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miércoles 27 octubre 2021
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Te Deum por Santa Cruz: “Arzobispo pide que Bolivia sea una tierra de encuentro y que en medio de tanta discordia, seamos testigos de paz”

Campanas. Conmemorando los 211 años de la gesta libertaria de Santa Cruz de la Sierra, Mons. Sergio Gualberti  pidió que Bolivia sea una tierra de encuentro para todos donde vivamos como familia de hermanos que se respetan, se aman y colaboran, y para que, en medio de tanta discordia que envenena al mundo, seamos siempre, todos juntos, testigos de bien y de paz. Felicidades Santa Cruz.

Este viernes 24 de septiembre a las 09:00 horas, en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral, el Arzobispo, Mons. Sergio Gualberti Calandrina, presidió el “Tedeum Ecuménico por Santa Cruz”, junto al Nuncio Apostólico en Bolivia, S.E.R. Monseñor Angelo Acattino, los Obispos Auxiliares; Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Mons. René Leigue, El Vicario General, P. Juan Crespo, el Rector del Seminario P. Ezequiel Pérez, los líderes de las Iglesias cristianas que participan del dialogo Ecuménico: Iglesia Copta Ortodoxa de Bolivia; Mons.  Anba Youssef, P. Hedra Anba Boula, Iglesia Anglicana Episcopal de Bolivia; Mons. Rapphael Samuel, P. Oscar Villareal, Pastor Franklin Cuenca, Iglesia Metodista; P. Eusebio Calderón, de la Comisión de Ecumenismo de Ecumenismo, el P. Humberto Lira Ramos, P. Enrique Jordá, hermana María Ester Ledezma FMMDP, hna. María Pura Añez, Sra. Zulema Tórrez y la Sra. Elba Camacho. También participaron Autoridades Municipales, Departamentales y Nacionales y todo el Pueblo de Dios.

Este año, como el año anterior, no celebramos con plena alegría las efemérides de nuestra Ciudad y Departamento porque, después de un año y medio de pandemia con sus secuelas de dolor y muerte de tantas personas, familiares, amigos y conocidos, y con la pérdida de fuentes de trabajo, de limitaciones a las relaciones interpersonales y sociales, todavía estamos lidiando con este morbo. Gracias a Dios, hay señales de que este mal está disminuyendo en intensidad, por esos tenemos la esperanza que, de una vez por todas, se logre controlarlo y que vuelva a despuntar un mañana nuevo y rebosante de vida, dijo Mons. Al iniciar su homilía.

La esperanza, junto a la fe y a la caridad, para nosotros cristianos es una virtud teologal, un don para nuestra vida que brota del amor de Dios y al que hay que responder, con gratitud y sabiduría, para que sea el faro que nos guía en esta hora sombría de la historia humana. Esperanza y no utopía engañosa, sino confianza plena de que se reavive el tejido de relaciones personales, comunitarias y sociales, se reanuden a totalidad las actividades laborales y sociales y en particular la educación de nuestros niños y jóvenes.

Así mimos el prelado afirmó que  necesitamos  sabiduría y prudencia para mirar hacia adelante a un nuevo futuro de paz y armonía y no quedarnos revolviendo fantasmas del pasado para justificar nuestra inercia, o en búsqueda de revanchas y venganzas. La historia es camino, es movimiento, no hay que perder su paso.

También el prelado aseveró  que tenemos que  releer el pasado, aprender a valorar y aprovechar todo el bien recibido y ofrecido, pero también, a pedir perdón por los errores cometidos, sanar heridas y reconciliarnos entre todos.

Al respecto, en nuestro País, dijo el Arzobispo, hay tantos aspectos del pasado que nos desafían y que piden una respuesta de parte de todos, yo me limito a algunos de los que atañen más directamente a nuestra región; como el reconocimiento de nuestra cultura, manera de pensar, actuar y vivir de acuerdo a las raíces cristianas manifestadas en el nombre de la Santa Cruz, el ejercicio efectivo y pleno de la autonomía, el desarrollo y progreso integral personal, social y económico y el crecimiento constante y sostenido de la población por la migración interior y exterior.

