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domingo 22 mayo 2022
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Arzobispo: “El Resucitado nos pide ser testigos de la vida nueva, de la esperanza y de la reconciliación”

Campanas. Durante su homilía de este domingo 18 de abril, desde la Catedral, Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz afirmó que “El Resucitado nos pide ser testigos de la vida nueva, de la esperanza y de la reconciliación”, una reconciliación que nos lleve a la fraternidad y a vivir una cultura del encuentro, un encuentro fraterno y de integración.

También el prelado enfatizó en su homilía sobre el mensaje de los Obispos, reunidos en la centésimo octava Asamblea de la Conferencia Episcopal Boliviana, “Somos bolivianos – Somos Hermanos”, el mismo tiene la finalidad de ofrecer nuestro aporte en instaurar un clima de serenidad y de paz en nuestro País. En el mensaje, indicamos como una causa sobresaliente del sufrimiento actual, “la pandemia que pone en evidencia la fragilidad de la condición humana. El dolor por la enfermedad, por la pérdida de seres queridos, por la imposibilidad de despedirse, por el temor al contagio, va acompañado de una crisis general que ha evidenciado las carencias del sistema sanitario y que afecta todas las dimensiones y ámbitos de la persona y de la sociedad”.

Otro motivo de angustia, es la “creciente polarización política que provoca divisiones y la inestabilidad social, y erosiona nuestras energías en confrontaciones que paralizan la construcción de un proyecto común de País. Esto responde a intereses particulares que, en vez de servir, se sirven del pueblo, ignorando las necesidades reales de la población cada vez más desamparada ante la pandemia y golpeada por la falta de trabajo y la pobreza creciente.

Los hechos del pasado reciente, que nos confrontaron y causaron tanto dolor y tantas víctimas, han contribuido gravemente a esta situación de tensión. Es el momento de establecer la verdad de lo sucedido, como paso necesario para la reconciliación y restablecer un clima de justicia y paz.

Es deber del Estado proporcionar una investigación objetiva e imparcial, y establecer las responsabilidades de todas las partes involucradas.

Reafirmamos nuestra solidaridad y cercanía a las víctimas de esos días aciagos y a sus familiares, ya expresada en su momento. La tarea de establecer la verdad de lo sucedido involucra directamente a la Administración de la Justicia que está llamada a obrar con independencia, transparencia e integridad.

Otra causa de preocupación es la corrupción, que sigue extendiendo sus tentáculos en instituciones privadas y públicas y que causa graves perjuicios, pobreza e inequidad en nuestra sociedad. La situación es tan grave que ya se está volviendo “cultura” y modo de relacionarnos en todas las esferas”.

Nuestra diversidad cultural no puede ser motivo de confrontación, sino una fortaleza y plataforma para caminar hacia la unidad y encontrar soluciones consensuadas a los problemas comunes.

En cuanto al problema de la pobreza, “tenemos que responder con espíritu de justicia y de solidaridad y con instrumentos concretos como el Pacto Fiscal, reclamado por tantos sectores y regiones del país, pacto que sostenga una verdadera descentralización económica, expresión auténtica de democracia y oportunidad de vida digna para todos”.

 Que nadie se quede al margen y emprendamos, entre todos y a la luz del Evangelio, un camino en fraternidad y comunión para responder a tantos desafíos y construir, con un esfuerzo común, una Bolivia de hermanos en justicia y paz*

 

Gracias al Señor resucitado, nosotros podemos ser liberados del miedo a la muerte y de todo el mal que nos esclaviza y paraliza, y recuperar la condición de hijos de Dios.

  El Arzobispo de Santa Cruz, recordó que hoy 18 de abril en  Bolivia se celebra la Jornada Nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera”*, bajo el lema: “Familia misionera, rebrote de vida nueva”. Es un evento esperanzador ya que involucra a toda la familia y a los niños como protagonistas de la misión. Con su alegría y sencillez, nos estimulan a renovar nuestro compromiso misionero y a ser testigos de la alegría de Cristo Resucitado, prenda de vida, de perdón, de reconciliación y paz, tan necesarios en nuestra sociedad.

