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martes 19 junio 2018
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¿Se te ha ocurrido hacer este regalo de Navidad a tus seres queridos?

¿Estás realmente consciente de lo que celebras en Navidad? ¿Tú como vives esta fiesta?

Desde pequeños se nos habla que es el nacimiento del Hijo de Dios… ¿Y luego? ¡Ah! Pues por ser un magno evento hay que festejar con una gran celebración donde haya que darnos regalos, beber y comer como si fuera la última vez en la vida que lo hiciéramos, no importa cuánto se desperdicie, total, es navidad y eso todo lo justifica. Hay que vestirnos con nuestros mejores trapos porque viene la tía Concha a casa y es muy fijadita… ¡y sus hijas ni se diga!

En muchas familias hay derroche… Es más, hasta acaban de pleito porque “fulano” le dio de regalo de intercambio algo que no le gustó. Además, lo compró en oferta y no gastó el monto que se había acordado. En fin… Con tanto fijón en el exterior vamos perdiendo de vista lo realmente importante de la fecha.

De todo esto que te acabo de compartir rescatemos lo único importante: el nacimiento del Hijo de Dios quien, por amor a ti y a mí, se dignó hacerse hombre, igualito en todo a nosotros menos en el pecado. Este maravilloso evento también marca la inauguración de la plenitud de los tiempos, el momento escogido por Dios para manifestarnos su infinito amor entregándonos a su propio hijo.

Hoy te invito a que dirijamos nuestra mirada a Belén, donde Dios siendo Dios, eligió esa manera para nacer, para venir al mundo. La grandeza de Dios escondida en la humildad y sencillez de un pesebre, en una gruta sin más lujo, sin más protección y cobijo que el amor de sus padres.

Que enseñanza más grande que pudiendo venir al mundo de tantas otras maneras eligió un padre y una madre para hacerlo. A través de una mujer entró a una familia, misma que no tenía más riqueza que el amor que había entre ellos. Si Dios eligió venir y estar en una familia durante sus primeros 30 años y nacer de una mujer, imaginemos el valor humano y divino que esto tiene.

Por lo tanto, especialmente en esta época procura enfocarte en el enorme valor que tu familia tiene. Cada matrimonio debe reflectar el amor de Cristo por su Iglesia. Cada hogar necesita ser un reflejo del amor de Dios, un remanso de serenidad donde las contrariedades se tomen con paciencia, tranquilidad y cariño y como oportunidades para crecer en la verdadera caridad.

Procura obsequiar el don de tu persona, es decir, tu servicio, siempre pronto y alegre. A cada regalo material que des añádele uno espiritual como obsequiar tu perdón a ese hermano que tanto daño te ha hecho o a esa amiga que te traicionó.

También puedes regalar tus oraciones, sacrificios, ofrecer misas, comuniones, etc. en forma de ramillete espiritual. Imagínate la cara que pondrán tus seres queridos cuando abran sus cajas de regalo o esas tarjetas escrita por ti y que lean: “Te regalo mi perdón”. O bien, “Te suplico me perdones”. O qué tal este: “Vale por 5 misas especialmente ofrecidas por tus intenciones”. Te aseguro que se quedarán con cara de “what?” porque no es muy común este tipo de presentes.

Desafortunadamente muchas personas creen que esto no tiene tanto valor porque no hay un costo económico de peso involucrado… Si entendieran que no hay nada más valioso que el poder de la oración y que alguien te obsequie las suyas no tiene precio…

Y, ahora bien, al personaje principal de la noche, ¿qué le vas a obsequiar? ¿Sabes algo? Él no te pide mucho, tampoco te pide poco, Él te pide todo. Así es, todo porque te quiere solo para Él, para que participes totalmente de su amor, primero en la tierra y luego en la vida eterna. También, regálale todo tu amor o todo tu perdón a ese que tanto daño te hizo y verás las bendiciones que Dios te devuelve.

Qué cosa más increíble: ¡tú le regalas y al mismo tiempo tú eres el beneficiado! Así es, a Dios le obsequias tu amor perdonando al prójimo.

Entonces, ¿ya listo para festejar la Noche Buena con el sentido que se debe? Yo, Luz Ivonne, de manera personal deseo que en esta época navideña -y siempre- recibas muchísimas bendiciones y dones del cielo. Que en tu familia reine la paz, el amor, la unión, el perdón, la bondad, el gozo y que, a imitación de la morada de la Sagrada Familia, el tuyo también siempre sea un hogar luminoso y alegre.

Esta Navidad te regalo mis oraciones pidiendo al Niñito Jesús especialmente por tus necesidades. Te suplico las tuyas. ¡Feliz Navidad!

*Fuente: aleteia.org

Erwin Bazán Gutiérrez



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