“Escuchemos  el  clamor de los pueblos Indígenas y no hacer oídos sordos a sus demandas”

Merece una atención aparte, por su urgencia, la defensa de los pueblos indígenas y de la biodiversidad ambiental, que corren serio peligro de desaparecer por la explotación irracional de recursos naturales no renovables, la deforestación salvaje, los incendios, incluso de reservas y parques nacionales, los avasallamientos y otras causas. En estos días, se eleva al cielo el clamor de las marchas de los pueblos indígenas, algunos están acá a la puerta de la Catedral, que nadie haga oído sordo y que se escuchen sus demandas. Lo que está en peligro, es la subsistencia de estos hermanos y hermanas, de su territorio, de tantas especies de animales y vegetales, pero también de todos nosotros y las generaciones venideras.

“Todos tenemos el derecho y el deber de participar en la construcción del bien común y no solo los que están llamados a gobernar”

Estos desafíos y nuestra historia común nos piden unirnos con urgencia para dar una respuesta eficaz y duradera a esta problemática, en el marco de una convivencia democrática, fraterna y solidaria, cimentada sobre los valores humanos y cristianos del derecho a la vida y a la dignidad de la persona, de la libertad, la justicia y la paz. Todo y cada uno de nosotros tenemos el derecho y el deber de participar en la construcción del bien común y no solo los que están llamados a gobernar.

Saludo del Señor Nuncio Apostólico en Bolivia

Este año del Te Deum Ecuménico por los 211 años de la gesta libertaria de Santa Cruz, participó el Nuncio Apostólico en Bolivia, Mons. Angelo Acatino, quien saludo a esta tierra cruceña en su efeméride departamental.

Que este generoso pueblo cruceño, bajo el signo de la Santa Cruz, viva un camino de conversión y reconciliación, aprenda de Cristo crucificado lo que significa en hechos, fraternidad, solidaridad, perdón, donación, abnegación y, con firme convicción, crea que el camino de la cruz desemboca en el encuentro gozoso y definitivo con Dios, Padre y dador de vida. ¡Felicidades!

Ingreso de las bandera de Santa Cruz y Bolivia y los bomberos voluntarios

Se vivió un momento muy emotivo cuando ingresaron las banderas de Santa Cruz y Bolivia junto a los Bomberos voluntarios que cuidan el medio ambiente.  Jóvenes Bomberos voluntarios que desean ser protagonistas en una Santa Cruz solidaria y responsable con la tierra y el medio ambiente, preocupada por todos nosotros.

 

Álbum: Fotografías: “Te Deum Ecuménico por Santa Cruz”

 

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobipo de Santa Cruz

24/096/2021

Queridos hermanos y hermanas, también este año, como el año anterior, no celebramos con plena alegría las efemérides de nuestra Ciudad y Departamento porque, después de un año y medio de pandemia con sus secuelas de dolor y muerte de tantas personas, familiares, amigos y conocidos, y con la pérdida de fuentes de trabajo, de limitaciones a las relaciones interpersonales y sociales, todavía estamos lidiando con este morbo. Gracias a Dios, hay señales de que este mal está disminuyendo en intensidad, por esos tenemos la esperanza que, de una vez por todas, se logre controlarlo y que vuelva a despuntar un mañana nuevo y rebosante de vida.

La esperanza, junto a la fe y a la caridad, para nosotros cristianos es una virtud teologal, un don para nuestra vida que brota del amor de Dios y al que hay que responder, con gratitud y sabiduría, para que sea el faro que nos guía en esta hora sombría de la historia humana.

Esperanza y no utopía engañosa, sino confianza plena de que se reavive el tejido de relaciones personales, comunitarias y sociales, se reanuden a totalidad las actividades laborales y sociales y en particular la educación de nuestros niños y jóvenes.