Agradecemos a las familias, a los niños y a los adolescentes misioneros por ser rebrote de vida nueva en Cristo Resucitado y les acompañamos con nuestras oraciones y afecto para que sean testigos alegres del Evangelio con ardor, entusiasmo y pasión por la Misión de Jesucristo. Así mismo les recuerdo que las colectas de hoy en nuestras parroquias, serán destinadas a diversos proyectos a favor de los niños más necesitados de diferentes regiones del mundo. Seamos generosos y asumamos el compromiso de ser testigos convenidos de Cristo Resucitado y de su Evangelio de la vida y del amor en nuestro ámbito cotidiano y hasta los últimos confines de la tierra.

 

Homilía del Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti

18/04/2021

El pasaje del Evangelio de este 3er Domingo de Pascua, sigue el episodio de los dos discípulos de Emaús, que vueltos a Jerusalén, cuentan a los demás discípulos su encuentro con Cristo Resucitado. Mientras están compartiendo ese testimonio, el Señor se presenta en medio de ellos y los saluda: “La paz esté con ustedes”. La paz del Resucitado es el don que compendia todos los dones que Él nos ha conseguido con su muerte en cruz y resurrección.

Los discípulos, “atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu”. Es bien extraño que, precisamente al aparecer Cristo en persona en medio de, ellos tengan temor y se resistan a creer lo que están viendo. Humanamente, podemos entender su reacción, ya que pocas horas antes lo habían visto padecer, morir y ser sepultado, por eso piensan que están viendo un fantasma.  Ante esa actitud, Cristo responde con una pregunta: ¿Por qué están turbados y tienen dudas?”, y les muestra los signos de la pasión y de la crucifixión que marcan su cuerpo: “Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene ni carne ni huesos, como ven que yo tengo”. Con esos gestos, Jesucristo quiere despejar la sospecha de que Él sea una ilusión o un “fantasma” y, al mismo tiempo, confirma que Él es Jesús de Nazaret, el mismo con quien ellos han compartido su vida y misión durante tres años y que ahora vive en su cuerpo glorioso. Ya no pueden caber dudas: el Resucitado es el Crucificado.

Pero los discípulos siguen titubeando: “Era tal su admiración y alegría, que se resistían a creer. Estos sentimientos contrastantes, por un lado la alegría y por el otro la incredulidad, indican que, para creer en la resurrección de Jesús, no bastan las pruebas físicas, ni los argumentos racionales, ni los hechos prodigiosos, hace falta la luz de la Palabra de Dios. Por eso, Jesús se detiene a enseñar, a abrir la mente y el corazón de los discípulos, explicándoles lo que las Escrituras decían acerca de la figura, la misión y la suerte del Mesías, para que pudieran comprender que “el mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día”. Estas palabras de Jesús indican que su muerte en cruz es parte del designio misterioso de Dios que, a través de la entrega de su Hijo, devuelve la vida al mundo entero. Gracias al Señor resucitado, nosotros podemos ser liberados del miedo a la muerte y de todo el mal que nos esclaviza y paraliza, y recuperar la condición de hijos de Dios.

Como para los discípulos, así también para nosotros es difícil comprender la muerte en cruz y la resurrección de Cristo. Por eso tenemos que recorrer el mismo camino de aquellos, escuchar y profundizar la Palabra de Dios, tener un encuentro personal con Él, confiar en su persona y entregarnos a su designio de amor y vida. El que cree, sabe de quien se fía y está dispuesto a renunciar a sus propios proyectos para asumir el plan de Dios. Esto implica un compromiso gozoso que involucre nuestra conciencia y actitudes personales con Dios, con los demás, con la construcción de una sociedad justa y en paz y con el respeto de la naturaleza y del medio ambiente.

