamentos que sostengan su fe, una situación en la que nos encontramos hoy.

Así en  la Iglesia es preciso cambiar nuestras  miradas, puesto que lo más importante del rostro es la manera de mirar, y también de escuchar y de gustar del mundo que se le presenta. La mirada renovada no puede ser otra que la de Jesús, puesto que es a través de Jesús que Dios mira y siente el mundo; un Jesús que no mira desde cualquier sitio o desde un lugar neutro, sino desde el lugar del pobre, a los pies de los demás, de abajo arriba y desde las periferias  hacia el centro. La  mirada de Jesús es: pacificadora, servidora y cuidadora que se expresa en los milagros y parábolas del Evangelio, la Iglesia debe presentarse como una comunidad de personas que experimentan cotidianamente la misericordia de Dios. Una Iglesia acogedora, como la de Jesús, que se reconoce llena de gente sencilla, cojos, mancos, recaudadores de impuestos, los descartados, cuestiona a los que critican por comer con “publicanos y pecadores”, la Iglesia de Jesús se mezcla entre la gente sencilla para acogerla, acompañarla, darle esperanza y sanarla.

Iglesia de Puertas Abiertas:

La Iglesia debe descentrarse y acercarse al marginado, la Iglesia no debe hablar solo de sí misma ni para sí misma, debe transformarse en una Palabra dirigida al pueblo y a su sufrimiento.

Es ineludible para la Iglesia ver y escuchar a «Dios en todas las cosas» y personas, el sujeto de la escucha es toda la Iglesia que debe retomar aquella  Iglesia  profética y  sacerdotal. Así, el que tiene que ver y escuchar a Dios es la Iglesia en su totalidad.

La Iglesia debe ser una gran comunidad de comunidades en las que el diálogo constituye un elemento esencial. La Trinidad no es una «comunidad» cerrada sino que está en constante salida de sí misma. Por ello,  la Iglesia está llamada a ser su imagen, debe estar en un continuo dialogo hacia el mundo. Por consiguiente, la Iglesia debe pronunciar una Palabra de denuncia profética, una Palabra salvadora, una Palabra de bendición. Debe denunciar las desigualdades económicas indecentes, recordando el destino común de los bienes de la tierra, y condenar las discriminaciones por motivos de raza, religión y género.

La Palabra salvadora,  debe pronunciar la Iglesia no solo a través de los sacramentos sino a través de su acción social.  La Iglesia no  puede olvidar de pronunciar una Palabra de bendición –en el sentido de decir bien– sobre todas las cosas. Esa fue la Palabra creadora de Dios cuando decía que «todo era bueno».

Vamos hacia,  5to. Congreso Americano Misionero. Comencemos a abrir las  puertas de nuestras comunidades, de nuestras casas,    somos una Iglesia de PUERTAS ABIERTAS, al igual que nos preparamos a acoger al Niño Dios en nuestros corazones y en nuestras familias, vamos construyendo una Iglesia ACOGEDORA. Experimentando la cercanía, el amor y la presencia de nuestro Dios, salgamos hacia nuestros hermanos a compartir lo que hemos vivido, lo que hemos celebrado, lo que hemos experimentado siendo una IGLESIA EN SALIDA, UNA IGLESIA EN MISION.

Graciela Arandia de Hidalgo



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