Este tiempo de espera activa, necesita sabiduría y prudencia para mirar hacia adelante a un nuevo futuro de paz y armonía y no quedarnos revolviendo fantasmas del pasado para justificar nuestra inercia, o en búsqueda de revanchas y venganzas. La historia es camino, es movimiento, no hay que perder su paso.

Según la Sagrada Escritura la historia es maestra de vida, porque en ella está presente y actuante nuestro Dios, el Señor de la historia que nos habla a través de su Palabra y también de los acontecimientos personales, sociales, políticos y religiosos. Desde esa mirada, tenemos que releer el pasado, aprender a valorar y aprovechar todo el bien recibido y ofrecido, pero también, a pedir perdón por los errores cometidos, sanar heridas y reconciliarnos entre todos.

Al respecto, en nuestro País, hay tantos aspectos del pasado que nos desafían y que piden una respuesta de parte de todos, yo me limito a algunos de los que atañen más directamente a nuestra región; como el reconocimiento de nuestra cultura, manera de pensar, actuar y vivir de acuerdo a las raíces cristianas manifestadas en el nombre de la Santa Cruz, el ejercicio efectivo y pleno de la autonomía, el desarrollo y progreso integral personal, social y económico y el crecimiento constante y sostenido de la población por la migración interior y exterior.

Merece una atención aparte, por su urgencia, la defensa de los pueblos indígenas y de la biodiversidad ambiental, que corren serio peligro de desaparecer por la explotación irracional de recursos naturales no renovables, la deforestación salvaje, los incendios, incluso de reservas y parques nacionales, los avasallamientos y otras causas. En estos días, se eleva al cielo el clamor de las marchas de los pueblos indígenas, algunos están acá a la puerta de la Catedral, que nadie haga oído sordo y que se escuchen sus demandas. Lo que está en peligro, es la subsistencia de estos hermanos y hermanas, de su territorio, de tantas especies de animales y vegetales, pero también de todos nosotros y las generaciones venideras.

Estos desafíos y nuestra historia común nos piden unirnos con urgencia para dar una respuesta eficaz y duradera a esta problemática, en el marco de una convivencia democrática, fraterna y solidaria, cimentada sobre los valores humanos y cristianos del derecho a la vida y a la dignidad de la persona, de la libertad, la justicia y la paz. Todo y cada uno de nosotros tenemos el derecho y el deber de participar en la construcción del bien común y no solo los que están llamados a gobernar. La participación libre de todos los ciudadanos, es el mejor antídoto para evitar la tentación de la absolutización de ideologías y de posiciones extremas como el fanatismo y el fundamentalismo. En este trance tan exigente, la unidad entre todos, no es una opción, es una necesidad.

Unidad desde la reconciliación y el perdón recíproco que nos lleva a caminar juntos en armonía y paz. Unidad no uniformidad, sino complementariedad y valoración de los talentos y capacidades de cada uno, en base a una adhesión libre y firme de parte de las fuerzas vivas de personas, instituciones y distintos sectores de la sociedad.

Con apertura de espíritu, acojamos las palabras muy alentadoras que el apóstol Pablo escribe a la comunidad cristiana de Filipos: “Hagan plena mi alegría teniendo unas mismas actitudes, unidos y concordes en un solo amor y en un mismo modo de pensar“. La alegría de Pablo es que esos cristianos neófitos, vivan inspirados por la sabiduría divina, que lleva a la vida plena que se manifiesta a través de las virtudes del amor fraterno, la unidad, la tolerancia y el mismo modo de sentir y pensar, y que produce frutos de justicia y de paz, en bien de las personas, la comunidad y la sociedad entera, siguiendo el ejemplo de Cristo mismo: “Él que era de condición divina, no se aferró celoso a su igualdad con Dios, sino que se rebajó a si mismo hasta ya no ser nada, tomando la condición de esclavo, y llegó a ser semejante a los hombres”. 