En este clima de fe y esperanza de la Pascua, los Obispos, reunidos en la centésimo octava Asamblea de la Conferencia Episcopal Boliviana, hemos mirado los sufrimientos de nuestra gente en este tiempo actual y hemos emitido el mensaje: “Somos Bolivianos – Somos Hermanos”, con la finalidad de ofrecer nuestro aporte en instaurar un clima de serenidad y de paz en nuestro País. En el mensaje, indicamos como una causa sobresaliente del sufrimiento actual, “la pandemia que pone en evidencia la fragilidad de la condición humana. El dolor por la enfermedad, por la pérdida de seres queridos, por la imposibilidad de despedirse, por el temor al contagio, va acompañado de una crisis general que ha evidenciado las carencias del sistema sanitario y que afecta todas las dimensiones y ámbitos de la persona y de la sociedad”.

Otro motivo de angustia, es la “creciente polarización política que provoca divisiones y la inestabilidad social, y erosiona nuestras energías en confrontaciones que paralizan la construcción de un proyecto común de País. Esto responde a intereses particulares que, en vez de servir, se sirven del pueblo, ignorando las necesidades reales de la población cada vez más desamparada ante la pandemia y golpeada por la falta de trabajo y la pobreza creciente.

 

Los hechos del pasado reciente, que nos confrontaron y causaron tanto dolor y tantas víctimas, han contribuido gravemente a esta situación de tensión. Es el momento de establecer la verdad de lo sucedido, como paso necesario para la reconciliación y restablecer un clima de justicia y paz. Es deber del Estado proporcionar una investigación objetiva e imparcial, y establecer las responsabilidades de todas las partes involucradas. Reafirmamos nuestra solidaridad y cercanía a las víctimas de esos días aciagos y a sus familiares, ya expresada en su momento. La tarea de establecer la verdad de lo sucedido involucra directamente a la Administración de la Justicia que está llamada a obrar con independencia, transparencia e integridad.

Otra causa de preocupación es la corrupción, que sigue extendiendo sus tentáculos en instituciones privadas y públicas y que causa graves perjuicios, pobreza e inequidad en nuestra sociedad. La situación es tan grave que ya se está volviendo “cultura” y modo de relacionarnos en todas las esferas”.

Ante esta situación, “el Resucitado nos pide ser testigos de la vida nueva, de la esperanza y de la reconciliación que nos lleven a la fraternidad y a vivir una cultura del encuentroun encuentro fraterno y de integración. Nuestra diversidad cultural no puede ser motivo de confrontación, sino una fortaleza y plataforma para caminar hacia la unidad y encontrar soluciones consensuadas a los problemas comunes.

En cuanto al problema de la pobreza, “tenemos que responder con espíritu de justicia y de solidaridad y con instrumentos concretos como el Pacto Fiscal, reclamado por tantos sectores y regiones del país, pacto que sostenga una verdadera descentralización económica, expresión auténtica de democracia y oportunidad de vida digna para todos”.

Terminamos nuestro mensaje, haciendo una invitación para que nadie se quede al margen y emprendamos, entre todos y a la luz del Evangelio, un camino en fraternidad y comunión para responder a tantos desafíos y construir, con un esfuerzo común, una Bolivia de hermanos en justicia y paz.

Antes de terminar, les recuerdo que hoy en Bolivia se celebra la Jornada Nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera, bajo el lema: “Familia misionera, rebrote de vida nueva”. Es un evento esperanzador ya que involucra a toda la familia y a los niños como protagonistas de la misión. Con su alegría y sencillez, nos estimulan a renovar nuestro compromiso misionero y a ser testigos de la alegría de Cristo Resucitado, prenda de vida, de perdón, de reconciliación y paz, tan necesarios en nuestra sociedad.

Agradecemos a las familias, a los niños y a los adolescentes misioneros por ser rebrote de vida nueva en Cristo Resucitado y les acompañamos con nuestras oraciones y afecto para que sean testigos alegres del Evangelio con ardor, entusiasmo y pasión por la Misión de Jesucristo. Así mismo les recuerdo que las colectas de hoy en nuestras parroquias, serán destinadas a diversos proyectos a favor de los niños más necesitados de diferentes regiones del mundo. Seamos generosos y asumamos el compromiso de ser testigos convenidos de Cristo Resucitado y de su Evangelio de la vida y del amor en nuestro ámbito cotidiano y hasta los últimos confines de la tierra. Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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