Jesús no renuncia a su condición divina, la pone a disposición de la humanidad, de todos nosotros. No salva desde fuera, sino desde dentro, compartiendo la desdicha de nuestra naturaleza oprimida por el mal y el pecado, para llevarla consigo a la vida. Este es el único modo de ser cristiano, de contribuir al proceso de liberación humana integral y de instaurar un mundo fraterno y justo.

En sintonía con el apóstol Pablo, el profeta Isaías expresa, con imágenes poéticas y cautivadoras, los frutos de un modo unánime de pensar y actuar que procede del Espíritu de Dios: “Entonces el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque. En el desierto habitará el derecho y la justicia morará en el vergel. La obra de la justicia será la paz, y el fruto de la justicia, será la tranquilidad y la seguridad para siempre”.

Este podría ser el sueño común para nuestra Ciudad y Departamento en esta etapa de la historia, sueño a compartir con todas las regiones de nuestro País.

Sin embargo, San Pablo también pone en alerta acerca de unos peligros: “Jamás actúen por ambición o vanagloria; al contrario, siempre con humildad, considerando a los demás superiores a ustedes mismos. Que nadie se preocupe por su propio interés, sino por el de los otros”. Vanagloria, ambición, interés propio o de sector, son actitudes de un pensamiento sin Dios y sin horizontes, raíces de las divisiones, los conflictos, las guerras, los rencores, las envidias, pero sobre todo de los sentimientos que postran en la inercia y el vacío y generan en el corazón una situación de tensión que hace vivir continuamente insatisfechos.

Por eso hace falta ser vigilantes, sincerarnos ante Dios y nuestra propia consciencia estableciendo la verdad del propósito que nos mueve en la vida. No cualquier verdad, sino la que, en la Biblia, es igual a fidelidad, fidelidad que se comprueba a través de los hechos. La verdad no solo se piensa, sino que se hace y se practica. Jesús es el ejemplo “Yo soy la verdad”, Él ha hecho la verdad, amando al Padre y entregando la vida por la justicia del Reino.

La verdad que se manifiesta concretamente en la veracidad, uno de los servicios personales más importantes. Somos veraces en la medida que nos revelamos y entregamos a los demás, en tanto expresamos libremente nuestro yo, vivencias y sentimientos y nos comunicamos a nivel profundo. Desde esta perspectiva, son decisivas las palabras y el testimonio de Jesús en la última cena, como se ha proclamado hace un momento en el evangelio.

Faltan pocas horas a su pasión y muerte y Él está dejando, como testamento a los apóstoles reunidos a su alrededor, el mandamiento nuevo del amor, el lavatorio de los pies, la institución de la Eucaristía, convirtiendo el pan y el vino en su cuerpo y sangre.

Pero ellos están en otra onda, están discutiendo sobre quien es el más grande. La reacción de Jesús es terminante: “El que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor”.

Esto significa que, quien quiere sobresalir en la sociedad, aspiración legítima, no debe hacerlo a costa de los demás, sino a favor y en bien de los demás y con una actitud concreta de servicio, disponibilidad, entrega y gratuidad. El servicio a los demás es el remedio a las pasiones de la codicia y ambición porque, en el servicio, todos nos beneficiamos recíprocamente de las capacidades y talentos de los unos y los otros. Al sobresalir en el servicio, en vez que ensalzarnos por encima y a costa de los demás, nos elevamos y nos hacemos grandes todos juntos.

 

El futuro será de esperanza si será juntos”. Hago mías estas palabras del Papa Francisco en su viaje pastoral a Eslovaquia, para expresar mis augurios a nuestra Ciudad, Departamento y a todo nuestro País al inicio de esta nueva etapa. Sobre todo, invoco al Señor para que, gracias a su amor abundante, Bolivia sea una tierra de encuentro para todos donde vivamos como familia de hermanos que se respetan, se aman y colaboran, y para que, en medio de tanta discordia que envenena al mundo, seamos siempre, todos juntos, testigos de bien y de paz

Graciela Arandia de Hidalgo



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